Rumiaciones

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Yo creo que te comprendo —dijo la Maga, acariciándole el pelo—. Vos buscás algo que no sabés lo que es. Yo también y tampoco sé lo que es. Pero son dos cosas diferentes.
Julio Cortázar
Rayuela, capítulo 19


Vuelta sentimental a la discada de Rayuela




Julio Cortázar.
Mural en una calle de Valparaíso.

Fue mi amigo Luis Henríquez Jaramillo, allá por el año 67 o 68, el primero en hablarme de Rayuela de Cortázar. Me intrigó eso de un libro que igual podía leer desde el principio o desde el final (según la explicación de Luis) y saltándome no sólo algunos párrafos (como era / es habitual en cualquiera de mis lecturas), sino también todos los capítulos que quisiera.

Antes de comenzar a intentar leer Rayuela —un texto nada de fácil para un chico de quince o dieciséis años— me maravillaba ya la expectación de su estructura, aunque no usase para nada esa palabra... todavía. Recién saliendo del Demián de Hesse, mis visitas a la Librería Círculo de Bulnes con Portales no me daban para tanto.

He leído ya en varios lugares que Rayuela ha envejecido mal.

Hay mucho de verdad en eso; pero para mí, Rayuela continúa siendo uno de mis libros favoritos.

La metáfora del lector hembra por decir pasivo fue una metáfora desafortunada. Para ser cómplice en la lectura no se requiere estar desprovisto de cromosomas femeninos... Bien entendido, quizás tales cromosomas facilitan ser una lectora / un lector cómplice.

Rayuela habría envejecido mal también por la insistencia en la que Horacio Oliveira se exaspera con la Maga por su supuesta / aparente incapacidad de pensar en forma abstracta...

—Es increíble lo que te cuesta captar las nociones abstractas. Unidad, pluralidad... ¿No sos capaz de sentirlo sin necesidad de ejemplos? No, no sos capaz. En fin, vamos a ver: tu vida, ¿es una unidad para vos?

—No, no creo. Son pedazos, cosas que me fueron pasando.

Pero quizás...

...y ya os he dicho que mi vuelta a Rayuela es una vuelta sentimental...

...quizás lo que hay aquí es un reproche a Horacio precisamente por su propia incapacidad de pensar en forma libre, espontánea e intuitiva. Pensar sin necesidad de recurrir a las muletas de nociones abstractas aprendidas en libros sesudos.

Dice la Maga

...vos sos más bien un Mondrián y yo un Viera da Silva.

... vos tenés miedo, querés estar seguro. No sé de qué... Sos como un médico, no como un poeta.

...Mondrián es una maravilla, pero sin aire.
Yo me ahogo un poco ahí adentro.
Y cuando vos empezás a decir que habría que encontrar la unidad, yo entonces, veo cosas muy hermosas pero muertas, flores disecadas y cosas así.

Rayuela, capítulo 19

¿Quién te dice si a fin de cuentas Cortázar no estaba más cerca de la Maga que de Oliveira?

Si bien la Maga desaparece del cuento después de la muerte de Rocamadour, Horacio no termina muy bien tampoco y, a pesar de todas sus filosofías y sus juegos intelectuales con Ossip, la mayor parte del tiempo anda perdido.

Rayuela, una sátira agridulce, con una sonrisa entre compasiva, cómplice y amarga, del intelectual latinoamericano en París.

Una sátira agridulce del intelectual.

Por mi parte, en un museo disfruto —tal es el verbo— más, me llega más a las tripas, un cuadro de Viera da Silva que uno de Mondrián.


No he leído de nuevo Rayuela de pe a pa probablemente desde el otoño del 79 o del 80 con ocasión de un examen final de Literatura Hispanoamericana entonces Contemporánea.

Aunque ya hace mucho tiempo que perdí mi copia de la Editorial Sudamericana; esa de portada negra y con el dibujo de una rayuela con líneas blancas, no he pasado mucho tiempo sin tener una copia de Rayuela a mi alcance; a veces sobre mi mesa de noche cerca del Ulysses el cual llevo ya años prometiéndome comenzar a leerlo.

La de ahora es la de Ediciones Alfaguara (con una muy desabrida portada) ...y la hojeo de vez en cuando; releo un par de párrafos, vuelvo lentamente a algunos pasajes más o menos largos, a algunos capítulos, a algunas de las morellianas.

