Rumiaciones

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Cantos goliardos

Primero... tres canciones del venerable Juan del Encina.

Más vale trocar placer por dolores

Vale.
Juan del Encina nos dice que amar vale la pena... y entendámoslo bien: cura y todo, Juan del Encina (1468 - 1529) no estaba aquí hablando de un amor místico..., sino que de uno de carne y de hueso, de uno de sudor y de semen.

“Más vale trocar...” es una exhortación a arriesgarse a amar...
El riesgo de la zozobra es mejor que el aburrimiento;
el riesgo del fracaso es mejor que la certidumbre de una vida segura, pero vacía.

El riesgo del rechazo vale más que el olvido. En ese temor al olvido está la clave que pone a Juan del Encina entrando al tiempo que luego será llamado el Renacimiento. Juan del Encina está volviendo a esa sensibilidad pagana greco latina. Sensibilidad que, como los cantos goliardos nos lo recuerdan, nunca en la Edad Media estuvo suprimida del todo.

En los manuales de literatura de la escuela secundaria —de esos con largas listas de nombres y de obras que los estudiantes debíamos luego regurgitar en los exámenes— se decía que Juan del Encina había sido el iniciador del teatro español y de la poesía renacentista con influencia italiana... lo que es cierto; pero dudo que se representen ahora muy a menudo sus obras teatrales.

Las que sí han sobrevivido muy bien son sus canciones —villancicos folklóricos— populares, de taberna, muchas de ellas satíricas, jocosas y picantes. Cura y todo, Juan del Encina lo pasaba bien.

Si te gusta escuchar la llamada música antigua, seguramente has oído al músico catalán Jordi Savall. Escuchemos su versión de “Más vale trocar”.

Más vale trocar

placer por dolores

que estar sin amores.


Donde es agradecido

es dulce el morir;

vivir en olvido,

aquél no es vivir;

mejor es sufrir

pasión y dolores

que estar sin amores.


Es vida perdida

vivir sin amar

y más es que vida

saberla emplear;

mejor es penar

sufriendo dolores

que estar sin amores.


La muerte es victoria

do vive afición,

que espera haber gloria

quien sufre pasión;

más vale presión

de tales dolores

que estar sin amores.


El que es más penado

más goza de amor,

que el mucho cuidado

le quita el temor;

así que es mejor

amar con dolores

que estar sin amores.


No teme tormento

quien ama con fe,

si su pensamiento

sin causa no fue;

habiendo por qué

más valen dolores

que estar sin amores.


Amor que no pena

no pida placer,

pues ya le condena

su poco querer;

mejor es perder

placer por dolores

que estar sin amores.


Más de taberna y de mucho vino son otras de las canciones de Juan del Encina —también incluidas en el álbum de Jordi Savall— que ya no hablan tanto de amor como derechamente de sexo... Como aquélla del baldrés, la de las tres mozas que despellejan un cordero... para hacerse de sendos consoladores. En parte dice así:

baldrés: piel de oveja suave y curtida empleada para hacer guantes
pija: pene
carajo: pene


Si habrá en este baldrés

mangas para todas tres


Tres moças d'aquesta villa

Tres moças d'aquesta villa

desollaban una pija

para mangas a todas tres.


Tres moças d'aqueste barrio

Tres moças d'aqueste barrio

desollaban un carajo

para mangas a todas tres.


Si habrá en este baldrés

mangas para todas tres.


Desollaban una pija

Desollaban una pija

y faltóles una tira

para mangas a todas tres.


Y faltóles una tira

y faltóles una tira

la una a buscallo iba

para mangas a todas tres.


Si habrá en este baldrés

mangas para todas tres.


Y faltóles un pedaço

y faltóles un pedaço

la una iba a buscallo

para mangas a todas tres.


Si habrá en este baldrés

mangas para todas tres.


