Correspondencia
Lavapiés, octubre de 1974 mayo de 1984.
Monche repite cosas de antes y ensaya otras nuevas mientras aprende a vivir en Madrid.
EF
...o pinchar el enlace del título de una carta en particular.
Preñez
El celibato y la monogamia son una aberración
Llegada a Madrid*
Madrid, miércoles 30 de octubre de 1974
Querida Viviana.
Estoy bien; llegué bien.
En el aeropuerto me estaba esperando ¡con una rosa roja en la mano! Xavier Castelló, el hijo de la que era amiga de Rodrigo Llagostera. Me cayó bien; es amable y simpático. Me ha mostrado varios sitios de Madrid y, sobre todo, me ha ayudado a orientarme en las calles, las que parecen un laberinto. A veces cuando camino sola por el centro (el barrio de Las Letras) doy una vuelta y sin darme cuenta llego al mismo sitio de la partida... para volver a empezar.
Xavier me presentó a su amiga Dolores Higuera.
Dolores es mayor que yo; tiene casi la edad de Alicia, mi compañera de cuarto en Santiago, pero no es vegetariana. Todo lo contrario: le encantan los chorizos, las morcillas y el tocino. Me estoy quedando en su casa en un cuarto minúsculo con una cama muy estrecha pero cómoda. No hay bañera en el departamento (aquí se llaman pisos) y las duchas tienen que ser cortas (snif).
Lo bueno es que mientras no consiga trabajo no tendré que pagarle nada ni siquiera por la comida. De eso no puedo quejarme, por intermedio de sus amigos, Xavier me ayudó a conseguir un buen cambio por el dinero que me dieron Teresa y Tomasa.
Dolores me da consejos.
El primero de todos fue que tuviera cuidado con la ropa: «Nada de faldas demasiado cortas.» Un buen consejo, porque aun cuando camino con faldas que casi me llegan a los tobillos siento que los hombres me siguen cuando camino sola por las calles.
Madrid está llena de iglesias y de bares, que aquí les dicen tascas. Me gusta la comida que sirven..., por supuesto es toda comida española. La sirven por todas partes y no es cara, pero, como ya te lo dije antes, tengo que tener cuidado cuando entro a uno de estos locales sola sin que Xavier o Dolores me acompañe.
Afortunadamente Dolores tiene un montón de amigas con las que nos reunimos en las noches a conversar (charlar) y a tomar (beber) vino o cerveza. Son todas de una onda soltera y sin compromisos y entre todas me están ayudando a encontrar un trabajo. Esto del trabajo es un poco difícil y hay que saltar varias barreras legales y, sobre todo, de percepción. Aunque soy legalmente española sueno como sudaca, lo que desgraciadamente para muchos hombres no es mejor que ser una puta.
Pero mucho estoy más tranquila aquí en Madrid. He podido dormir mejor que en Santiago, aunque sigo teniendo pesadillas (Dolores me va a conseguir una cita con una terapeuta) y sigo fumando como carretonera. Ahora fumo Ducados: tabaco negro, muy fuerte.
¡Te echo mucho de menos, Viviana!
Te mando un abrazo y (como hacen y dicen aquí) dos besos.
Monche
Compañera de armas*
Madrid, martes 8 de abril de 1975
Querida Viviana.
Hace un par de semanas recibí tu linda carta y me alegro que estés bien y que te hayan aceptado tu proyecto de tesina en la Austral.
Yo sigo trabajando como cantinera diurna en la Tía Dolores. Ha empezado a gustarme y en el día los clientes son más comedidos que los de la noche. Igual flirtean y yo, apostando a una más generosa propina, pretendo flirtear (aunque ya he aprendido en la práctica que aquí eso de las propinas no corre mucho). La mayoría son oficinistas que hacen un alto breve al mediodía y no beben demasiado. ¿Te fijaste que puse beben y no toman? No tienes idea lo que les importa por aquí cómo una hable o se vista.
En cuanto a la posibilidad de reanudar mis estudios de Medicina, déjame decirte que por una parte Llagostera tenía razón cuando decía que las cosas estaban cambiando en España; sólo que no están cambiando lo suficientemente rápido. Más importante, querida Viviana, algo que ha estado surgiendo en mis sesiones de terapia con Eliana Alonso, que es muy inteligente y perspicaz, es que quizás tenga que darme un espacio de paréntesis y dejar que transcurra el tiempo, sin prisas; por ahora.
Mientras tanto, me agrada lo que hago. Salgo del trabajo cerca de las seis de la tarde y camino por las calles de Madrid que tienen unos recovecos, esquinas y rincones que me parecen infinitos.
Oh, Viviana; tengo que contarte una experiencia alucinante. Hace un par de semanas, en una de esas vueltas llegué hasta el piso donde vivió mi madre aquí en Madrid. El piso lo ocupa ahora una anciana viuda que, a cambio del paquete de Ducados que traía conmigo, me dejó visitarlo. Esta anciana todavía tenía el libro que mi madre se dejó allí cuando salió huyendo de ese piso al final de la Guerra Civil: La canción del pirata de José de Espronceda. Lo alucinante es la dedicatoria:
La Brigada,
Madrid, 22 de marzo de 1938
¿Te das cuenta Viviana?
Mi madre, una miliciana.
Mi madre, una sargento.
Mi madre, esa mujer decrépita que cuando salí de Temuco no podía ni con su alma ni con su hígado, una sargento del Ejército Republicano.
Mi madre, esa mujer que se lo pasaba borracha, vomitando sus tripas en el baño, una compañera de armas.
Viviana, ¿cuándo se quebró mi madre?
¿Cuándo se jodió?
¿Te das cuenta Viviana?
Tuve que salir yo al exilio.
Tuve que viajar diez mil kilómetros en la dirección opuesta a la de ella.
Tuve que llegar por casualidad al sitio donde ella vivió...
...para enterarme de quién realmente era ella.
Nunca me dijo nada sobre la Guerra.
Sabía vagamente que había estado en un campo de refugiados en Francia. Pero no tenía cómo imaginarme que había sido una combatiente.
De hecho no sé nada.
He intentado escribirle; he empezado tres cartas que he terminado tirándolas al papelero... Todavía; no sé qué decir.
Demás está decirte cuánto desearía estar cerca de ti...
Cuánto echo de menos la Calipso.
Cuídate mucho, amiga querida.