Me detengo a pensar en la pregunta que abre todo el libro:
¿Encontraría a la Maga?

Por un regalo de Ronna, tengo también una copia de la primera edición en inglés publicada por Pantheon Books con esa magnífica traducción de Gregory Rabassa. El capítulo 68 es estupendo:

As soon as he began to amalate the noeme, the clemise began to smother her and they fell into hydromuries, into savage ambonies, into exasperating sustales. Each time that he tried to relamate the hainrincops, he became entangled in a whining grimate and had to face up to envulsioning the novalisk, feeling how little by little the arnees would spejune, were becoming peltronated, redoblated, until they were stretched out like the ergomanine trimilciate which drops a few filures of cariaconce. And it was still only the beginning, because right away she tordled her hurgales, allowing him gently to bring up his orfelunes. No sooner had they cofeathered than something like a ulucord encrestored them, extrajuxted them, and paramoved them, suddenly it was the clinon, the sterfurous convulcant of matericks, the slobberdigging raimouth of the orgumion, the sproemes of the merpasm in one superhumitic agopause...

A menudo, vuelvo al largo pasaje de la discada (capítulos 10 a 18 más algunos de los prescindibles). Ahora con YouTube es finalmente posible re-leer el capítulo mientras escuchamos las canciones.

Te invito a que desde esta página, lo hagas conmigo...

Sería una buena idea que lo hicieras con tu propia copia de Rayuela —en castellano o en inglés, como prefieras— en la mano.

Si nunca antes has leído Rayuela, bien puedes hacerlo ahora (en tu lengua preferida) y, siguiendo el espíritu de la ley que me enseñó Luis, comenzar por el capítulo 10 y seguir las instrucciones hasta que llegues al 18. En el peor de los casos asistirás a una buena sesión de jazz y de blues.

Capítulo 9. Un preámbulo prescindible si no es para otra cosa que enterarnos quiénes son los miembros del Club de la Serpiente. Poco a poco, en medio de una sesuda discusión entre Etienne y Perico sobre si Klee o Mondrián, se van reuniendo los amigos: la Maga y Horacio, claro; ya iban por ahí Etienne y Perico; luego se les unirá Ossip y ya llega “hecho una sopa de algas” Wong. Llegarán juntos a casa de Ronald y Babs. Más tarde se les une Guy Monod.

la Maga
Horacio
Etienne
Perico
Ossip
Wong
Ronald
Babs
Guy

Capítulo 104. “La vida como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos...”

Capítulo 10. Ya sabíamos desde el capítulo dos que Ronald era músico, ahora aprendemos que Babs es ceramista. Luego sabremos, aunque ya podíamos adivinarlo, que ninguno de los dos ha tenido demasiado éxito y que viven al salto de la mata.

Quizás porque crecí en el sur de Chile —en Temuco llueve todo el año (más en el invierno que en el verano), en Valdivia llueve más y en Concepción, donde recibí mi certificado de profesor de castellano, el viento del océano hace que la lluvia caiga horizontal— soy muy consciente que en este pasaje llueve en París.

Lluvia que se siente profunda en ese piso de Ronald y de Babs...

gotas de agua que un viento desganado tiraba contra la ventana malamente iluminada, los vidrios sucios, uno de ellos roto y arreglado con un pedazo de esparadrapo rosa...

La discada comienza con I'm coming Virginia.

Bix (Leon Bismark, 1903 – 1931) con la corneta y Eddie Lang (Salvatore Massaro, 1902 – 1933) con su guitarra.

Bix hará su entrada a medio camino... Poned atención a cómo es verdad que la guitarra de Lang prepara la entrada de Bix hacia el final del primer minuto. De ahí en adelante, su corneta domina todo el tema.

I'm coming Virginia es de 1927.

Jimmy Dorsey toca el clarinete y Paul Madeira Mertz, el piano, mientras Chaunce Morehouse está a cargo de la batería.

Luego viene Jazz me Blues de 1916 en lo que bien parece haber sido la primera grabación de jazz de la historia.

Frank (Frankie) Trumbauer (1901 – 1956) es el saxofonista y Frank Signorelli (1901 – 1975) está en el piano.

