Rumiaciones

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Una vuelta a Heberto Padilla (1932 – 2000)

Dicen los viejos bardos

No lo olvides, poeta.

En cualquier sitio y época

en que hagas o en que sufras la Historia,

siempre estará acechándote un poema peligroso.

Fuera del juego (1968)


Yup.
Aquí está Padilla escribiendo Historia —la palabra historia— con esa poderosa y solemne hache mayúscula..., una Historia (historia–historia; esa cosa que pasa) de la que —como lo dice el título de su poemario— él quiere dar un paso al lado y ponerse al margen; Padilla quiere jugar a otra cosa.

Si este pequeño poema de cuatro versos tiene ya cara de manifiesto, echémosle una mirada a este otro —Poética— que tiene que ver con los peligros de decir la verdad, sobre la pluri valencia de la verdad o, simplemente, sobre la manera de escribir poemas.

De cualquier modo, ya parece una forma de protesta y, considerando las circunstancias en las que se publica y se premia, una forma de provocación y, ciertamente, una forma de llamar la atención:



Poética

Di la verdad.

Di, al menos, tu verdad.

Y después

deja que cualquier cosa ocurra:

que te rompan la página querida,

que te tumben a pedradas la puerta,

que la gente

se amontone delante de tu cuerpo

como si fueras

un prodigio o un muerto.

Fuera del juego (1968)

A menudo encontramos en los poemarios de los poetas un poema con ese horaciano título —Poética o, mejor, Ars Poetica— que funciona como una declaración de principios..., como un manifiesto o como una aspiración de escritura. Así, el chileno vanguardista Vicente Huidobro (1893 – 1948) escribe a manera de consejo o de admonición a los Poetas, así con pe mayúscula, (como Dios y como Sol):

Arte poética

Que el verso sea como una llave

Que abra mil puertas.

Una hoja cae; algo pasa volando;

Cuanto miren los ojos creado sea,

Y el alma del oyente quede temblando.


Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;

El adjetivo, cuando no da vida, mata.


Estamos en el ciclo de los nervios.

El músculo cuelga,

Como recuerdo, en los museos;

Mas no por eso tenemos menos fuerza;

El vigor verdadero

Reside en la cabeza.


Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!

Hacedla florecer en el poema;

Sólo para nosotros

Viven todas las cosas bajo el Sol.


El poeta es un pequeño Dios.

El espejo de agua (1916)



Con su gusto por dispararle a casi todo, Padilla no resiste la tentación y le contesta a Huidobro con otro poema... o, si se quiere, con otra declaración de principios o quizás sólo sea un chiste casi parriano:

No pudimos hacerla florecer en el poema

y la dejamos en el jardín

que es su lugar natural.

Homenaje a Huidobro
Fuera del juego

¿Por qué Padilla ahora, Pelao?

Porque siento que viene al caso.
Con todo el ruido,
con todo el alboroto de su caso.

El caso Padilla.
Entre tanto papel, entre tantas cartas, entre tantas acusaciones
contra–acusaciones
confesiones y autocríticas forzadas.
Amenazas y torturas.
Entre tantas mentiras, verdades a medias y desmentidos...
Tantas declaraciones.
Siento que muy pocos han leído sus poemas.

Yo no lo había hecho...
Hace poco más de un año me puse a explorarlos.
Y pienso que son poemas que perturban y que golpean.
Molestan.
Hieren.
Conmueven.
Irritan, enrabian, entristecen.

Entonces creo que vale la pena leerlos.
Poco a poco.
Como se leen los poemas.

Después conversamos.

Aquí está el que abre el poemario:


A aquel hombre le pidieron su tiempo

para que lo juntara al tiempo de la Historia.

Le pidieron las manos,

porque para una época difícil

nada hay mejor que un par de buenas manos.

Le pidieron los ojos

que alguna vez tuvieron lágrimas

para que contemplara el lado claro

(especialmente el lado claro de la vida)

porque para el horror basta un ojo de asombro.

Le pidieron sus labios

resecos y cuarteados para afirmar,

para erigir, con cada afirmación, un sueño

(el–alto–sueño);

le pidieron las piernas,

duras y nudosas

(sus viejas piernas andariegas)

porque en tiempos difíciles

¿hay algo mejor que un par de piernas

para la construcción o la trinchera?

Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño

con su árbol obediente.

Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.

Le dijeron

que eso era estrictamente necesario.

Le explicaron después

que toda esta donación resultaría inútil

sin entregar la lengua

porque en tiempos difíciles

nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.

Y finalmente le rogaron

que, por favor, echase a andar

porque en tiempos difíciles

esta es, sin duda, la prueba decisiva.

En tiempos difíciles
Fuera del juego

Padilla rehuye de la metáfora; por eso es que parodia a Huidobro.

Y por eso es que en 1959 criticó duramente —abusivamente— a Lezama Lima y al grupo Orígenes desde las páginas de la recién estrenada Lunes de Revolución.

El estilo de Padilla es conversacional.

Pero no es un poeta de la calle, a la manera de Parra o de Cardenal. Padilla no se ha bajado del Olimpo.