El viejito sigue muy enfermo (dicen), pero todavía no se ha muerto (dicen).
Un abrazo y dos besos.
Monche
Una pareja dispareja*
Lavapiés, domingo 8 de febrero de 1976
Mi querida Viviana.
Primero que nada, perdóname que no te haya escrito en tanto tiempo.
Por supuesto que sabrás que ha habido novedades en España y hay días que todo parece revuelto... Un poco como en Chile en 1971. Montones de posibilidades en el horizonte, aunque por ahora aquí siga el gobierno de la dictadura en el poder, claro. Sin embargo, la novedad más importante en lo que se refiere a mí es que ya no vivo con Dolores. Todavía seguimos muy amigas y nos vemos casi todos los días, pero el 10 de enero pasado Xavier y yo nos mudamos a un piso en Lavapiés. Hemos sido pareja desde agosto; desde la noche de nuestros cumpleaños. Ya sé que me dirás que estoy loca; que Xavier casi que podría ser mi padre (tiene 18 años más que yo), pero nos hemos llevado bien desde que nos conocimos y desde que nos fuimos a la cama por primera vez, hemos descubierto que somos muy compatibles. Yo no me había acostado con nadie desde que terminó lo de Labarca... Bueno, la verdad es que me acosté una vez con Aileen una noche que las dos estábamos borrachas y voladas, pero eso como que no cuenta.
No te imaginas lo necesitada que estaba.
Dolores suspira y se encoge de hombros. «Con tal que seas feliz y mientras dure, cuanto dure, disfrútalo» me dice. Eliana piensa que es un error, que estoy volviendo al patrón que tenía con Labarca... Puede que tenga razón: Xavier me cuenta cuentos, historias sobre Madrid; sobre sus calles, sobre algunos de sus edificios, sobre las personas y personajes que vivieron en ellos; sobre las casas donde vivieron escritores, artistas y cantantes. Me habla de los secretos prohibidos durante el gobierno de Franco. Xavier me presenta orgulloso a sus amigos. Te confieso que algunos son de pasado (y de presente) no muy limpio, pero son de un mundo diferente y, en sus propios términos, fascinante.
De acuerdo, Viviana, en el fondo sé que Eliana tiene razón: vivo a 10 mil kilómetros de mi entorno anterior. Me siento protegida cuando estoy con Xavier. Xavier me abraza, me arrulla, me arropa con sus manos de gigante. Me puedo poner la ropa que se me dé la gana porque estoy con él. La gente lo respeta; algunos hasta le tienen miedo. ¿Es como de Labarca? Quizás. Por ahora, diga lo que diga Eliana (la sigo viendo; de hecho acabo de llegar de una sesión de terapia con ella) sigo el consejo de Dolores.
Tengo 22 años. He perdido en forma violenta a una hermana y a un hermano. He tenido que salir huyendo muerta de miedo. He perdido una carrera que, aunque ahora no esté tan segura que la Medicina haya sido alguna vez realmente lo mío, era lo que yo había elegido. También yo he elegido esto. Yo he elegido vivir con Xavier. Quiero disfrutarlo mientras dure.
Perdóname esta larga perorata, amiga querida. Perdóname que no te haya escrito antes poniéndote al corriente de mi vida. Ojalá que me comprendas; que entiendas mi amor por Xavier. Quiero tanto ser feliz.
Un fuerte abrazo y dos besos.
Monche
Noticias de Aileen*
Lavapiés, domingo 19 de septiembre de 1976
Mi querida Viviana.
Primero que nada, infinitas gracias por tu linda tarjeta y carta que recibí para mi cumpleaños!
Felicitaciones por tu graduación con todos esos honores y espero que tu proyecto de publicar tu libro de fotografías del viejo Temuco con poemas de Rosa Riquelme, a quien recuerdo con mucho cariño y agradecimiento por mi año en el Liceo de Niñas, llegue pronto a buen puerto. Por favor, saluda a Rosa de mi parte y tenme al tanto del progreso de tu libro sobre todo cuando salga publicado.
No tengo muchas novedades personales que contarte; sigo trabajando donde siempre, sigo explorando Madrid con la que parece la inagotable guía turítica de Xavier. Este año celebramos nuestros cumpleaños con un corto viaje al Levante: pasamos tres días y tres magníficas noches en Valencia donde nos hartamos con sus playas, vinos, paellas y otros mariscos.
La mejor noticia de estos días es que por fin supe de Aileen. Al parecer consiguió mi dirección a través de Rodrigo Llagostera y hace un par de semanas recibí una corta, pero muy amorosa carta suya. Ahora vive en Milán, Italia, adonde llegó hace poco más de un año. Todavía está muy afectada física y sicológicamente por su dura experiencia de detenida, primero incomunicada por varias semanas (donde sufrió horrores sin nombre), y luego varios meses en un campo de prisioneras. Con su ánimo y tenacidad de siempre, espera recuperarse pronto y comenzar estudios de Historia o de Literatura (no ya Medicina) en la universidad local. Mientras tanto está añadiendo el italiano a la larga lista de idiomas que ya dominaba. Lloré con una extraña mezcla de felicidad, tristeza y nostalgia cuando recibí su carta la que releí varias veces, sobre todo una frase que su madre le dio como regalo imperecedero antes de morir de cáncer cuando ella recién se asomaba a los dieciséis años:
Creo que Aileen ya me había citado esa frase de su madre antes (junto a lo de imperecedero). No importa cuántas veces me la repita, siempre me llega de una manera fresca y vigorizadora porque quiero hacerla mía propia. Demás sé ahora, con todo lo bien que me encuentro, que la vida cambia de un momento a otro y, como dice un poema de Jaime Gil de Biedma (le debo la cita a mi amiga Dolores): «nos sujeta porque precisamente no es como la esperábamos».
Oh, Viviana. ¿Te acuerdas cuando teníamos dieciséis años? Mejor aun: ¿Te acuerdas de esa niña Marisol, la protagonista de esas empalagosamente azucaradas películas españolas de los sesenta? La semana pasada apareció completamente desnuda en la portada de la revista Interviú. Todo un símbolo de lo que aquí están llamando el destape. Lo mejor de todo es que su desnudo parece absolutamente natural. Ahí está Marisol, mirándonos a los ojos, de pie, tres cuartos de perfil... y sin ropa. Me encanta. Con ésta te mando una fotocopia.