Así siguen en este álbum un buen número de canciones memorables... varias de ellas con el mismo tono cómico y pícaro. Con todo, la canción más conocida de Juan del Encina y mi favorita es Hoy comamos y bebamos...




Cuatro pastores, Bras, Beneito, Pedruelo y Lloriente, beben y comen hasta hartarse el último de los tres días de carnaval antes de la Cuaresma.
San Antruejo es ficticio; que yo sepa sólo aparece en esta canción.

antruejo: los días antes de la cuaresma
pancho: vientre, barriga, panza
recalcar: llenar mucho de algo un recipiente
concejo: concurrencia
acorrer: socorrer
a calca porra: en abundancia, hasta hartarse
preito: pleito
daca: da , dame acá
agasajados: gustos o placeres

Las versiones de “Más vale trocar” y de “Comamos y bebamos” son del año 1988 y están en el álbum Juan del Encina, Canciones y Villancicos, Salamanca 1496 de Jordi Savall disponible en iTunes... Te aliento a que escuches (y compres como lo hecho yo) el CD completo.

Hoy comamos y bebamos

Hoy comamos y bebamos

Y cantemos y holguemos

Que mañana ayunaremos


Por honra de san Antruejo

Parémonos hoy bien anchos

Embutemos estos panchos

Recalquemos el pellejo


Que costumbre es del concejo

Que todos hoy nos hartemos

Que mañana ayunaremos


Honremos a tan buen santo

Porque en hambre nos acorra

Comamos a calca porra

Que mañana hay gran quebranto


Comamos y bebamos tanto

Hasta que nos reventemos

Que mañana ayunaremos


Bebe, Bras, más tú, Beneito

Beba Pedruelo y Lloriente

Bebe tú primeramente

Quitarnos has deste preito


En beber bien me deleito

Daca, daca, beberemos

Que mañana ayunaremos


Tomemos hoy agasajados

Que mañana viene la muerte

Bebamos, comamos huerte

Vámonos cara el ganado

No perderemos bocado

Que comiendo nos iremos

Y mañana ayunaremos

Los cantos goliardos
del Cármina Burana

Vino y comida; comer hasta hartarse, hasta reventar, comer a calca porra... comamos hoy, que mañana ayunaremos. En una época en la que la mitad de las noches muchos se iban a la cama con hambre, la comida no podía ser menos que una obsesión; una angustia y un temor sin nombres. Comamos hoy porque quién sabe que habrá en la mesa mañana; probablemente nada.

En los monasterios y en las abadías, en cambio, sí que se comía bien. Leamos de nuevo El nombre de la rosa de Umberto Eco por si nos quedan dudas. Pero leamos de nuevo el mismo libro o toda la picaresca española posterior para imaginar el enjambre de campesinos que se acercaba a mendigar las sobras de la cena de otra manera tiradas a la basura. O imaginemos también a una campesina pobre (y la mayoría de ellas lo era) que se acercaba furtivamente de noche a sus murallas para recibir a cambio de sexo otro poco de comida de manos de un monje libidinoso.

—¡Una meretriz!! —exclama Adso horrorizado después de haberse echado casi por accidente un polvo.

—Una campesina pobre, Adso —le responde Guillermo de Baskerville, compasivo y con un tono de segura nostalgia por tiempos para él ya idos.

De esa hambre es de la que nos habla la canción de Juan del Encina en la que todavía podemos sentir —asomándonos al siglo XV— los ecos de una entonces ya controlada rebeldía nunca mejor expresada que en los cantos goliardos del Cármina Burana de los siglos XI a XIII.

Rebeldía sí.

Surgidos en la Edad Media, se llamaban goliardos a los grupos de monjes pobres y vagabundos que, sin pertenecer a una orden eclesiástica, viajaban sin un destino predeterminado alojándose en los monasterios que iban encontrando por el camino.

Se llamaban también goliardos —o soperos, porque dependían de las sopas administradas en mesones de caridad— a los estudiantes pobres que vagaban de una universidad a otra, haciendo de las tascas, más que de las aulas, sus lugares de reunión preferenciales.

