Rumiaciones

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50 años de
Tres novelitas burguesas
de José Donoso

A veces vale la pena volver a leer —aunque sea saltándose uno que otro párrafo, una que otra página— novelas del pasado reciente como Tres novelitas burguesas (1973) de José Donoso.

De mis tiempos de estudioso de la narratología (relación terminada profesionalmente hace un cuarto de siglo) me queda la idea de que la lectura es siempre una lectura desde otros textos: lectura de una novela, de un cuento, de un poema, de un grafiti. Pero también lectura como la visualización de una película o de un cuadro colgado en una pared cualquiera; o como la audición de una pieza musical o de una canción de moda... o de los gritos destemplados de un grupo de manifestantes en la plaza pública.

Leer Tres novelitas... al trasluz de otras lecturas:

al trasluz de El discreto encanto de la burguesía (1972) de Luis Buñuel

...al trasluz de algunas de las páginas de Correr el tupido velo (2009) de Pilar Donoso

...al trasluz de lo que hemos leído en otro lugar sobre la gauche divina barcelonesa

...al trasluz de lo que leímos esta mañana en el diario.

Tres novelitas... apareció como un pequeño paréntesis entre dos de sus novelas mayores —entre El obsceno pájaro de la noche y Casa de campo. Estas dos últimas casi acabaron con su vida; la primera le generó una úlcera que lo llevó de urgencia a un hospital en Iowa antes de regresar a terminarla a Pollensa y a Barcelona; la segunda lo paralizó por años —desde el golpe de Estado hasta su lanzamiento el 2 de diciembre de 1978— aterrado de no poder terminarla nunca... y aterrado de no poder volver nunca al Chile de Pinochet si la terminaba y se publicaba.

Al final, los dos terrores resultaron ser superfluos. Terminó su novela de la dictadura con éxito y después de El jardín de al lado —la del exilio— pudo regresar a su querido y denostado Santiago donde años más tarde publicó La desesperanza, otra de sus novelas mayores. Entre medio le sobró tiempo, ganas, energía y humor para escribir ese magnífico divertimento que es La misteriosa desaparición de la marquesita de Loria. Ni en La misteriosa desaparición... ni en Tres novelitas... los personajes principales son chilenos.

Según nos informa su hija Pilar, en Barcelona, donde vivió con su familia entre 1969 y 1971, José Donoso alquilaba un piso en el barrio de Vallvidrera; muy cerca entonces de la casa de Pepe Carvalho, el detective creado por Manuel Vázquez Montalbán. Desde el cerro del Tibidabo tendría una muy buena vista de la ciudad. Allí terminó por fin El obsceno pájaro de la noche y conoció a Carmen Balcells, la agente de los escritores del boom que haría que su novela se publicara con Seix–Barral.

Barcelona desde el Tibidabo

Tres novelitas... está ambientada en Barcelona; sus personajes son catalanes; algunos quizás charnegos —llegados a Cataluña hace poco desde otras regiones de España. Franco todavía no se ha muerto (le falta poco) y entonces la mayoría se expresa preferentemente en castellano. Eso sí, todos son gente linda, todos serían parte de la gauche divine. Pilar Donoso nos los describe así:

En ese mismo tiempo viven en Barcelona Mario Vargas Llosa con su mujer, Patricia Llosa, que es mitad boliviana y pariente de mi madre. La amistad entre ellos se hace fuerte, se admiran mutuamente, y mi padre le pide a Mario Vargas Llosa que le escriba el prólogo de Coronación para una edición de bolsillo. Gabriel García Márquez también vive en Barcelona, pero mi padre, un poco celoso, creo yo, lo encuentra parco, menos y humano y amistoso que Mario. Además están Sergio Pitol y Jorge Edwards. Todos ellos se reunían constantemente durante el día para comer cualquier cosa en la Tortillería Flash–Flash y, por las noches, en las profundidades art noveau de la boîte Boccaccio. Eran la gauche divine del momento, las mujeres guapas y bien vestidas; los hombres, talentosos y muy sofisticados: Carlos Barral, el editor–poeta, y su mujer; los hermanos Moix, el arquitecto Oriol Bohigas y Rosa Regàs; Óscar Tusquets y su mujer, Beatriz de Moura; los hermanos escritores Juan, Luis y José Agustín Goytisolo; la fotógrafa Colita.

Pilar Donoso
Correr el tupido velo, p. 102.

En fin. Ahí están: quita esto, agrega fantasiosamente esto otro, los personajes de Tres novelitas...

De nuevo, Pilar Donoso:

Mi padre empezó a sentir la necesidad urgente de un cambio. Otro lugar, otra gente o simplemente estar solo. La gauche divine era muy gauche y demasiado divine para él. Sentía que no pertenecía completamente a ese grupo, pero los frecuentaba, los observaba divertido, armando en su cabeza lo que luego sería Tres novelitas burguesas.