Un abrazo muy grande y dos besos.
Monche
Preñez*
Lavapiés, domingo 23 de octubre de 1977
Mi querida Viviana.
Mi novedad literalmente mayúscula es que estoy embarazada. Pariré (como dicen aquí) en abril. Estoy feliz. Estoy asustada. Estoy preocupada. Estoy confundida. Estoy rabiosa. Todo eso junto, lo que agrava mis mareos y vómitos matutinos, vespertinos y nocturnos. El médico que me atiende, afortunadamente uno relativamente joven, comprensivo y amable, me ha dicho que todo va bien. Fácil para él decirlo.
Siento no haberte hecho mi amiga confidente consejera antes (estúpidamente tampoco lo hablé con Dolores). Xavier y yo comenzamos a intentar este embarazo durante nuestras vacaciones en julio, nuevamente en Valencia con mucho (demasiado) vino, paellas y mariscos. Como puedes sacar tus cuentas, hemos tenido un rápido éxito. No es algo que yo me estuviera planteando, dejada a mi único arbitrio lo hubiera pospuesto indefinidamente, pero Xavier me había estado insistiendo presionando que quería tener un hijo antes de cumplir los cuarenta años y bueno, soy su pareja. Esa noche en Valencia no me pareció una tan mala idea gozarnos sin precauciones y la verdad es que Xavier ya pasó los cuarenta hace dos años. Sí, mi querida Viviana. Voy a ser madre. ¿Quieres ser una tía?
Te mando un abrazo enorme y como siempre dos besos.
Monche
Sesiones de terapia*
Lavapiés, domingo 5 de febrero de 1978
Mi querida Viviana.
Estoy enorme..., como una ballena, o como un globo, o como una hipopótama. Pero bien. Dolores me acompaña a mis clases de Pilates y estará conmigo en la sala de partos cuando me toque parir. Tengo mucha suerte de tenerla como amiga y su presencia habitual me tranquiliza.
Hice las paces con Eliana. Después de un hiato de casi dos años, la buena de Eliana es mi confidente, mi consejera, mi terapeuta de nuevo. Amparo había vuelto a aparecer insistentemente en mis sueñospesadillas con una tenacidad y fuerza, con un sentimiento de culpa de sobreviviente (que, por supuesto se me mezcla con la culpa que siento por Aníbal) tan grandes que me apabullaba y que, despierta y con sueño, no me dejaba concentrarme en nada.
Culpa, vergüenza y rabia. En lo de Aníbal, rabia contra mí misma, contra Gustavo..., contra Elvira. En lo de Amparo, una niebla. Fue hace 23 años, Viviana. Me horroriza que me esté olvidando de su voz, de su olor, de sus uñas comidas... «¡Hermanita!» grite, cuando vi sus pies desnudos asomando bajo la sábana ensangrentada; pero Aníbal no me dejó abrazarla; no me dejó verla. Entiendo, entiendo que para mejor; pero a veces siento que no puedo perdonarlo.
También, seguramente por mi embarazo, por mi preñez, he vuelto a necesitar hablar sobre mi madre. Hay ahí tantas cosas ocultas, tantos asuntos de los que nunca se ha hablado, tantos secretos, tantas verdades a medias, tantas mentiras... de las que yo también parcialmente soy culpable, que probablemente tendré (tendremos) para largo.
Ya lo sabes, la terapia es una película tan, tan larga.
He cambiado de trabajo. En este país alborotado (a veces con una tremenda amenaza de ponerse muy violento) las mujeres al estilo de las amigas de Dolores comienzan comenzamos a levantar cabeza de nuevo como en los tiempos de las mujeres libres de la República. El hecho es que Dolores se las ha amañado para abrir un salón de peluquería unisex en el barrio de Chueca y yo me he convertido en una mezcla de socia y de empleada de confianza trabajando de recepcionista y de coordinadora de horarios y citas.
Es un trabajo mucho más tranquilo y en un ambiente mucho más agradable que el de la cantina en el que no tengo que lidiar con borrachos que por el sólo hecho que pagan por sus cervezas creen que mi culo es materia disponible para sus miradas y peor, para sus agarrones. Mejor aun, el dinero de mi sueldo va directo a mi cuenta de banco!! Xavier no está muy contento con mi nueva semi independencia económica, pero creo que ya se le pasará.
Un abrazo y dos besos.
Monche
Miguel Castelló*
Lavapiés, miércoles 3 de mayo de 1978
Mi querida Viviana.
Miguel Castelló Mestre nació el 28 de abril. Nació bien, sin problemas ni para él ni para mí. Todavía estoy sin palabras aunque ya siento que lo quiero más que a mi propia vida. Parece que es verdad eso que llaman instinto materno. En lo más práctico, puedo decirte que le gusta mamar hasta saciarse (para eso me tiene a mí) y después para suerte mía duerme como un lirón.
En otro orden de cosas, espero que la llegada de Miguel suavice la relación entre Xavier y yo. Hay días, no muchos, en que de pena o de rabia he llorado. Para decirlo sin demasiado drama, estos dos últimos meses han sido ásperos. No es que alguna vez Xavier y yo hayamos intercambiado votos que nunca podremos cumplir, pero he estado sola cuando necesitaba, cuando quería, compañía. Todavía quiero mucho a Xavier; es bien posible que lo quiera siempre. Es más; realmente creo que una vez sorteado el bache en el que nos encontramos vamos a seguir siendo una buena pareja. Pero, lo que quiero decirte, Viviana, es que con él o no, no voy a estar sola de nuevo.
Mándame fuerza, yo te mando un abrazo y dos besos.
Monche
Acta de matrimonio*
Lavapiés, domingo 14 de enero de 1979
Mi muy querida Viviana.
Te tengo una gran importante noticia: el viernes pasado me convertí en una respetable señora casada... con certificado, testigos y todo. Bromas aparte, el hecho es que aprovechando, primero, que de acuerdo a la nueva Constitución, España es ahora un Estado no confesional (ya no hay más una religión oficial, ni Católica ni ninguna otra) y, segundo, aprovechando que nuestra relación ha reflorecido este último tiempo, Xavier y yo, efectivamente, decidimos casarnos.
