Rumiaciones

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Mujica

M i amiga Elena quería que incluyera en mis booklets de las tertulias una sección sobre el Uruguay sólo —o principalmente— con el propósito de tener una buena excusa para decir algo sobre José Mujica.

José Mujica
Foto: PrototoplasmaKid. Creative Commons

Después de haber sido un tupamaro y de pasar once años en prisión, José Mujica fue Presidente del Uruguay... No era ya un marxista–leninista que seguía de cerca la práctica de la malamente concebida teoría foquista de Ernesto Che Guevara, sino un... liberal en el mejor sentido posible de la tan malamente —uso el mismo adverbio de nuevo— usada palabreja: democracia, alternancia en el poder, lucha por disminuir la desigualdad, afirmar la justicia social, los derechos civiles y culturales. Vale: durante su presidencia se legalizó en Uruguay el uso recreacional de la marihuana. Más importante..., Mujica no se creyó ni profeta ni mesías; no aspiró a eternizarse en la presidencia, ni con segundos términos ni con reformas constitucionales que permitieran su reelección ad infinitum. No hizo lo que está haciendo Daniel Ortega en Nicaragua ni lo que intentó Evo Morales en Bolivia... para no mencionar a otros líderes famosos y santificados... ya muertos y sepultados.

En la foto Mujica parece un fulano bonachón y amable, de esos con los que nos gusta —a mí me gustaría— tomarnos una copa de vino (o una cerveza) y compartir una tortilla de patatas (o de papas) con unas pocas lonchas de jamón serrano... sin necesidad de hablar de nada serio si no tenemos ganas de hacerlo.

Leo en Wikipedia que en 2005, Mujica se casó con Lucía Topolansky, su pareja por muchos años y en el pasado tupamara como él, y que ahora son dueños de una pequeña granja situada en las afueras de Montevideo en la que producen crisantemos. Wikipedia dice también que Topolansky era senadora durante el periodo en el que Mujica fue presidente y que ambos vivían en un pequeño apartamento alquilado por ella en el centro de la ciudad dado que Mujica rehusó vivir en el Palacio de Gobierno, demasiado grande para una pareja sin hijos, según ella. Que Mujica renunció al 90% de su salario de Presidente y que vivían con el 10% restante más el sueldo de Topolansky. Que Mujica iba todos los días de trabajo a su oficina en el Palacio de Gobierno, conduciendo él mismo su viejo Volkswagen Escarabajo 1987, obedeciendo las leyes de tránsito como cualquier otro ciudadano.

Wikipedia no dice nada acerca de cuántos otros coches o motocicletas del cuerpo de seguridad rodeaban o seguían de cerca al escarabajo.
Cinismo aparte, quizás no era necesario.

...y para hablar de Uruguay

Además de Juana de Ibarbourou...

de la poesía erótica de Delmira Agustini...

de la incómoda y perturbadora literatura gótica de Horacio Quiroga...

del profundamente querido Mario Benedetti...

del menos querido, pero profundamente admirado Juan Carlos Onetti...

de Alfredo Zitarrosa y de Daniel Viglietti...

de Rubén Rada y de Jorge Drexler...

de Peñarol...

...está La Cumparsita.

Portada de la partitura de “La Cumparsita”.

“La Cumparsita” —de comparsa, grupo de personas que participa en un desfile de carnaval— es un tango creado a principios de 1916 por el músico uruguayo Gerardo Matos Rodríguez (1897 – 1948) con arreglos luego a cargo del argentino Roberto Firpo (1884 – 1969). Inicialmente fue una marcha creada para la comparsa de carnaval de la Federación de Estudiantes del Uruguay que se llevaría a cabo ese año.

Se dice que el título —con una “u” en vez de una “o”— fue un chiste o broma cruel de Matos Rodríguez, aludiendo a la pronunciación defectuosa de comparsa por parte de uno de sus amigos que hablaba en cocoliche.