Correr el tupido velo, p. 105.


A pesar del gran lanzamiento de El obsceno pájaro... la situación económica de Donoso continúa precaria y el ambiente barcelonés no termina de gustarle... Mágicamente en esos días descubre la pequeña aldea de Calaceite en Aragón; decide marcharse de Barcelona y termina comprando una casa en la aldea... lejos del mundanal ruido de la gauche... la que se transforma en uno más de sus temas novelescos... exagerados en la ficción, pero con raíces —diría él— en la realidad.

No he aprendido aún cuáles fueron las circunstancias en las que se conocieron por primera vez. Pero Pilar Donoso nos deja saber que en Calaceite su padre recibía a menudo la visita de Luis Buñuel cuya casa natal —en Calanda— estaba a sólo poco más de 50 kilómetros de distancia. Hablaban del aburrido y poco interesante cura del pueblo —joven y sin una sotana negra semi cubierta de polvo— y muy probablemente hablaban también de sus proyectos.

Separados 24 años en edad, cada uno a su manera —más corrosivo y con menos miramientos, Buñuel; más compasivo e irónico y con una cierta nostalgia, Donoso— ambos desdeñaban el ambiente de su común origen burgués. Aunque ninguno de esos proyectos se llevó a cabo, seguro que entre sangría y sangría hablaban de la posible filmación de El lugar sin límites o de una versión abreviada —sin la parte de los monstruos de La Rinconada que a Buñuel no le gustaba— de El obsceno pájaro.

Con el visto bueno de Fraga Iribarne y todo, al final El lugar sin límites no pudo filmarse en España debido al rechazo de la censura franquista opuesta a un personaje homosexual (faltaban tres años para que se muriera Franco y otros cinco más para que aparecieran Almodóvar y Bigas Luna entre muchos más). Sin embargo, fue filmada en México en 1978, dirigida por Arturo Ripstein con un guion de Donoso con la colaboración de José Emilio Pacheco y Manuel Puig.

En mayo de 1972, Buñuel comenzó la filmación de El discreto encanto de la burguesía y en la última página de Tres novelitas..., podemos leer que sus fechas de escritura van desde septiembre a octubre de ese año, aunque con toda seguridad Donoso comenzó a diagramar su trama y sus personajes desde mediados del 70 mientras todavía vivía en Barcelona. Tres novelitas... fue lanzada a comienzos del 73 y está dedicada a los neoyorkinos Gene y Francesca Raskin quienes puntualmente financiaban cada mes su estadía en Calaceite.

Su contemporaneidad y sintonía son perfectas.

Ambas tienen por blanco a la alta burguesía; ridicularizar y desarticular sus protegidos modos de vida lanzándolos al caos, a la locura, al absurdo surrealista de una caminata sin fin ni propósito o al transformarse en otro como única vía de escape de la enajenación consumista, de la hipocresía y del narcisismo de la celebridad que conlleva la belleza corporal, la ropa de marca, la gastronomía sofisticada y el éxito social, económico y, como correlato, el sexual.

El título completo de la película de Buñuel podría haber sido:

El discreto encanto de la burguesía, sus desencantos y sus pesadillas...

Un poco largo, pero preciso.

Aunque desencantos habría que tomarlo aquí en su sentido más irónico y de mofa. Esta ridícula pandilla de burgueses termina desencantada, porque no pueden copular tranquilos sin que el timbre de la puerta no los interrumpa y porque absurdamente todas sus tentativas por cenar juntos fracasan, ya sea porque el dueño del restaurante se ha muerto, porque el lugar es invadido por soldados o por terroristas o porque al restaurante se le ha acabado el té y el café.

El discreto encanto de estos burgueses no es ni tan encantador ni discreto; son traficantes de drogas duras, asesinos y vomitan por la ventanilla del coche después de haber bebido demasiados martinis, correctamente eso sí de a pequeños sorbos y en una copa cónica como corresponde. El mundo creado por Buñuel es absurdo y divertido, aunque también —tengamos cuidado— goyescamente perturbador, subrayo esta última palabra, exagerado y esperpéntico de principio a fin.

Es también una mejorada continuación de El ángel exterminador de 1962 con las escenas repitiéndose una tras otras con pequeñas variaciones una y otra vez estimulando nuestra sonrisas y expectaciones, y donde ni los personajes ni nosotros estamos seguros cuándo están viviendo una pesadilla y cuándo sobreviven su desarticulada vida real. Sin demasiada empatía de sobra, Buñuel afirmó en algún lugar que sus personajes favoritos en esta película eran las cucarachas.