Sin ninguna pompa, con sólo cumplir con una cita en el Ayuntamiento; llevamos a dos testigos; yo a Dolores, Xavier a su amigo Fernando... y eso fue todo. En la tarde, una buena cena en la que, siendo Dolores quien la organizó (y costeó), para gustos variados no faltó ni el cocido madrileño ni los callos; tampoco las chuletillas. No más de diez amigos y amigas en total, más nosotros, claro. Con abundante vino, cava y orujo lo pasamos muy bien. Miguel cooperó y durmió casi todo el tiempo que duró la fiesta excepto cuando exigió que le diera de mamar. Cómo me gustaría que lo vieras en persona: no porque yo que soy su madre lo diga, Miguel es un bebito adorable. Con ésta te incluyo dos fotos.
Un fuerte un abrazo y tres besos (uno a cuenta de Miguel).
Monche
Vacaciones en Valencia*
Valencia, miércoles 8 de agosto de 1979
Querida Viviana.
Te escribo desde una muy amplia casa cercana a Valencia y a pasos de la playa que Xavier y yo hemos alquilado con otras dos parejas amigas. Hasta ahora todo va muy bien. Fernando, quien fue uno de nuestros testigos de la boda, es un viejo amigo de Xavier. Se conocieron en la mili y desde que regresaron a Madrid han sido socios en varios proyectos, de cuya naturaleza no me entero mucho, pero sé que les gusta y que les va bien.
Fernando no tiene una pareja estable; ahora le acompaña Marisol, una chica riojana llegada hace poco a Madrid, dos años menor que yo. Su juventud y desparpajo en el hablar, bailar y en el vestir (dio mucho que hablar anoche en el club al que fuimos de copas y a bailar) me hace sentir madura y de suficiente edad. Sería la mayor entre las mujeres si no fuera por Almudena la pareja de Eusebio, quienes, aunque substancialmente mayores que todos nosotros, se acomodan muy bien a nuestros gustos y modos de ser... y, la verdad sea dicha, corren con más de la mitad de los gastos de vacaciones.
Cuando veo cómo actúan en público Marisol y Fernando o en menor escala nosotros mismos (Xavier y yo); incluso (aunque de otra manera) Eusebio y Almudena, me doy cuenta de lo mucho que ha cambiado España en estos últimos cuatro años. Dudo que haya sido esto lo que Rodrigo Llagostera tenía en mente, pero en eso de que España cambiaría pronto, tenía mucha razón... y a mí la naturaleza de los cambios no me parece nada de mal. Eusebio y Almudena, como también Fernando y Marisol, se quedarán en Valencia hasta fin de mes. Xavier y yo más proletarios y yo con más obligaciones familiares nos regresamos el veinte. Nuestro objetivo es descansar, relajarnos y, sobre todo, escapar del inmenso calor de Madrid.
Tengo que confesarte, mi querida Viviana, que eso del calor madrileño es literalmente verdad (hace un calor de los mil demonios), pero también es una imagen de nuestra relación. Parece un culebrón, pero por una cosa o la otra, Xavier y yo nos hemos estado peleando casi todo el tiempo. Entre muchas otras razones a Xavier se le ha puesto en la cabeza que llamo a propósito la atención de Fernando; es una gran cosa que su amigo se haya, por ahora al menos, enganchado con Marisol. Estos diez días en Valencia son un intento de bajar la temperatura en casa. Tengo la gran suerte de tener a Dolores como mi amiga y como tía adoptiva de Miguel.
Abrazos y besos.
Monche
Centro comunitario*
Lavapiés, domingo 16 de marzo de 1980
Querida Viviana.
Estoy, estamos, bien.
Nuestra estancia en Valencia fue muy buena para nosotros y, aunque Xavier y Fernando todavía tienen varios proyectos juntos, desde mediados de octubre Xavier ha estado trabajando con gente del PSOE que le han pedido que codirija un Centro Comunitario en el barrio. Desde hace unos años, junto a varios grupos de artistas que han abierto galerías de arte y salas pequeñas de teatro alternativo, han comenzado a llegar montones de inmigrantes de la India, de China, del Magreb y de Senegal a Lavapiés. Caminas por las calles y sientes el olor a comino, a cúrcuma y también a hachís.
Todo esto ha traído más gente, más niños y con ello la necesidad de más escuelas y de guarderías... como para Miguel. Es en esto donde, de pronto, Xavier ha encontrado una nueva vocación y es asombroso y gratificante ver lo habilidoso que ha resultado ser trabajando con personas de muy diferentes culturas y sentimientos.
Me acuerdo que cuando yo recién me fui a Santiago a estudiar en la Chile, Aileen fue mi guía para orientarme en esa ciudad para mí tan inmensamente grande. Ahora, aunque sigo trabajando en el salón de Dolores en Chueca, también he comenzado a trabajar de voluntaria en el Centro Comunitario que dirige Xavier donde junto a él he ayudado a muchas mujeres de diferentes países y que hablan muy diversas lenguas, a orientarse en Madrid, especialmente a cómo acceder a los nuevos recursos disponibles en nuestro barrio.
Creo que Xavier y yo hemos comenzado una nueva etapa en nuestra relación... y estoy realmente esperanzada y entusiasmada con eso. Después de casi seis años de vivir aquí me siento mejor con este mayor arraigo que estoy comenzando a tener en Madrid y con lo que estamos haciendo en esta comunidad.
Ya ves: te he soltado una palabreja nueva en mi vocabulario de activista.
Oh... Casi se me olvidaba contarte: estoy embarazada de nuevo.
Abrazos y muchos besos.
Monche
Paz Castelló*
Lavapiés, domingo 12 de octubre de 1980
Querida Viviana.
Muy breve. Sólo para decirte que el 30 de septiembre nació Paz Castelló Mestre. Todo bien, pero ya me da más trabajo que Miguel; se lo pasa con hambre y llora por las noches. Aquí te mando una foto del hermano mayor sosteniendo asombrado a su hermanita.
Un abrazo grande y muchos besos.
Monche
La movida*
Lavapiés, domingo 11 de enero de 1981
Querida Viviana.
He estado cansadísima... Con Miguel de poco más de dos años y con Paz de poco más de un mes, necesitaba multiplicarme por cien y aun así no daba abasto. Afortunadamente mi vecina Adara, madre ella de cuatro hijos pequeños, me ayudaba su buen poco y Dolores se asomaba cuando podía por las tardes quedándose hasta bien entrada la noche. Esta semana vuelve el parvulario para Miguel y puedo dejar a Paz por unas horas en la sala cuna... de nuestro Centro Comunitario.
