Rumiaciones

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El primer deseo

En Dolor y Gloria, Eduardo se desnuda y se da un baño

El cuerpo y la polla de Eduardo.
Junto al beso de despedida de Salva y de Federico, una de las más bellas escenas de Dolor y Gloria es la homoerótica secuencia en la que Eduardo, luego de terminar el dibujo que ha hecho de Salva niño, se desnuda y se baña. La ambigüedad de la actitud de Eduardo —inocente e ingenua negligencia o deliverada exposición— frente a Salva es un buen tema de conversación (me consta que ha ocupado una buena parte del tiempo en algunas tertulias), aunque no creo que sea el más importante.

Lo que sí es seguro es que la fiebre de Salva no se debió sólo por haberse expuesto por demasiado tiempo al sol. Salva está deslumbrado por la belleza del cuerpo de Eduardo.

¿Quién podría culparlo?

Frecuentemente los personajes de Almodóvar —Manuela (Cecilia Roth), Huma Rojo (Marisa Paredes), Agrado (Antonia San Juan), Nina (Candela Peña), Rosa (Penélope Cruz)... de Todo sobre mi madre, por ejemplo— hablan constantemente de pollas. Sin embargo, de entre las últimas películas de Almodóvar, es sólo en Dolor y Gloria donde, por fin, detenidamente vemos una... y con bono agregado más encima.

Me explico.
En otras películas hispanoamericanas recientes, como en Gloria de Sebastián Lelio o en Roma de Alfonso Cuarón, el pene de Rodolfo y el pene de Fermín no son el punto focal ni de los personajes, ni de la cámara y mucho menos —creo— de nosotros. La desnudez de Rodolfo y la de Fermín son... accidentales, transitivas: están allí en función de otra cosa; el coito en Gloria; mostrar la destreza con las artes marciales de Fermín, en Roma.

En Dolor y Gloria, en cambio, el cuerpo desnudo de Eduardo, y su polla, es intransitivo; está allí en sí mismo. Al ocupar por abundantes segundos el centro del fotograma, es el punto focal de la cámara y así el punto focal de nuestra mirada y, ciertamente, el punto focal de la mirada de Salva, quien, desde su cama y con fiebre, lo observa —lo desea— fascinado por ésta, su primera experiencia homoerótica; el primer deseo, como escribe y filma ahora, en el presente de la narración, el Salva adulto, luego de sacudirse años de modorra, de auto compasión, de analgésicos, de ansiolíticos y de seca literaria.

Cincuenta años más tarde, Salvador descubre en una galería de arte popular y anónimo el dibujo que le hizo Eduardo

Dolor y Gloria no es sólo una historia nostálgica, doblada sobre sí misma y vuelta narcisísticamente hacia el pasado. También es una historia de reconciliación; reconciliación de Salvador con Alberto, reconciliación —reencuentro— de Salvador con Federico y, finalmente, una reconciliación de Salvador consigo mismo.

Después de la visita de Federico, Salvador deja la heroína y busca ayuda... También, entonces, escribe.

Escribe y roda la película “El primer deseo” que, protagonizada por Penélope Cruz y el muy joven Asier Flores, ya hemos empezado a ver nosotros fusionada con la realidad del Salvador adulto (Banderas). Liberado de su estupor auto compasivo, Salvador se ha sacudido la apatía y el desgano, ha hecho suyas las palabras de Zulema (Cecilia Roth) del comienzo y ha comenzado a ver, ahora sí, su pasado con ojos renovados:

Salvador: El cabrón nunca hizo el personaje que yo le había escrito. Entonces quería matarlo. Pero realmente no le guardo rencor. Vista ahora [Sabor], su interpretación está mejor que hace treinta años.

Zulema: Son tus ojos los que han cambiado, cariño. La película es la misma.

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