Capítulo 65. La ficha de Ossip Gregorovius, Apátrida. Perdidamente enamorado de la Maga quien, a pesar de los celos y temores de Horacio, que sepamos, nunca se acostará con él.

Ossip me cae bien y he calculado que sus tres trajes puede combinarlos de nueve maneras diferentes... Si además lleva chaleco, lo que hasta los cincuenta era todavía muy habitual, las combinaciones posibles llegan veintisiete.

Eso, más todas las pellejerías de sus nacionalidades, diferentes lugares de nacimiento y de sus diferentes madres, hacen que Rayuela sea también una Ópera cómica y si me imagino a Ossip caminando por las calles de París, la música perfecta sería la de cualquier película de Fellini...

Me inclino por la del acordeón del ciego de Amarcord.

🎵 YouTube: Nino Rota, Amarcord.


Capítulo 11. Ossip flirtea con la Maga mientras Babs y Horacio sentados en el suelo y con la espalda contra la pared los observan de lejos... Sobre todo es Horacio el que observa...

Gregorovius juntó las manos, separando apenas los pulgares: un perro empezó a abrir la boca en la pared y a mover las orejas... La Maga se reía.

Ya comienza la noche...

“...trombones a la orilla del río,

...blues arrastrándose,

...arrastre interminable de las cuatro de la mañana...”

El río es el Missouri a su paso por Kansas City y la primera canción en este capítulo es Four O'Clock Drag. Lester Young (1909 – 1959) es el saxofonista...

La grabación que escuchamos aquí es de 1938 o 1944 y el personal listado por Cortázar en el libro es el correcto.

La segunda canción en este capítulo es Save it pretty mamma, pero no escucharemos a Lionel Hampton (1908 – 2002) tocar su vibráfono antes de la mitad del segundo minuto.

La grabación es de 1940.

James Johnson al piano, Ziggy Elman con la trompeta, Jerry Jerome con el saxofón tenor y Toots Mondello con el saxofón alto. Nick Fatool es el baterista.

Capítulo 136. Morelli cita a George Bataille...

Creo que puedes prescindir de este capítulo prescindible.

Capítulo 12. “ ... ahora Ronald había puesto un viejo disco de [Coleman] Hopkins...”

Cortázar no nos dice cuál.

Pero bien podría ser Body and Soul.

Body and Soul continúa el tono —el mood— de las dos piezas anteriores... y es de lo que están hablando Ossip y la Maga, mientras Horacio los observa desde el otro lado de la habitación, nublada ya por el humo de los Gauloises y por la niebla del vodka y del gin...

...a Horacio le hacían gracia los misterios baratos con los que Gregorovius envolvía sus orígenes y sus modos de vida, lo divertía que Gregorovius estuviera enamorado de la Maga y creyera que él no lo sabía, y los dos se admitían y se rechazaban en el mismo momento, con una especie de torear ceñido que era al fin y al cabo uno de los tantos ejercicios que justificaban las reuniones del Club. Jugaban mucho a hacerse los inteligentes, a organizar series de alusiones que desesperaban a la Maga y ponían furiosa a Babs...
... y entre los dos se instalaba como un resentimiento de cómplices, y dos minutos después reincidían, y eso, entre otras cosas, eran las sesiones del Club.


Es decir, que Horacio y Ossip podían ser insoportables...

... y pasado el Coleman, ya iban con un tema del Dizzy Gillespie, quizás Good Bait...

...cuando Horacio, celoso y exasperado por lo que va entre Ossip y la Maga, exige que lo quiten.

A Horacio no le gusta el be bop...

Etienne no acepta la solución de compromiso con Paul Whiteman...

...y escuchamos entonces a Bessie Smith (1894 – 1937), la emperatriz de los blues... lo que, en más de alguna manera, le viene bien a Babs.

Algo está cambiando en esta reunión y no es sólo que Horacio esté más y más borracho.

Primero, Baby Doll,
después Nobody Knows You When You're Down And Out
y luego, Empty Bed Blues.

...hamacándose con Babs que estaba completamente borracha y lloraba en silencio escuchando a Bessie, estremeciéndose a compás o a contratiempo, sollozando para adentro para no alejarse por nada de los blues de la cama vacía, la mañana siguiente, los zapatos en los charcos, el alquiler sin pagar, el miedo a la vejez, imagen cenicienta del amanecer en el espejo a los pies de la cama, el cafard infinito de la vida...