Ya sé lo que te estarás preguntando. Te contesto: Xavier es un excelente organizador comunitario, pero de tareas de casa no tiene la más mínima idea de nada.
Tengo que contarte que Madrid está culturalmente revolucionado. Si lo que vino con la muerte de Franco y la desaparición de la censura se llamaba el destape traducido en películas y revistas con mujeres mostrando sus tetas, ahora se llama la movida la que se traduce en la expresión sin cortapisas de todo tipo de sexualidad.
El epicentro es el barrio de Chueca, allí donde Dolores y yo tenemos nuestro salón unisex, lo que no podría ser más adecuado. Chueca se ha convertido en el paraíso de los bares de homosexuales, de lesbianas, de bisexuales o incluso de héterosexuales imperturbados por tales diferencias. De seguro que esto tampoco estaba en la mente del bueno de Rodrigo Llagostera, pero estoy segura que lo celebraría con mucho contento.
Algunas de las películas de esta movida pueden ser muy chocantes, lo cual no está nada de mal. La semana pasada Dolores y yo vimos Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón de un director jovencísimo de apellido Almodóvar. Muy chocante, sin ninguna censura, ni en el lenguaje ni en las escenas, abiertamente sexuales, donde hay de todo. Puedes darte cuenta que Almodóvar quiere que te sientas incómoda y empujada más allá de lo normal; más allá de las reglas... Su película es escandalosa, pero no es que se le pase la mano como dicen algunos de los críticos. No, para nada; para mí, que he pasado por escándalos, la película está justo en su punto: se trata precisamente de eso. A Xavier no le gustó para nada, pero a Dolores y a mí nos encantó.
Ojalá que la muestren en Chile y que puedas verla.
Un abrazo y dos besos.
Monche
Crepúsculos temucanos*
Lavapiés, domingo 12 de abril de 1981
Querida Viviana.
Crepúsculos temucanos.
¡Qué hermoso y tan adecuado título! Tantos diferentes significados superpuestos. Tus fotos no tienen precio. Esas texturas tan de Temuco; las nubes, las calles mojadas, las marcas de alquitrán en las calles pavimentadas. ¡La luz! Esa es la luz que recuerdo cuando cierro los ojos y pienso en Temuco.
Están también los poemas de Rosa que evocan tantos rincones y tantas esquinas de esa ciudad adolorida: sus olores, sus colores y sobre todo sus voces y pregones. Lo que siento en sus poemas es que además de lo material (edificios, quioscos, calles) y de la naturaleza (el cerro, los manzanos silvestres), siempre hay algo humano. Al final sus poemas son siempre acerca de hombres o de mujeres concretas que viven o que vivieron allí. El hombre que afilaba cuchillos anunciándose con su flauta de Pan; el que vendía empanadas y berlines; las mujeres mapuche que vendían arvejas; el silbato del lechero y las campanadas del basurero... ¡Qué bien los recuerdo!! Doña Francesca y sus rosquillas de anís... El homenaje a su hijo desaparecido es simplemente conmovedor. Me lo he aprendido de memoria.
Tu sombra temucana,
Ignacio,
crece y se achica
según las horas de los días,
según los meses fríos o cálidos del año.
No importa qué te hayan hecho
los malditos,
tu sombra viva temucana,
Ignacio,
siempre presente, nunca desaparece.
Puedo pensar en mi Aníbal. Por favor, Viviana, saluda y dale un abrazo a Rosa en mi nombre.
Gracias, querida amiga, estoy encantada con tu libro; con vuestro libro.
Un gran fuerte abrazo y dos besos.
Monche
Inmigrantes*
Lavapiés, viernes 1 de mayo de 1981
Querida Viviana.
Día del trabajo o día de los trabajadores. No es un puente, para eso el 1 de mayo debió haber sido ayer, pero un fin de semana de tres días no está nada de mal; sobre todo que mañana es también el día de Madrid. Seguramente celebraremos con Fernando y Marisol; a ellos, motivos nunca les faltan.
Dictaduras y persecuciones diversas aparte y aquí nosotros todavía temblando por lo que pudo haber pasado con Tejero y compañía la vida parece ser la misma en todo el planeta. Eso es lo que tu sabia amiga concluye después de poco más de un año trabajando con los inmigrantes que llegan a Lavapiés. Como los españoles (no eran los únicos, pero son los que mejor conozco) que llegaban a Temuco en los treinta o los cuarenta, los que llegan ahora a Lavapiés también se agrupan por sus regionalidades, por sus idiomas o dialectos, por sus etnias o religiones. Para protegerse o socorrerse unos a otros forman cofradías, sociedades o hermandades; algunos, también pandillas.
Algunos llegan a la diabla, a la buena de Dios. Los más tienen un amigo o un pariente que los acoge o que los endilga por un camino más o menos cierto. Como los españoles que llegaban a Chile, muchos de los que llegan auspiciados por un pariente un tío o un primo con suerte terminan como trabajadores cautivos por un año o más. Para muchos es una lotería: algunos como la que yo encontré en Dolores encuentran un amigo leal y genuino que compartirá su suerte con ellos. Otros como el Álvaro Mestre quien en Temuco mal se endilgó con un Emilio Balsera sólo encuentran promesas vacías, humillaciones y embustes. Así están siempre al salto de la mata.
Los más llegan a lo más con pequeños donativos pasados por familiares antes de partir. Yo tuve la inmensa suerte y privilegio de contar con ayudas por partida doble. Por una parte, el pequeño pero sincero donativo de Tomasa y, por la otra, la tremenda generosidad de mi prima Teresa aun a costa de pelearse con Mauro. Debo confesarte, Viviana, que hablando de Tomasa, aunque todavía no pueda decir que haya aprendido a quererla, de seguro que he aprendido a admirarla. Ella también fue una de esas mujeres solas que llegaron a Chile o a cualquier otro país adonde les llevó la suerte que llegaron sin más que con lo puesto. Hay unos pocos de los que han llegado por aquí que han podido dar buen un golpe de suerte legal y honesto o fraudulento y ruin poco antes de salir. Lo mismo que en Chile. Entre los amigos de mis primos Capellán se contaba no muy sotto voce la historia de un tal Bernat Falconer quien montó una prestigiosa ferretería en la Alameda con el dinero que esquilmó a un fondo republicano destinado a la compra de armas en el exterior. Simplemente, con maleta diplomática y todo, se montó a otro barco y recaló en Valparaíso antes de mudarse a Santiago. Doy una mirada a algunos de mis vecinos de Lavapiés (una minoría menos mal) y en sus actitudes de prepotencia y arrogancia puedo imaginarme que bien han podido hacer algo muy similar o peor. Lo más triste e indignante, Viviana, es que inescrupulosos como son, replican aquí las mismas relaciones de poder y de miserable explotación con sus coterráneos que podrían haber tenido allá. La dureza del viaje no los convierte en seres más solidarios. Seguro que no te sorprenderá que en esto a menudo es a las mujeres a quienes les va peor.
