Rumiaciones

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Días de radio

No; no sobre Radio Days (1987) de Woody Allen, sino, muy breve y fugazmente, sobre mi experiencia de la radio en los sesenta antes de la llegada de la televisión en 1969, mucho, mucho antes del streaming.

Radio Zenith Trans Oceanic.
La mesa del comedor de diario, que a otras horas era la mesa del taller de costura, estaba dispuesta en el cuarto con uno de su bordes largos adosado a la pared. Allí, al centro, majestuosa, imponente, altiva, ocupaba su sitio preferencial la Zenith Trans Oceanic de mi padre.

En la provincia, esos años de comienzos de los sesenta eran aun los días anteriores a lo que después se llamó la jornada única. De lunes a viernes el comercio abría en las mañanas de 9 a 12 y media. A esa hora comenzaba la larga pausa para almorzar, volviendo al trabajo de dos y media de la tarde hasta las siete y media de la noche. Los sábados el comercio cerraba a la una de la tarde, hora en que se iniciaba la pausa del fin de semana hasta el día lunes en la mañana. Por supuesto, los restaurantes y las fuentes de soda, junto a las panaderías y los almacenes de comida, tenían un horario diferente, precisamente para acomodar estos últimos a los empleados de comercio, bancarios y afines que hacían sus compras diarias camino a casa. La escuela secundaria tenía un horario similar: de lunes a viernes de ocho y media a doce en las mañanas; de dos y media a cinco y media en las tardes.

Eran tiempos de ritmos y de pausas regulares. Las transmisiones de las radios comenzaban poco después de las seis de la mañana y terminaban poco después de la medianoche. Una de ellas, no recuerdo cuál de las dos más antiguas, transmitía su diario mensaje de despedida siempre con la sección melodiosa y sentimental de la marcha “Pompa y Circunstancia” de Edward Elgar como música de fondo. Sí; a muchos nos gustaba escuchar cada noche la música de Sir Edward. Inconcebible en esa época una jornada de 24 horas diarias sin parar.

Segmento de “Pompa y Circunstancia”.
U.S. Army Band.
License: Public Domain.

Así, como lo recuerdo, la radio era omnipresente para los temucanos de los sesenta, los que dividían sus lealtades entre las más antiguas emisoras locales, “La Frontera” y la “Cooperativa”, ambas con un sesgo más bien conservador, a las que se había agregado hacía poco la “Ñielol” con un sesgo demócrata–cristiano cercano a los, entonces, controvertidos partidarios de Eduardo Frei (1911 – 1982), quien aspiró —con éxito— a ser elegido Presidente de la República en las elecciones del 64.

A mediodía, más bien cerca de la una de la tarde, era la hora del Réporter Esso, las noticias del día leídas por Pepe Abad (1932 – 1980), transmitidas desde la santiaguina Radio Minería a la que, a esa hora, las diversas radios provincianas se colgaban diariamente por los ocho a diez minutos que duraba el boletín. Luego de la lectura de las noticias locales, era el turno de los comentarios políticos alternándose los de Luis Hernández Parker (1911 – 1975) y los de Igor Entrala (1931 – 2022)...

...una tranquila y casi somnolienta rutina cívica y democrática que terminó abruptamente con el inicio de la dictadura pinochetista tras el golpe de Estado del once de septiembre de 1973.

La programación de las radios era una bien equilibrada mezcla de lo nacional —predominantemente de origen santiaguino— y de lo local temucano. En mi casa la radio permanecía encendida casi todo el día cambiando el dial de una emisora a la otra según venía la programación favorita: radionovelas como las de Arturo Moya Grau, programas de música... mexicana, española, pop... La hora italiana —producida y emitida por Alberto Marvaldi los domingos en la mañana. Los avisos y mensajes dirigidos a diversas comunidades campesinas y sin acceso de otra manera a la prensa escrita; los noticieros, el programa de ciencia ficción La Tercera Oreja en las tardes antes de la cena; los programas de variedades y de concursos competitivos luego de las ocho o nueve de la noche; el relato de los partidos de fútbol, tanto locales con voces temucanas, como los transmitidos desde Santiago con las voces inconfundibles de Sergio Silva (1926 – 1988) y Darío Verdugo (1926 – 2005). Sin que ninguno de nosotros le hiciera demasiado caso, la misa del día domingo a las once de la mañana transmitida desde la Catedral. Si por alguna razón se la había apagado por un par de horas, se la encendía rápidamente (había que esperar a que los tubos se calentasen) si sonaba la sirena del Cuerpo de Bomberos o si ocurría un pequeño (o no tan pequeño) temblor. De cualquier modo, la radio era un centro aglutinador e identitario. Aunque faltaban décadas para que se comenzara a usar tal palabra, la radio era un espacio virtual común con el que los temucanos, para bien o para mal, podían identificarse.

Junto a Radio Tanda con Anita González y el mismo Sergio Silva de las transmisiones del fútbol, junto a los programas de concursos sobre conocimientos diversos patrocinados por la Compañía de Azúcar de Viña del Mar, junto a Residencial la Pichanga... y muchos otros más estaba El Gran Radio Teatro de la Historia con letras mayúsculas... que transmitía versiones de las novelas históricas de Jorge Inostroza convertidas en radio teatros: Adiós al séptimo de línea, Los húsares trágicos, Se las echó el Buin...

Según Wikipedia el segmento “Amanecer” del poema sinfónico “Así habló Zaratustra” (1896) de Richard Strauss, basado en el libro con el mismo título de Friedrich Nietzsche publicado en 1883, se hizo mundialmente famoso luego de su utilización en la película 2001, odisea del espacio (1968) de Stanley Kubrick.

Le doy crédito a Wikipedia y no dudo que lo de Kubrick sea cierto para eso de lo “mundialmente famoso”.

Pero creo recordar muy bien esas noches de invierno temucanas —de nuevo con las castañas asándose, los piñones cociéndose en una pequeña olla y las hojas de boldo hirviendo en un tarro viejo de Nescafé, sobre la estufa a aserrín dispuesta a poca distancia de la Zenith Trans Oceanic de mi padre— mucho antes que la magnífica película de Kubrick, en las que las notas del poema de Strauss nos anunciaban que un nuevo episodio de El Gran Radio Teatro de la Historia estaba a punto de comenzar.

Todos callados, en silencio a escuchar... y (siendo radio) a imaginar.

Así habló Zaratustra

Segmento Amanecer de “Así habló Zaratustra” de Richard Strauss.
Licencia: Pond5.

Saint Paul, 8 de junio de 2024


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