Padilla quiere ser un bardo... de su propia historia (hache minúscula), claro. Ser un poco pequeño profeta.

Padilla objeta la Historia que le tocó vivir... y lo hace a través de otros libros, aludiendo a otras palabras.

Descartada la metáfora, sus recursos retóricos son la alusión, la parodia —es decir, el contracanto, la transposición—, la inversión; la cita aludida con un cambio de sentido.

Lo mismo, pero al revés.

Por eso es que en “En tiempos difíciles” escuchamos invertidos —como en un espejo— los ecos de Brecht, del Shel Silverstein de The Giving Tree (1964), de “Nómina de huesos” y de “Masa” de César Vallejo:

...

Entonces, todos los hombres de la tierra

le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;

incorporóse lentamente,

abrazó al primer hombre; echóse a andar...

Masa (fragmento)
España, aparta de mí este cáliz (1937)

Padilla no quiere echarse a andar, al menos no con los demás.

Padilla ironiza la retórica del discurso oficial. Sus frases hechas.

Frente a ese ellos:

le pidieron

le dijieron

le explicaron

le rogaron

Frente a ese sujeto tácito de la gramática castellana;

ese sujeto indefinido: que son todos y que son cualquiera y que son nadie.

Frente a ese ellos de la administración

ese ellos del Estado

ese ellos de los burócratas

ese sujeto colectivo del pueblo

de la nación

de la patria

¿o debo escribir Patria?

este sujeto hablante objeta (el verbo es de Pérez Firmat), reclama.

Padilla, egoísta, no quiere ser obediente como ese generoso hasta la muerte árbol de Silverstein que, insensatamente, lo da todo de sí.

Padilla no quiere actuar.

Padilla quiere quedarse donde está.

Ponerse al margen: salirse del juego.

Escribiendo, claro.

Allá él.

El hombre al margen

Él no es el hombre que salta la barrera

sintiéndose ya cogido por su tiempo, ni el fugitivo.

oculto en el vagón que jadea

o que huye entre los terroristas, ni el pobre

hombre del pasaporte cancelado

que está siempre acechando una frontera.

Él vive más acá del heroísmo

(en esa parte oscura);

pero no se perturba, no se extraña.

No quiere ser un héroe,

ni siquiera el romántico alrededor de quien

pudiera tejerse una leyenda;

pero está condenado a esta vida, y lo que más le aterra

fatalmente condenado a su época.

El hombre al margen (fragmento)
Fuera del juego

Lúcido iluso, Padilla.
¿Cómo escapar a tal condena, Heberto, si cada uno de nosotros no vivimos, sino el tiempo que nos toca?

Pero, ¿cómo encarcelarlo por tal futil deseo, reclamo, objeción?

¿Cuál es la necesidad de arrancarle un arrepentimiento?

¿En qué debilidad reside tal exigencia?

¿En qué pulsión?

¿En una sagrada católica pureza ortodoxa que no tolera impurezas?

¿Reside en esa mísera incapacidad?

Imagino al sujeto hablante de Fuera del juego dialogando con el Sergio de Memorias del subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea, coincidentemente estrenada ese mismo año 1968.

Hojeo el guion.
“Sergio ha salido de la Biblioteca. Será un puntito insignificante.” Se escuchará su voz... soledad y nostalgia.
Sergio camina solo por las calles de La Habana, preguntándose qué hace ahí, que puede él hacer ahí. Entra a una librería y compra Moral burguesa y revolución de León Rozitchner; sale. Vuelve a caminar.
Voz de Sergio: «Algunos dan ganas de llorar con sólo verles la cara. ¿Qué sentido tiene la vida para ellos? ¿Y para mí? ¿Qué sentido tiene para mí...? Pero yo no soy como ellos.»
Voz de Sergio: «¿Cómo se sale del subdesarrollo? Cada día creo que es más difícil. Antes, por lo menos, me mantenía bien informado. Estaba suscrito como a diez revistas y casi todos los años viajaba a Estados Unidos o a Europa. Tenía un punto de referencia. Ahora nada de eso es posible. El subdesarrollo lo marca todo.»
Voz de Sergio: «Todavía no me acostumbro a colocarme dentro de la Revolución. Todavía no veo que todo ha cambiado: hasta mis fantasías. Ya no puedo ser, no soy el mismo...»
Al final, cerca de una inminente invasión estadounidense (recordemos que la película está ambientada en 1962 durante la crisis de los cohetes), Sergio se suicida...
Fin.

Aquí van dos más:

Lo primero: optimista.

Lo segundo: atildado, comedido, obediente.

(Haber pasado todas la pruebas deportivas.)

Y finalmente andar

como lo hace cada miembro:

un paso al frente, y

dos o tres atrás:

pero siempre aplaudiendo.

Instrucciones para ingresar en una nueva sociedad
Fuera del juego



Protégete de los vacilantes,

porque un día sabrán lo que no quieren.

Protégete de los balbucientes

de Juan–el–gago, Pedro–el–mudo,

porque descubrirán un día su voz fuerte.