Siento que efectivamente ayudo a las mujeres (y hombres) que se aparecen por el Centro Comunitario, pero te confieso que me descorazona darme cuenta que en el fondo sea tan poca cosa. Que nuestra ayuda les alivia algo, sí; que les endilga por un buen camino, cierto también. A fin de cuentas, sin embargo, en el fondo cada una de ellas se las tendrá que valer por sí misma... o en compaña de sus propias amigas y familiares; no gracias a nosotros ni a ninguna otra ONG. Así como están las cosas, no hay mucho más que se pueda hacer.
Mientras tanto, la vida continúa. Hace dos días Miguel cumplió tres añitos y Paz ya pasó los siete meses... Todavía me dan mucho trabajo.
Un abrazo y dos besos.
Monche
Política interna*
Lavapiés, martes 8 de septiembre de 1981
Querida Viviana.
Gracias por tu linda tarjeta.
Con los críos todavía tan pequeños es muy difícil viajar, de modo que este año celebramos nuestros cumpleaños en casa. También, una cosa trajo la otra y antes de que nos diéramos cuenta, se nos había acabado el verano. Este año, achicharrándonos, y con Xavier echando pestes en parte por el calor y en parte porque el negocio con Eusebio no salió tan bien como esperaba, lo pasamos en Madrid.
Aquí todo sigue revuelto y, aunque un poco más calmado durante el verano, la paz se volvió a romper ayer en Madrid con un nuevo bombazo de los de ETA que dejó a tres militares muertos sin contar el susto de los que viven cerca o que a esa hora transitaban por ahí.
Si en algún momento pude tener una pequeña escasa simpatía por ETA mi amigo Bruno Sampedro hablaba con entusiasmo acerca de ellos ahora no les tengo ninguna; todo lo contrario: profundo aborrecimiento. Atacan indiscriminadamente aterrorizando a todo el mundo a pesar que total independencia aparte con la nueva Constitución el País Vasco tiene ahora más autonomía y más privilegios de lo que los vascos nunca en su sano juicio soñaron.
Después de seis años de vivir aquí a veces creo que entiendo la política interna; otras, pienso que cada día entiendo menos. Desde mis ojos de inmigrante exiliada afincada en Madrid, es decir, en la capital del Reino, España me parece, más que una solida unidad, un mosaico de segmentos diversos unidos más por la férrea voluntad y fuerza, a veces muy bruta, de algunos poderosos que no les importa obliterar las diferencias que puedan tener otros, que por un real sentimiento de solidaridad y de pertenencia. Muchos vascos, muchos catalanes y no pocos gallegos sienten que son españoles a la fuerza. Que no sean todos Xavier aunque catalán es también igualmente español complica aun más las cosas.
En medio de todo este tinglado me parece una estupidez o gilipollez como dicen por aquí que la izquierda haya dejado que la derecha le arrebate los símbolos: la bandera, el himno, el mismísimo nombre España están profundamente ligados con las posiciones conservadoras. Si hay una bandera española colgando de un balcón, la primera impresión es que se trata de un facho.
No es que yo quiera ser una patriota. En eso estoy muy de acuerdo con Pepe Carvahlo, el detective de las novelas policiales de Manuel Vázquez Montalbán: llegados a hablar de patriotismo, el suyo es un patriotismo puramente gastronómico. Eso que por boca de Pepe Carvahlo dice Vázquez Montalbán sí que lo puedo entender muy bien. Mi madre, atea y come curas, no dejaba nunca de hacer torrijas para Semana Santa y para ese domingo y el doce de octubre siempre teníamos bacalao..., que en realidad era un congrio seco salado preparado por un catalán instalado en Ayacara y que mi madre compraba en la tienda de la madre de Elvira: como lo puedes ver, todos patriotas.
En fin ese es mi análisis político del trimestre...
En otro orden de cosas más humano y más importante, déjame decirte que hace dos semanas supe de Nicole, la que fuera pareja o amiga íntima de Gustavo, mi amor imposible en la secundaria. Asilada en Hamilton, una ciudad a la orilla del lago Ontario en Canadá, Nicole está relativamente bien ganándose la vida enseñando español en la Universidad McMaster. Al parecer en Hamilton hay una comunidad muy unida y dinámica organizan festivales y conciertos de chilenos exiliados, tres de ellos antiguos compañeros míos en la Escuela de Medicina, aunque dos estaban varios años más arriba que yo.
Me llenó de contento saber de Nicole y también de Darío Manantial; fue un muy buen amigo y me alegra que haya vuelto a estudiar Medicina en Hamilton. Su pareja, Irene Porras, es una muy buena profesora e investigadora de música e intérprete de laúd; como Nicole, también enseña, aunque sólo con un contrato a tiempo parcial, en McMaster. Como puedes ver, hay chilenos desparramados por todo el mundo.
Un abrazo y muchos besos.
Monche
Recuerdos de Mercedes*
Lavapiés, domingo 17 de enero de 1982
Mi querida Viviana.
Gracias por tus buenos deseos para este nuevo año. Aunque te los envie atrasados, te deseo lo mismo y que muy pronto ese nuevo libro tuyo sea todo un éxito.
Un poco a propósito de tu proyecto, te cuento que hace un par de semanas recibí otra carta de Tomasa. Aparte de contarme que se ha hecho muy amiga tuya, felicitaciones Viviana, insiste en mantenerme al tanto del progresivo deterioro de la salud de mi madre. No me pide que regrese, no; sólo quiere así me lo dice que «esté preparada para lo peor». Bueno, lo estoy.