Capítulo 106. Yas Yas Girl... (Merline Johnston) y la canción es
Blues Everywhere I go.

Un capítulo de los prescindibles que, para efectos de la discada, no debes prescindir.

Capítulo 13. Dos canciones de Louis Armstrong...
Don't Play Me Cheap.
Yellow Dog Blues.

...y porque en el aliento que Ronald le estaba echando en la nuca había una mezcla de vodka y sauerkraut que titilaba espantosamente a Babs. Desde su altísimo punto de mira, en una especie de admirable pirámide de humo y música y vodka y saerkraut y manos de Ronald permitiéndose excursiones y contramarchas, Babs condescendía a mirar hacia abajo por entre los párpados entornados y veía a Oliveira en el suelo, la espalda apoyada en la pared contra la piel esquimal, fumando y ya perdidamente borracho, con una cara sudamericana resentida y amarga donde la boca sonreía a veces entre pitada y pitada, los labios de Oliveira que Babs había deseado alguna vez (no ahora) se curvaban apenas mientras el resto de la cara estaba como lavado y ausente...

...y mientras Babs, escuchando Yellow Dog Blues se sienta sobre las rodillas de Ronald, éste y Etienne hablan de cómo ésa había sido la época dorada de Satchmo... no como la de ahora, en la que, como Picasso, se había convertido, en palabras de Horacio, en un Satchmo “con más trucos que un boxeador viejo, esquivando el bulto y monetizado y sin importarle un pito lo que hace, pura rutina, mientras algunos amigos que estimo [ahora que Armstrong ha ido por primera vez a Buenos Aires] y que hace veinte años se tapaban las orejas si les ponías Mahogany Hall Stomp, ahora pagan qué sé yo cuántos mangos la platea para oír esos refritos”.

Oh, el viejo —nuevo— desfase latinoamericano, adoptando modas y corrientes literarias, económicas y políticas, con décadas de retraso cuando en sus países de origen ya las descartaban por obsoletas o probadamente totalitarias... Menos ahora, claro, que con Amazon y Google todo llega a todas partes en forma instantánea.

Continúa Horacio:

—Claro que mi país es un puro refrito, hay que decirlo con todo cariño.

—Empezando por ti —dijo Perico detrás de un diccionario—. Aquí has venido siguiendo el molde de todos tus connacionales que se largaban a París para hacer su educación sentimental. Por lo menos en España eso se aprende en el burdel y en los toros, coño.

—Y en la condesa de Pardo Bazán —dijo Oliveira, bostezando de nuevo—.

Capítulo 115. Morelliana...
“Basándose en una serie de notas sueltas, muchas veces, contradictorias, el Club dedujo que Morelli veía en la narrativa contemporánea un avance hacia la mal llamada abstracción.
«La música pierde melodía, la pintura pierde anécdota, la novela pierde descripción...»

Este prescindible apunta al modernismo cool del jazz de Coleman y de Davis... con menos (o diferente) “melodía”.

Capítulo 14.... y justo entonces... Ronald les soltó un John Coltrane que hizo bufar a Perico.

Podría ser cualquiera de las canciones incluidas en el álbum Soultrane lanzado en 1958 (aproximadamente la fecha en la que ocurre la discada de Rayuela).

Good Bait es el primer tema del álbum y es una recreación del tema interpretado antes (1953) por Dizzy Gillespie...

Entonces, bien podría haber sido este tema el que, para bien o para mal, eligió Ronald.

... y con todas sus ironías, el “Sidney Bechet época París merengue...” puede ser Creole Blues..., pero es el que me deja más despistado.

Podría ser uno muy anterior, de fines de los 30 cuando Bechet recién se había establecido en París...

Me quedo con éste que no es tan merengue como otros de Bechet, (ni tan sentimental como su Si tu vois ma mère), pero que Cortázar bien pudo escucharlo en vivo cuando él mismo se estableció —como Horacio— en París.

Poco después, Wong habla de sus fotos de tortura... y viene ese largo relato de la Maga acerca del abuso sexual que sufrió de niña en Montevideo.