Es decidor que los cantos y grupos de goliardos —y de giróvagos y sarabaítas— surgieran al mismo tiempo que la proliferación y consolidación de las órdenes religiosas —benedictinos, dominicanos, cluniacenses, franciscanos— con reglas que regían estricta y detalladamente la vida monástica centrada en la castidad, la frugalidad y la obediencia en preparación de una buena muerte para luego de una vida santa ganar el Cielo.

A la manera de una contra cultura, los goliardos representaban el rechazo de tales reglas: el gozo por vivir, el placer del sexo —fornicar hombres y mujeres libremente con quienes o cuando se quisiera— y el todavía pagano goce de la naturaleza y de sus frutos, vale decir, la abundante comida (cuando la había) y el abundante vino..., junto a una descarnada crítica satírica a las autoridades: el clero, la nobleza, la corona, el ejército... y la nueva clase burguesa que poco a poco iba fortaleciéndose en las ciudades. Las mismas ciudades en las que más y más de estos goliardos, giróvagos, sarabaítas y soperos, pululaban por sus calles, sus plazas y sus esquinas, estorbando con su mera presencia el buen funcionamiento del mercado.

Los goliardos eran nuestros anti–sistema: subversivos y tomados por peligrosos; mirados por los demás con temor, desdén y con profunda desconfianza. Sin someterse a las reglas de una orden monástica, los goliardos aspiraban a vivir en libertad, moviéndose libremente por el mundo, con no más posesiones de las que podían acarrear de un lugar al otro; durmiendo bajo las estrellas o bajo el frío o bajo la lluvia, la escarcha y la nieve donde les pillara la noche.

Claro, el precio de esa libertad era también una absoluta precariedad.

Página del manuscrito de los Cármina Burana representando la Rueda de la Fortuna

Cármina Burana. Los Cármina Burana o Canciones de Benediktbeuern —Buria en latín— es una colección de poemas y textos dramáticos, la mayoría de ellos escritos en latín medieval por monjes goliardos en los siglos XI al XIII y encontrados en 1803 en el monasterio benedictino de Benediktbeuern, Bavaria. Una selección de 24 de estos poemas fue puesta en música en 1936 por el compositor alemán Carl Orff (1895 – 1982), la que cuenta ahora decenas de grabaciones en el mundo entero.

Sin embargo, la de Orff no es la única versión disponible.

Aquí yo he preferido la versión musical de René Clemencic (1928 – 2022), con una melodía y ritmos más cercanos al original medieval.

In taberna quando sumus, un elogio a la vida en una taberna o... —en mi traducción— en una tasca es una de las 22 canciones del álbum.


• Clemencic Consort & René Clemencic, Carmina Burana.

El texto en latín está compuesto en versos octosílabos con una rima consonante regular, algo facilitado por las desinencias del idioma. En cuanto a la melodía, en algunas secciones algunos reconocerán ecos de la pre conciliar misa cantada; todo en mofa, por supuesto.

En mi traducción al castellano he intentado mantener el ritmo con una rima mayoritariamente consonante aunque en algunas sólo logré asonante. En algunas de las estrofas he optado por la rima interior y no de final de verso. Ocasionalmente me desvío del sentido literal, sin perder demasiado —espero— su significado original; en lo posible he usado la palabra más coloquial como me imagino lo habrían hecho los goliardos.

Carmina Burana: cuando estamos en la tasca

In taberna quando sumus,

non curamus quid sit humus,

sed ad ludum properamus,

cui semper insudamus.

Quid agatur in taberna

ubi nummus est pincerna,

hoc est opus ut queratur,

si quid loquar, audiatur.


Quidam ludunt, quidam bibunt,

quidam indiscrete vivunt.

Sed in ludo qui morantur,

ex his quidam denudantur

quidam ibi vestiuntur,

quidam saccis induuntur.