Donoso, recordemos, despliega una estrategia diferente. Tres novelitas... son —claro— tres historias independientes, pero entrelazadas —“Chatanooga Choochoo”, “Átomo verde número cinco” y “Gaspard de la Nuit”— con los personajes de una apareciendo, vistos desde otro ángulo, en la siguiente y con nuevos acompañantes.

La primera toma su nombre del Fox Trot compuesto por Harry Warren con la letra escrita por Mack Gordon y hecho famoso por Glenn Miller en 1941; la segunda es el título de un cuadro abstracto hecho por Roberto Ferrer, dentista de profesión y pintor aficionado, además de ser el protagonista del cuento; la tercera toma su título de la difícil pieza para piano compuesta por Maurice Ravel y silbada obsesiva —y virtuosamente— por el protagonista adolescente con el mismo nombre bautismal del creador francés.

Sí. ¿Por qué no?
También podemos leer Tres novelitas... desde Nada de Laforet y/o desde Biutiful de González Iñárritu y/o desde La plaza del diamante de Mercè Rodoreda (1962).

Para la gente linda —para la gente de la gauche divine de “Chatanooga Choochoo” y de las otras historias de Tres novelitas... el barrio barcelonés de El Raval —al que una vez se aventuró Andrea, la protagonista de la importante novela Nada (1945) de Carmen Laforet y donde años después vivía Uxbal, el protagonista de Biutiful (2010) de Alejandro González Iñárritu— entonces de cabarets baratos y del comercio sexual callejero y ahora (2020) también de pobres inmigrantes chinos y senegaleses, no existe. No tiene cabida en su horizonte mental.

Quizás tengan algún amigo algo excéntrico —pintor o poeta— que viva en el Gòtic, pero para de contar.

¿Ir de compras o visitar Vallvidrera?

¡Ay, Dios! Por favor, no.

Dondequiera que vivamos nosotr@s, podemos reconocer los barrios, quizás semejantes a los vuestros (no al mío), en los que viven estos personajes. De ahí la vigencia de Tres novelitas...

Ellos son del Ensanche; o mejor, son del Putxet, de cualquiera de los barrios del Sarriá–San Gervasi o, mejor aun, de una nueva urbanización de las afueras, hacia las montañas... como Ramón del Solar y Sylvia Corday, los anfitriones de Anselmo Prieto en “Chatanooga Choochoo”.

Al releer Tres novelitas... hace un par de meses —la leí por primera vez en enero del 82 cuando pude comprar la novela en Washington D.C.— recordé un chiste que hace un tiempo me contó mi amigo Ken Kaminsky.
Una mujer le dice a su marido:

—Cariño, voy a contarte algo que te pondrá muy contento, pero quizás también algo triste.

—Anda, dímelo —le contesta el marido.

—De todos tus amigos, tú tienes la polla más larga.

En el mundo de Tres novelitas... hay mujeres fuertes y decididas como Raimunda Roig. Pero fundamentalmente el mundo de la gauche divine re–creada por Donoso es un mundo dominado por los hombres y en el que las mujeres son un bello objeto accesorio, un trofeo. Ya nos lo dijo Pilar Donoso. Volvamos a la cita: «... eran la gauche divine del momento, las mujeres guapas y bien vestidas; los hombres, talentosos y muy sofisticados».

Mmm.

En “Chatanooga Choochoo”, Anselmo Prieto tiene una noche de amor adúltero con Sylvia Corday. Todo un poco inusual (recién se habían conocido en una fiesta la noche anterior, Anselmo estaba de visita en la urbanización de Sylvia; su mujer, Magdalena, se había quedado en casa con los niños; Ramón, el marido de Sylvia se había ausentado tras una llamada urgente desde Barcelona) pero razonablemente normal.

Sólo que al despertar y después de varios otros incidentes imprevistos, Anselmo siente ganas de orinar y al ir al baño comprueba con horror que “se había desvanecido aquello que [le] acababa de procurar tanto placer con Sylvia y que tanto placer le había procurado a ella. Simplemente no estaba... Vanishing Cream. Crema de desvanecer, de hacer desvanecer, de borrar, de limpiar, de dejar vacío, sin rostro, sin sexo, sin arma de ninguna clase con que herir o defenderse o procurarse placer.” (Mi énfasis.)

Yup, su sexo, su polla, es de quita y pon. Allí donde debería estar hay un botón.

Sylvia la ha guardado cuidadosamente en un maletín negro y en sus planes está devolvérsela a Magdalena esa misma tarde... sólo que se confunde y, por equivocación, le devuelve la de Ramón.

Sylvia y Magdalena se hacen amigas y se divierten bebiendo y cotilleando juntas.

¿Qué mejor cosa que poder hacer el amor con el marido de siempre, aquel a quien ya le conoces bien sus gustos, sus recovecos mentales, sus manías, sus pequeñas inseguridades, sus zonas erógenas —ahí— que lo vuelven loco..., pero equipado, de vez en cuando, con la polla del amigo; esa que tú sabes que te parece mejor... y que, de vez en cuando, para variar en algo, te gusta más?