El cocoliche era la pronunciación dialectal del castellano porteño por parte de la primera generación de inmigrantes italianos. El gran Enrique Santos Discépolo (1901 – 1951) escribió un buen número de sus tangos en cocoliche. Soy lo suficientemente viejo como para tener amigos argentinos y uruguayos cuyos padres o abuelos hablaban en cocoliche.

Al principio, La Cumparsita solo era musical; sin letra. Luego, además de una primera canción escrita por Matos, ha llegado a tener cuatro o cinco más. La creada por Pascual Contursi (1888 – 1932) con el título “Si supieras” es la considerada “oficial” y es la que cantaba Gardel..., pero ¿quién en realidad puede decidir con autoridad tamaña cosa?

La Cumparsita es el tango más conocido y reconocible de todos y, por supuesto, ha habido múltiples disputas sobre su autoría y sobre los derechos de autor. En 1998 el Congreso uruguayo la declaró himno popular de Uruguay.

...y la milonga?

...la milonga no es exactamente una versión rural o campesina del tango, aunque por ahí anda... Pero una milonga es también el lugar donde se baila tango... en Buenos Aires, en Minneapolis, en Londres, en Madrid o en Budapest. Y un librito que habla muy bien de estas milongas es... Milongas del argentino Edgardo Cozarinsky, autor también de la novela Lejos de dónde y de muchas más. Creo que Milongas está agotado en castellano, pero hay una muy bella versión en inglés con el mismo título disponible en varias librerías independientes (y también en Barnes & Noble), con lo que podemos ahorrarnos la aberración de comprarlo en esa gigantesca y monstruosa tienda propiedad de Jeff Bezos...

Portada de “Milongas” de Edgardo Cozarinsky.

Sí, claro; en la foto vemos a hombres bailando entre sí, porque —lo sabemos— con tantos inmigrantes nuevos, a comienzos del siglo XX había muchos más hombres que mujeres en Buenos Aires... De ese modo, la prostitución debía de ser un muy buen negocio... y El rufián Moldavo (The Moldavian Pimp), otra novela de Edgardo Cozarinsky, es una excelente y conmovedora entrada a ese mundo de corrupción, de soledad y de desarraigo en esa época de la vida bonaerense, focalizada allí, en la novela del rufián, en un grupo de inmigrantes judíos.

Por otra parte, los ambientes descritos por Cozarinsky en Milongas son mucho más sofisticados, sin asomo alguno de chulería. Al parecer, a Edgardo Cozarinsky le encanta bailar tango y probar su suerte de bailarín, midiéndose con otras de las ocasionales o habituales tangueras asistentes a esos divertidos y glamorosos locales.

Mientras tanto, escuchemos mi versión favorita de La Cumparsita.
La orquesta es la de Juan D'Arienzo (Buenos Aires, 1900–1976)... con el estilo de “la guardia vieja”: 2 x 4 y fuertes y claros staccatos.





Otras de las grabaciones notables de D'Arienzo son las de El choclo, la de Quejas de un bandoneón y la de A media luz.
Están disponibles en iTunes... Te aliento a que escuches (y compres como lo hecho yo) el CD completo.

...y el bandoneón?

Bandoneón

El violín, el piano, la guitarra, la flauta, el mandolino, el arpa, la armónica y el acordeón, son —han sido— instrumentos del tango. Pero el que le da su carácter único y distintivo —triste, meláncólico y trágico— es el bandoneón. No es casualidad que cuando el tango andaba moribundo y con un alto riesgo de extinguirse se revitalizó como nunca en virtud de la acción de Piazzolla. Astor Piazzolla le dejó al tango el piano como acompañamiento y contrapunto, pero le quitó sus letras y hasta las ganas de bailar —los tangos de Piazzolla son más para oírlos que no para bailarlos— y así lo revitalizó volviéndolo a su esencia: el bandoneón.

Mmm. Quizás con eso de la esencia haya que irse con un poco de cuidado.