Ibi nullus timet mortem

sed pro Baccho mittunt sortem:


Primo pro nummata vini,

ex hac bibunt libertini;

semel bibunt pro captivis,

post hec bibunt ter pro vivis,

quater pro Christianis cunctis

quinquies pro fidelibus defunctis,

sexies pro sororibus vanis,

septies pro militibus silvanis.

Octies pro fratribus perversis,

nonies pro monachis dispersis,

decies pro navigantibus

undecies pro discordantibus,

duodecies pro penitentibus,

tredecies pro iter agentibus.



Tam pro papa quam pro rege

bibunt omnes sine lege.

Bibit hera, bibit herus,

bibit miles, bibit clerus,

bibit ille, bibit illa,

bibit servus cum ancilla,

bibit velox, bibit piger,

bibit albus, bibit niger,

bibit constans, bibit vagus,

bibit rudis, bibit magus.

Bibit pauper et egrotus,

bibit exul et ignotus,

bibit puer, bibit canus,

bibit presul et decanus,

bibit soror, bibit frater,

bibit anus, bibit mater,

bibit ista, bibit ille,

bibunt centum, bibunt mille.

Parum sexcente nummate

durant, cum immoderate

bibunt omnes sine meta.

Quamvis bibant mente leta,

sic nos rodunt omnes gentes

et sic erimus egentes.

Qui nos rodunt confundantur

et cum iustis non scribantur.



Cuando estamos en la tasca

no pensamos en la Parca.

Nuestras vidas apostamos,

nuestros cuerpos ya sudamos.

¿Qué ocurre en la tasca

donde las perras¹ son jerarca?

Si decíroslo ¡ahora he!

pronto a mí, ¡escuchadmé!


Unos juegan, otros beben,

muchos ganan, otros quieren.

Muchos viven pendencieros,

otros quedan en los cueros.

Unos ganan atuendos majos,

otros quedan en andrajos.

Nadie teme a la muerte,

a dios Baco echan suerte.


Con el dinero para el viñero

los libertinos beben sus vinos

una vez, por los cautivos

y otra vez, por los vivos.

Por todos los cristianos juntos,

por todos los fieles difuntos

por las hermanas tales por cuales

por los soldados forestales.

Por los hermanos perversos

por los monjes dispersos

por los navegantes

por los discordantes

por los penitentes

por los caminantes.



¡Desde el Papa hasta el Rey

todos beben sin restrén!


Bebe la dueña, bebe el dueño,

bebe el soldado, bebe el clérigo,

bebe él y bebe ella,

bebe el siervo con la fámula,

bebe el rápido y el apático,

bebe el blanco y bebe el negro,

bebe el constante y el trashumante,

bebe el grosero y el hechicero.

Bebe el pobre y el achacoso,

bebe el desterrado y el ignorado,

bebe el mozalbete y el vejete,

bebe el príncipe y el decano,

bebe la hermana y el hermano,

bebe el padre y bebe la madre,

bebe éste y bebe aquél,

beben cien y beben mil.


Seiscientas perras un despilfarro,

todos beben con descaro.

Todos beben sin mesura,

y a nosotros nos torturan.

Qué caradura de esas gentes

que nos hacen indigentes.

Sean ellos los infaustos

y no se inscriban con los justos.


¹perras: monedas de cinco céntimos de peseta.

In taberna quando sumus es un alegato de los goliardos en contra de la hipocresía de quienes los criticaban y condenaban por sus hábitos de bebida... en circunstancia que todos —según ellos— hacían lo mismo. Termina pidiendo que aquellos que injustamente así los condenaban quedaran excluidos del libro de los justos, es decir, excluidos de la posibilidad de alcanzar el Cielo.

Vale.

Jan Havickszoon Steen. Juerga en la posada (1674)
Un par de siglos más tarde..., pero el espíritu parece ser el mismo.


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