Me pregunto cómo habrá sido el recuerdo que tenían de mi madre Aníbal y Amparo, quienes la conocieron seis y cuatro años antes que yo; quienes la conocieron, parcialmente al menos, antes que hubiera caído en ese pozo sin fondo de la casi total desesperanza y de una constante borrachera. Escribo casi, porque de mi época de adolescente, ya sin Amparo ni Aníbal cerca (Amparo muerta, Aníbal en Santiago), recuerdo algunos destellos luminosos de ella; luminosos, pero siempre irremediablemente fugaces y peregrinos.
Un día cualquiera parecía que se le despejaba la niebla del cerebro y ¡zas! ese día preparaba una deliciosa sopa de lentejas o de ajo. Otro día, algo pero no completamente borracha, se acordaba de los libros que tenía escondidos en una caja de zapatos al fondo del ropero, corría a buscarlos y me leía un poema de Agustini o de Lorca.
¿Se acordaría en ese entonces de ese libro de Espronceda que se dejó olvidado en su piso de Madrid y que yo, por casualidad y gracias a una media cajetilla de Ducados, descubrí 38 años más tarde?
Ahí está ahora, me dice Tomasa, ahora más que beber, fuma como contratada (yo también fumo muchísimo y beber, te confieso que con Xavier bebemos bastante). Fuma y balbucea obsesivamente recuerdos lejanos, me dice Tomasa, recuerdos de haber sido una centinela en una guerra lejana, no recuerda cuándo ni dónde; recuerdos de chavales asesinados. Recuerdos de Amparo montada en una vieja destartalada bicicleta azul, de yo misma corriendo por Avenida Prieto montada en ruidosos patines de acero.
Todos estos son detalles que Tomasa me describe uno por uno en cada una de sus cartas como si quisiera ser el hilo conductor entre los recuerdos confusos de mi madre y mi propia memoria que voy (re)construyendo aquí a 10 mil kilómetros de distancia y, sobre todo, a una distancia sideral en mi alma, o cualquiera que sea esa cosa que a veces siento que llevo dentro del pecho.
Siento rabia y miedo. Rabia porque ella no estuvo ahí cuando, sin ni siquiera darme yo cabalmente cuenta, más la necesitaba. Miedo cuando pienso en mí misma, atada a Labarca, primero; a Xavier, ahora, y entiendo, presiento, barrunto, lo fácil que sería convertirme en alguien como ella; lo frágil de esa línea que existe entre mi trabajo sereno y constante con Dolores en el salón de belleza y con Xavier en el Centro Comunitario; entre mi propio papel de madre de mis hijos Miguel y Paz, por un lado, y el abismo de mis dudas, de esa parte mía llena de fantasmas, de culpas y de vergüenzas, por el otro.
Aníbal, Amparo.
Son ellos los que murieron; son ellos los que lo perdieron todo y, sin embargo, aquí estoy yo, egoísta, centrada en mí misma, enroscándome en mi dolor, en mis pérdidas, buscando una reconfortante absolución en mis sesiones de terapia. Una absolución, me dice Eliana, que sólo podrá llegar cuando yo haga las paces conmigo misma. Oh, qué lejos me lo pones, querida Eliana.
Perdóname, Viviana, esta larga perorata... Pero, ¿con quién me desahogo, entonces? Sólo tú conoces a mi madre y a Tomasa. Sólo tú conociste a Amparo y a Aníbal. Fue contigo, amiga del alma, con quien rodé con esos patines de ruedas de acero por Avenida Lynch y por Avenida Prieto.
Un abrazo y muchos besos.
Monche
El celibato y la monogamia son una aberración*
Lavapiés, domingo 13 de marzo de 1983
Querida Viviana.
Elena está de vacaciones, podría escribirlo en mi diario; pero después de pensarlo, decidí compartirlo contigo.
Es sobre Dolores y yo..., bueno también sobre Xavier.
Dolores y yo estábamos en el bar Las Brujas, no es de lesbianas, pero es uno de esos bares de Chueca a los que van más mujeres que hombres; muy cerca de nuestro salón, en la calle Hortaleza. Habíamos bebido su buen poco; estábamos algo borrachas, nos reíamos por casi cualquier cosa, contándonos chascarros, aventuras del pasado y del presente; recuerdos de novios pretéritos; detalles de sus anatomías.
Algo que venía diciendo Dolores me estaba ya intrigando; entonces le pregunté: ¿Cómo es que tú sabes tantas cosas de Xavier? Dolores me miró sin poder contener la risa de amiga y me dijo: «Recuerda que he conocido a Xavier desde hace mucho tiempo antes que tú.»
Viviana, ¿dónde se me habían quedado todos esos años de clases de Religión y de Gramática. Me tomó más de medio minuto entender antes de echarme a reír.
Pretérito Perfecto: tiempo verbal que indica que una acción o situación comenzada en el pasado continúa en el presente.
Conocer: ...y Adán conoció a Eva.
Conocer: ...y Abrahán conoció a Sara.
Nos echamos a reír como locas como borrachas que estábamos las dos. No, no me sentí traicionada, nada de humillación; casi feliz que fuera Dolores con quien estaba compartiendo al hijo de puta de Xavier. En el fondo y a fin de cuentas, me sentí me siento liberada. Ya tengo la confirmación que no le debo nada a Xavier; ciertamente, no le debo fidelidad... No, no es eso; esa no es la palabra; es otra cosa. No le debo exclusividad. En ese instante, una atadura se rompió. Vacié de un trago lo que me quedaba en mi copa y llené la de Dolores y la mía otra vez.
Todo esto ocurrió hacer cerca de dos horas; ahora estoy en casa, sola; son las diez y media; Xavier anda en Zaragoza con Eusebio y Fernando, por un negocio dicen; Adara, mi vecina solidaria, ya se ha ido; Miguel y Paz duermen. Lo que haré de aquí en adelante está por verse. Mientras tanto, me estoy echando al cuerpo un último vasito de orujo (no hay vino en casa), voy a cerrar esta carta, e irme a dormir.
Un abrazo enorme y tres besos.
Monche
Ambigüedad y ambivalencia*
Lavapiés, domingo 13 de noviembre de 1983
Querida Viviana.
¿Te acuerdas de ese fin de semana que pasamos en la cabaña de tus padres en Caburga?