A ellos puede que no les guste el intercambio; a nosotras, sí.

“Chatanooga Choochoo” es una divertida historia fantástica surrealista... o una historia de horror; depende desde dónde la leas. Fantasía, surrealismo y horror con el que Donoso comienza a desarticular ese bello mundo de la gauche divine barcelonesa de fines de los sesenta.

Continúa así de divertida —o angustiosamente perturbadora— hasta el fin.

En “Átomo verde número cinco”, la segunda historia, Donoso introduce el caos y la incertidumbre por otro lado. Allí el asunto es lo que les espera a una pareja divinamente perfecta, Roberto Ferrer y a Marta Mora quienes, al acabar de pasar la línea de la cuarentena, han logrado “arreglar y alhajar [su] hogar propio de modo que refleje con rigor [su] gusto propio y [su] personalidad”.

A Roberto y a Marta sólo les quedan dos pequeños asuntos por decidir: dónde colgar “Átomo verde número cinco”, el cuadro de su confección que Roberto le ha regalado a Marta, y qué destino darle a un último cuarto vacío en ese flamante piso nuevo.

Vale la pena volver a leer Tres novelitas..., (o leerla por primera vez si no la leíste hace 50 o 40 años), porque todavía es divertida y relevante.

La gauche divine de hoy —en cualquier ciudad del mundo en que se encuentre— seguramente será menos gauche que la de los sesenta y con certeza todavía será insufriblemente muy divine.

Más eclécticos, probablemente leen a Michel Houellebecq, a Javier Marías, a Irene X, a Rob Riemen, a Susann Maria Enzensberger y mal entienden a Slavoj Žižek.*

Ambas decisiones pueden esperar; no hay prisa. Por ahora se trata de disfrutar en armonía esa sublime y completa felicidad conyugal; esperar con paciencia, piensa Roberto, que pronto Marta entienda realmente lo que ese cuarto vacío significa para él.

Sólo que al día siguiente, un hombre que dice ser el hermano del portero toca la puerta, pide que lo inviten a pasar, entra y tras alabar la belleza del piso, coge “Átomo verde número cinco” y se lo lleva, sin que Roberto atina a decir ni a hacer nada.

Pasado su asombro, Roberto se da cuenta de que la acción de ese intruso, tal es la palabra precisa, es sólo el principio de algo atroz y amenazante.

Roberto se da cuenta de que él Marta están en peligro. Se da cuenta de que debe hacer algo so pena que sobrevenga el completo caos y se desintegre su bello y ordenado mundo... Con calma, claro, porque también “es una verdad universalmente reconocida” que, aunque sea un buen y ordenado burgués, un hombre asustado puede llevar a cabo actos terribles.

De las tres historias, “Gaspard de la Nuit” es mi favorita.

Aquí encontramos el tema del Doppelgänger, el del doble, el del desdoblamiento. Mauricio, quien vive con su padre y su abuela en Madrid, visita a su madre Sylvia Corday en Barcelona. Ya sabemos que este adolescente de dieciséis años y que viste ropa incolora silba virtuosamente a Ravel. No hay nada más que le interese mayormente; a Mauricio no le interesa el mundo de la gauche. Mauricio simplemente quiere ser otro... y lo logra.

Vale.

Tres novelitas burguesas está ahora disponible publicada por Alfaguara tanto en papel como en versión digital.
Fue publicada en inglés el año 1977 por Knopf, traducida por Andrée Conrad con el título Sacred Families.
Probablemente agotada (out of print), pero disponible en algunas bibliotecas.

* Si has tenido alguna dificultad en identificar a la tal Susann Maria Enzensberger es porque ella es un personaje ficticio.
La he introducido aquí en recuerdo y homenaje a mi profesor, y luego colega y amigo, Andrés Gallardo (1941–2016), cuyo personaje Rojitas de su novela Cátedras paralelas (1985), un profesor de teoría literaria, despedido sin explicaciones durante la dictadura, solía mencionar en sus conversaciones a un investigador ficticio —como Susann Maria Enzensberger— para cazar a incautos que pretendían conocer muy bien al ficticio personaje en cuestión y estar al tanto de sus ideas literarias. Dueño de una exquisita ironía y sentido del humor, muy probablemente, Andrés hacía lo mismo que Rojitas en sus conversaciones con académicos vanos y presumidos.

También es un homenaje —guiñada de ojo— a Hans Magnus Enzensberger (1929 – 2022) poeta, ensayista, traductor y editor. Su libro Tumulto (ensayo, memorias, autobiografía, irónico diario de viaje de los sesenta...) —junto a varios otros— está disponible en castellano.


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