Protégete de los tímidos y los apabullados,

porque un día dejarán de ponerse de pie cuando entres.

Para escribir en el álbum de un tirano
Fuera del juego

¿Quien sabe?

Quizás Padilla —con su acostumbrada arrogancia— estaba tratando de advertir a sus compatriotas de los peligros del vacío conformismo de la manada (véase Moravia – Bertolucci) y de la engañosa aquiescencia de los callados.

Fuera del juego consta de 57 poemas de variada extensión —desde unos cuatro o cinco versos hasta varias páginas— distribuidos en cuatro secciones: 1. Fuera del juego, 2. La sombrilla nuclear, 3. El abedul de hierro y 4. Canciones. La mayoría de los poemas fueron publicados por primera vez en el volumen con el título Fuera del juego —que obtuvo el prestigioso premio Julián del Casal— en 1968. Unos pocos, sin embargo, incluido “En tiempos difíciles”, habían sido publicados individualmente en varias revistas de La Habana desde 1966.

Jorge Edwards, probablemente uno de los escritores que más extensa e insistentemente escribió sobre Padilla, lo describe como ingenuo, generoso, chispeante, delirante, indiscreto, ególatra, pomposo, desconfiado, malicioso, perfeccionista, despistado...

No te asustes; sobre Padilla se han dicho cosas mucho peores (y también, mejores).

Luego de su encarcelamiento el 20 marzo de 1971 y de su confesión pública el 27 de abril del mismo año, Padilla salió de Cuba en marzo de 1980 con destino a Miami donde fue recibido entre otros por el entonces senador Ted Kennedy. Mario Vargas Llosa le gestionó una beca de seis meses en el Smithsonian de Washington D.C. —un tipo de beca que también han gozado José Donoso y Diamela Eltit. Luego tuvo varios puestos provisorios en diversas universidades de Estados Unidos, incluida una larga estadía en Princeton.

Pero las bienvenidas en los aeropuertos duran poco y las becas de seis meses expiran; los contratos provisorios también. La excitación y el interés por un caso célebre y controvertido se desvanecen. La paciencia con una personalidad corrosiva y difícil, como muchos afirman que era la de Padilla, se agota.

Nunca del todo bienvenido por el exilio cubano —después de todo, al principio había apoyado a la Revolución— y con una situación empeorada luego de su participación en el Encuentro de Escritores Cubanos celebrado en Estocolmo en mayo del 94 donde abogó por el fin del embargo a Cuba, Padilla se alejó de Miami (o más bien, lo alejaron); divorciado de su mujer Belkis Cuza Malé y enfermo, me lo imagino no encajando bien en ninguna parte del mundo estadounidense y cayendo pronto en una espiral depresiva y nostálgica.

Luego del término de su estadía en Princeton, que él describe como una “vida recoleta, solitaria, ajena al mundo circundante” (Pérez Firmat), saltando de un lugar a otro, de un puesto provisorio a otro, en el otoño del 2000 Heberto Padilla consiguió un puesto de Instructor en Auburn University, Alabama. Murió de un infarto en esa ciudad el 25 de septiembre del mismo año.

Tenía 68 años, aparte de la novela En mi jardín pastan los héroes (1981) que la había comenzado a escribir mientras todavía residía en Cuba, no había escrito gran cosa en el exilio, muy poca poesía, y estaba más solo que la una.

Hay varios lugares en el Internet desde donde se pueden descargar copias de Fuera del juego. Yo me he servido de la edición impresa de editorial Cátedra, Fuera del juego y otros poemas (2021) preparada por Yannelys Aparicio Molina y Gustavo Pérez Firmat que además contiene fragmentos de los poemarios Provocaciones (1973), El hombre junto al mar (1981) y otras, junto a una (aunque con pequeñas inexactitudes) buena introducción y bibliografía. Hay varias otras ediciones impresas incluidas —en alguna biblioteca— las ediciones cubanas.

Las citas de la película de Gutiérrez Aldea provienen del libro Memorias del subdesarrollo, guion de Edmundo Desnoes y Tomás Gutiérrez Aldea, publicado por Ediciones ICAIC, 2017.

El libro Persona non grata de Jorge Edwards ha tenido numerosas ediciones y reimpresiones. Además, en diciembre de 2014 Edwards publicó en El País un artículo sobre Padilla con el título “Disidente despistado.”

En el Internet se encuentran también numerosos artículos sobre “el caso Padilla.” Quizás demasiados. Destaco entre muchos otros el de Germán Alburquerque Fuschini, “El caso Padilla y las redes de escritores latinoamericanos” (2021) publicado en la revista Universum de la Universidad de Talca. También se encuentran numerosos artículos sobre Padilla en el diario madrileño El País, incluida una reciente reseña (19 de septiembre de 2022) de Elsa Fernández–Santos acerca del documental El caso Padilla del director Pavel Giroud.

Todos estos materiales (y hay muchos más, incluidas las cartas de los intelectuales dirigidas a Fidel Castro) deben leerse / verse, como cualquier otro texto en realidad, desde una segura distancia y con sentido crítico.
Vale.


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