Mejor escuchamos a Big Bill Broonzy con su guitarra cantar su versión de See See Rider.

My home's on the water and I don't like no land at all

I'd rather be dead than to stay here and be your dog

So you see, see rider, see what you've done, done

See, see rider, you see what you done, done

You see, see rider, you see what you've done, done

You've made me love you and now your man don't come

Capítulo 114. La ejecución de Lou Vincent...
Capítulo 117. Una alusión a la historia de Leopold y Loeb, dos chicos ricos demasiado listos para su propio bien.

Para efectos de la discada..., puedes saltarte éstos.

Capítulo 15. El capítulo comienza con el relato de esa sesión de otra ejecución, ésta por ahorcamiento...

También me salto esa disquisición (seguro que se han escrito montones de ponencias acerca de esta disgresión cortazariana).

Aquí estoy para los blues y el jazz.

Muy probablemente, entre las canciones de Ma Rainey que quiere escuchar Ronald estaría Bo Weavil Blues.

Puede ser ésta como cualquier otra del álbum.

Es más fácil adivinar de cuál Blue Interlude con Leon Chu Berry es el que se acuerda Horacio... y si no era éste, no está nada de mal.

Cortázar nos dejó parte de la letra a lo largo de los párrafos de la siguiente canción: Junker's Blues con Champion Jack Dupree...

...y la otra canción de Big Bill Broonzy es Black, Brown & White.

Capítulo 120. Un rizo con la historia de Irineo... y, claro, de la Maga en Montevideo.

Para efectos de la discada..., también puedes saltarte éstos.

Capítulo 16. Duke Ellington... al más puro estilo del Cotton Club:
Hot and Bothered.

...un rápido y hermoso Carpe Diem con Joe Turner Roll 'Em Pete

... y el capítulo termina más lento y sentimental con el piano de Earl Hines: I Ain't Got Nobody.

...y hasta Perico, perdido en una lectura remota, alzaba la cabeza y se quedaba escuchando, la Maga había aquietado la cabeza contra el muslo de Gregorovius y miraba el parquet, el pedazo de alfombra turca, una hebra roja que se perdía en zócalo, un vaso vacío al lado de la pata de una mesa. Quería fumar pero no iba a pedirle un cigarrillo a Gregorovius, sin saber por qué no se lo iba a pedir tampoco a Horacio, pero sabía por qué no iba a pedírselo a Horacio, no quería mirarlo en los ojos y que él se riera otra vez vengándose de que ella estuviera pegada a Gregorovius y que en toda la noche no se le hubiera acercado...

...pobre Ronald que “sabe que no podría tocar jamás el piano como Earl Hines...” Tampoco yo podré escribir como quisiera.

Capítulo 137. Morelliana.

Capítulo 17. Guy Monod se despierta justo cuando Ronald y Etienne “se ponían de acuerdo para escuchar a Jelly Roll Morton...” La canción, con parte de la letra a lo largo de los párrafos es Mamie's Blues...

Después Ronald saca la versión de 1928 de Stack O'Lee Blues de los Waring's Pensylvannians... con un solo piano.

En todo este capítulo hay una tensión (que ya venía calentándose desde el principio) entre el más primigenio y espontáneo jazz y blues —sentimental— y el más cerebral y modernista que comienza a aparecer a mediados y fines de los cincuenta con John Coltrane... y Miles Davis.

El capítulo termina con un guiño a favor del primer jazz, citando nuevamente a Jelly Roll Morton... a pesar del rechazo de Etienne.

La canción es Honky Tonk Blues.

Jelly Roll Morton la grabó en 1938 para la Library of Congress.

Capítulo 97. Reflexión sobre el lector —la lectora— y la lectura..., uno de los temas de Rayuela que va más allá de la discada.

Podemos saltarlo.

Capítulo 18. La discada está por terminar.
Horacio ya está sumamente borracho y piensa en la Maga y en el Ossip.

Quiere irse a casa..., con la Maga, claro.

Quizás a un hotel.
Ma Rainey canta Jelly Bean Blues...

...la canción de Johnny Dodds bien podría ser Blues Galore...

...y lo de Oscar Peterson debe de ser Oscar's Blues.

Fin!

• Todo o casi todo el jazz y los blues de la discada



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