Rumiaciones

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Paula Modersohn–Bécker
(1875 – 1907)

Rainer, of course, knows more than Otto knows,
he believes in women. But he feeds on us,
like all of them. His whole life, his art
is protected by women. Which of us could say that?
Which of us, Clara, hasn't had to take that leap
out beyond our being women
to save our work? or is it to save ourselves?
Adrienne Rich
Paula Becker to Clara Westhoff

El peinado podría ser un poco menos severo. ¡Qué fuerte esa raya al medio! Pero me gustan sus cejas tupidas y me encantan esos tremendos ojos redondos con los que me mira intensamente sin timidez ni cuidado, con sinceridad; como si nos conociéramos desde siempre...

Se sonríe a medias, como si todavía no se decidiera a hacerlo. Eso me intriga; me gustaría saber más, me gustaría saber en qué está ella pensando cuando me mira, qué impresión le doy.

Me gustan esas grandes cuentas de su collar de abalorios, me pregunto si no le pesan; el collar aparecerá en varios otros de cuadros; quizás porque le gusta mucho.

Más probablemente porque no tenía otro.

Aunque no tanto como su gran amigo Rainer Maria Rilke, Paula Bécker fue pobre.

Ahora los estudiosos dicen que Paula Modersohn–Bécker (su nombre completo luego de casarse —en parte para escapar de la pobreza e inestabilidad— con el pintor Otto Modersohn), fue una de las figuras más importantes del expresionismo alemán, pero en vida no vendió más de cinco de sus cuadros.

Los conservadores de los museos han titulado este cuadro “Autorretrato con camelias.” A mí me parecía que eran hojas de albahaca. De todas maneras, la rama me parece una ofrenda. Danke schön —le digo.

¿O es ella quien la ha recibido de mí?

¡Por eso es que sonríe!

Bitte schön!

Paula Modersohn–Bécker murió joven, el 21 de noviembre de 1907, a los 31 años, en Worpswede, una localidad cercana a Bremen. Había nacido en Dresde el 8 de febrero de 1876.

Rilke, quien escribió el poema “Réquiem por una amiga” en su memoria, siempre creyó que Paula Modersohn–Bécker murió de fiebre puerperal; en realidad fue de una malamente tratada trombosis... eso sí pocos días después de parir a su hija Mathilda.

Rilke se lo debía —habían sido confidentes epistolares y profundos amigos— y ella había pintado su retrato mientras vivían en la colonia artística de Worpswede. Allí, Paula Modersohn–Bécker conocería a Otto –el fundador de la colonia— y también a la que llegaría a ser su gran amiga y compinche (vivieron juntas en Francia), la escultora Clara Westhoff, quien luego sería la mujer de Rilke.

A la manera de Cézanne, de quien recibió una fuerte influencia, Paula Modersohn–Bécker es conocida por sus naturalezas muertas, paisajes y, especialmente por sus retratos; incluyendo sus desnudos femeninos —autorretratos.

En su Paula Modersohn–Bécker, The First Modern Woman Artist (2013), la historiadora de arte Diane Radycki afirma que Modersohn–Bécker fue la primera artista mujer en pintar desnudos de mujeres... aunque digamos que a la zaga de Artemisia Gentileschi (1593 – 1656) quien así las retrató en cuadros de escenas bíblicas o mitológicas, pero no en cuanto mujeres reales de carne y de hueso, como lo hizo Modersohn–Bécker.

De una manera que creo muy rilkiana, los desnudos de Modersohn–Bécker, más que sensualidad y erotismo, y en contraste con su muy contemporáneo “Desnudo en Azul” de Cézanne, trasudan naturaleza, el bosque y el brote de las flores.

Los desnudos de Modersohn–Bécker son de una desnudez y una sexualidad doméstica y edénica. Una sexualidad “en su sentido amplio y limpio, sin haber sido contaminada por la falsedad eclesiástica” como la describía Rilke en Cartas a un joven poeta. Sin asomo de voyeurismo; sin afeites, sin idealizaciones, sin vergüenzas, Modersohn–Bécker simplemente pinta el cuerpo.


Por supuesto, hay muchísimo más en el tintero que explorar sobre la vida y la obra de Modersohn–Bécker. Su profundo interés por retratar las circunstancias de vida de los campesinos pobres de Worpswede que la lleva a pintar no paisajes sino “gente que olía a turba y a estiércol y tenía tierra debajo de las uñas” (Hubbard, 2012) sería lo primero...
...que pocos años después todo ese amor por la naturaleza y el bosque se transformara en el espíritu alemán en un rabioso nacionalismo xenófobo es harina de otro costal que poco tiene que ver con Modersohn–Bécker cuyo arte para entonces el nazismo había declarado “arte degenerado,” lo segundo. Y hay más.

Además de los libros de Diane Radycki y los de otros estudiosos publicados en inglés (en alemán hay montones), en castellano se encuentra Paula Modersohn–Bécker de Doris Hansmann (Könemann, 2020).

Desde otra perspectiva, la novela (en inglés) Girl in White de Sue Hubbard (Pushkin Press, 2012) es una magnífica entrada —ficcionalizada— a la obra de Modersohn–Bécker, a sus luchas por conseguir reconocimiento e independencia, y a su intensa relación con Rilke y Clara Westhoff.


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