Teníamos 16 años; estoy segura que fue más o menos por estas fechas. El agua del lago estaba súper helada, pero igual nos zambullimos en pelota; creo que aguantamos medio minuto antes de salir corriendo del agua y refugiarnos del frío bajo una inmensa toalla tuya. Esa noche hubo luna llena.
Me acordé de ti, de nosotras, cuando leí una serie de poemas de Adela Solá, la madre de Xavier.
Esa noche en Caburga yo me había quedado en el cuarto que compartíamos en la cabaña escribiendo en mi diario; por la ventana te vi a ti abajo, no estoy segura si te alumbraba una lámpara o si era la luz de la luna... Pero sí estoy segurísima que en ese momento escribí en mi diario lo feliz y afortunada que era yo de tenerte como mi más querida amiga. Aquí va el poema:
No importa cuántas veces te mire
o no te mire.
De todas manera tú estás ahí
sentada a la luz de la luna.**
En esos días, además del colegio, claro, pasábamos mucho tiempo en la Calipso, pero desde que estoy aquí en Madrid cada vez que te recuerdo, las imágenes más fuertes que vienen a mi mente, a mis ojos, son esos días y esas noches en Caburga. ¿Visitas a menudo tu cabaña de Caburga? ¿Qué haces esas noches en tu cabaña de Caburga?
Hay algo que me fascina y al mismo tiempo me perturba en esta serie de poemas de Adela Solá. Esa cosa ambigua, ambivalente; no importa si ocurre esto o lo otro, de todas maneras... la vida sigue; o de todas maneras la vida prosiguió de otra manera.
Lee o escucha este otro poema (tienes que leerlo en voz alta para agarrarle el ritmo) de la misma serie, pero mucho más doloroso:
No importa cuándo o porqué te recuerde
o no te recuerde.
De todas manera caminaste solo
ese sendero de piedras afiladas.
Digo doloroso porque el poema me recordó a Aníbal...
No importa cómo yo lo recuerde, no importa cómo haya salido de tu cabaña después de esa noche, igual Aníbal caminó solo hacia su muerte.
Me perturba ese No importa.
¿Es que todo está ya determinado de una vez y para siempre como decía Ifigenia Gallardo, la profe de Filosofía? ¿Te acuerdas de ella?
En este poema Adela Solá afirma que los hechos son independientes de la memoria que tengamos de ellos. Vale. Pero, ¿no es acaso también verdad que se desvanecen..., que dejan de existir cuando los olvidamos? Cuando se censuran, cuando se obliteran y se expulsan de la Historia. En España o en Chile, ¿cuántas muertes olvidadas?
Adela juega conmigo. Tres páginas más adelante encuentro este otro poema... completamente contradictorio con el anterior.
No importa que te hayas ido
o no te hayas ido.
En mi recuerdo
siempre estás aquí conmigo.
Me recuerdo de cómo Aileen me decía que ausente la voluntad (y sus medios) de la Marcela del Quijote de aislarse del mundo para poder ser libre, la ambigüedad y la ambivalencia es otro camino posible.
Lucho con ese concepto.
Por un lado he buscado certezas, una barra segura de donde asirme, figuras paternales firmes me dice Eliana aunque a la postre, y a pesar de que las evidencias de ser lo contrario estaban presentes desde el principio, no resulten ser tales: no Labarca, tampoco Xavier.
Por el otro, siempre me ha fascinado esa exaltación de acercarme a lo incierto, a lo transgresivo, a jugar con el riesgo de lo que no puedo (y quizás tampoco quiero) controlar. Un juego peligroso en el que se mezclan los celos y las recriminaciones mutuas. Así estoy con Xavier: salvajemente amándonos y peleándonos en iguales proporciones día por medio.
Me ha perturbado darme cuenta como brutalmente me lo hizo ver Eliana esta tarde que las grandes decisiones que he tomado con él: preñarme, casarme, aunque no me arrepienta de ninguna de ellas, han sido decisiones de Xavier; nunca han sido decisiones completamente mías.
Déjame agregar un pequeño gran detalle. No tengo ninguna duda sobre lo feliz que me siento de ser la madre de Miguel y de Paz..., pero estoy segura de que estaría igualmente feliz y satisfecha si sólo fuera sólo la pareja de Xavier y no su esposa. Me aterra pensar que estaría más feliz e igualmente satisfecha si sólo fuera su pareja.
Abrazos y besos.
Monche
Cordillera Cantábrica*
Lavapiés, domingo 13 de mayo de 1984
Querida Viviana.
¿Dónde fue que leí eso de que la vida da vueltas en redondo? Las da, pero siempre con una diferencia. Aquí estoy de nuevo, vuelta a empezar. Pero, aunque la geografía sea la misma, no es el mismo sitio mental. Todavía es Madrid, pero ahora soy diez años más vieja, un poco, pero no necesariamente diez años más sabia, y tengo dos críos a mi cargo.
También tengo una buena y fiel amiga Dolores y un exmarido con quien, a pesar de haberme abofeteado, estamos tan de buenas él y yo como dos exs pueden estarlo. Aunque en un momento temí que no fuera así, ésta ha sido en verdad una separación amistosa, no como la que tuvo mi madre con su marido.
En poco más de tres meses cumpliré 31 años. Podría seguir trabajando eternamente a tiempo completo en el salón de Dolores; pero, sin quemar los puentes ni hundir las naves (con lo que demuestro mi parcialmente crecida sabiduría), he decidido aceptar un puesto a tiempo parcial con una ONG que trabaja por la preservación de osos, lobos y rebecos en la Cordillera Cantábrica.
¿Que qué se yo de lobos, osos y rebecos?
Nada, pero mi tiempo ayudando a los inmigrantes recién llegados a Madrid me ha enseñado cómo funcionan las instituciones tanto privadas como del Estado y esa es la experiencia que desean y la que yo llevaré a esta ONG. Además, querida Viviana, ya sabes que soy una chica lista. Antes de mi entrevista consulté una enciclopedia donde aprendí dónde estaba la Cordillera Cantábrica (está en el norte de España) y qué cuernos eran los rebecos (es un tipo de cabra silvestre, muy bonita, y tanto los machos como las hembras tienen cuernos como ganchos para defenderse) y así pasé el examen.
Un abrazo y dos besos.
Monche
** La estructura de los poemas de Adela Solá está inspirada en un poema real de Carmen Soto Feliú.
Última modificación: 18 de octubre de 2025.