Héctor Benedetti en su Nueva historia del tango escribe que el vínculo firme entre el bandoneón y el tango es relativamente tardío: un poco antes de 1910. Antes, los instrumentos preferidos del tango —para formar un trío o un cuarteto— eran el violín, la flauta, la guitarra... y el piano o el arpa. Yeah..., pero ahora un tango sin el bandoneón... no es un tango, creo. El tango adoptó al bandoneón como a un pebete... y ahí comenzó ese interminable berretín.

Bandoneón arrabalero...

Bandoneón arrabalero

viejo fueye desinflado,

te encontré como a un pebete

que la madre abandonó,

en la puerta de un convento,

sin revoque en las paredes,

a la luz de un farolito

que de noche te alumbró.

Bandoneón

porque ves que estoy triste

y cantar ya no puedo,

vos sabés

que yo llevo en el alma

marcao un dolor.

Te llevé para mi pieza

te acuné en mi pecho frío...

Yo también abandonado

me encontraba en el bulín...

Has querido consolarme

con tu voz enronquecida

y tus notas doloridas

aumentó mi berretín.

Me niego a usar el verbo homófobo que eligió Borges para expresar lo que Gardel le hizo al tango; pero es verdad que con las letras de Alfredo Le Pera —a su modo buenas y merecidamente exitosas como lo son— Gardel lo sentimentalizó —ahí está mi otro verbo— o, mejor aun, Gardel lo aburguesó, quitándole su rebeldía, su picantosa obscenidad y su desafiante marginalidad. Así lo hizo casi banal. Nada casual, quizás, si ese proceso se correspondía también con el paso desde una manga de inmigrantes pobres, ruinosos y recién llegados, cobijándose a la diabla en suburbios y en burdeles, a unas decentes familias que poco a poco se iban asentando en modestos barrios de clase media y trabajadora.

En contraste, aquí va uno de esos otros tangos, uno de esos tangos marginales, misóginos, pendencieros y de rufián...


Soy hijo de Buenos Aires

me llaman el porteñito

el criollo más compadrito

que en esta tierra nació.

Cuando un tango en la vigüela

ensilla algún compañero

no hay nadie en el mundo entero

que baile mejor que yo.

Soy terrible para el tango

y pa' engrupir una mina

si la juno en una esquina

le hago un corte y se acabó.

Y si alguno, compañero,

quiere copar la parada

yo le hago una compadrada

y se tiene que piantar.

Soy terror de los franelas

cuando en un baile me meto,

porque a ninguno respeto

cuando llega la ocasión.

Y si alguno se retoba

queriéndose hacer el guapo

lo mando de un castañazo

a buscar quien lo engendró.

No hay ninguno que me iguale

pa' enamorar las mujeres,

puro hablar de pareceres,

puro filo y nada mas.

Y antes de hacer la encanada

la fileo de cuerpo entero

asegurando el puchero

con el vento que dará.

Ángel Villoldo (1903)
“El Porteñito”

Glosario lunfardo
ensillar: enojar
engrupir: embaucar, engañar
mina: mujer
junar: mirar disimuladamente
hacer un corte: cortejear
copar: intervenir
parada: apuesta
compadrada: acción propia del compadre.
piantar: huir
franela: persona que vive a costa de los demás, que no gasta su propio dinero
retobarse: enojarse
castañazo: golpe con el puño
filo: cuento, embuste, palabrería
encanada: asociación
filear: evaluar
vento: dinero

Mucho tiempo después del de Villoldo y, aunque de otra manera, todavía en contraste con los de Alfredo Le Pera, están los tangos de Discépolo: ¿Qué vachaché? (1926), Esta noche me emborracho (1927), Chorra (1928), Soy un arlequín (1928), Malevaje (1929), Yira, Yira (1930), Cambalache (1935), Uno (1943)... Aproximadamente de la misma época de los de Le Pera —quien murió junto con Gardel un 24 de junio en ese accidente aéreo en 1935—, pero diferentes.


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