Peralta
(fragmento)
Peralta sueña
sueña que lee que sueña un imeil que le
envía Ramiro que sueña
allá lejos
en Aukland
sueña que Ramiro al fin le contesta acerca del sueño que comentaron bajo la noche limpia de Virginia
(esa noche de Virginia)
a los tres les recordaba otra noche pálida
una sobre los techos del canal nueve
alumbra lumbre de alumbre los pies del San Cristóbal
no había moros, tampoco había costa
ahora sólo hay sueño
¿Adonde irá a parar
este pobre Peralta
cada tarde más
transgénico
olvidado
de sí mismo
sujeto
pálido
empleado de derrota
y mansedumbre?
¿Qué será de Peralta?
¿Te acuerdas de su sonrisa de agosto?
Después vino la lluvia de octubre
esa lluvia del Venus de Bradbury
la que enloquece
cayeron cometas y brumas ese octubre
Peralta creyó que el disparo eran luces de bengala
Peralta se despierta
pálido
sudoroso
trémulo
vivo
otra vez
otra vez octubre
dice
menos mal que ya estamos en noviembre
Peralta / los sueños / el apartamento / el calendario / el círculo rojo
Peralta se despierta como en un suspiro
ligero
fresco
es tan liviana su despertada que sus ojos se sorprenden
casi no puede creer su despertar tan así
tan tranquilo
Rodrigo Erazo Reyes
y Román Soto Feliú
Santiago, Saint Paul, agosto de 1999
Santiago, octubre de 1972.
Pero Peralta fue después, después de todo.
Antes, en esos tejados, entre canciones viejas, abrazados para protejerse de la lluvia y del frío, Monche y Aileen charlaban con Rodrigo Llagostera; alumbra lumbre de alumbre bajo los pies del San Cristobal decía riéndose Llagostera imitando a ese otro Rodrigo, amigo querido, lector empedernido, encendiendo los focos, fabricando siluetas con sus manos de filósofo escéptico, ajeno a teorías recalentadas, pesimista profundo, obstinado sólo por las ganas impertérritas de serlo.
Él que ya venía de vuelta de tantas otras vueltas.
Esas otras noches, esas noches cuando todavía todo se soñaba posible.
Esas noches en las que Monche acompañaba a Aileen a hacer guardias sobre los tejados del canal 9.
Esas noches de octubre en las que amenazaban tomarse las escuelas y las radios.
Había que defenderlas decía afanosa Aileen; protegerlas con los pies y con las manos; jugando a la guerra con palos de coligües, consignas, banderas y luces de colores.
Tú vienes todas las noches, pero no nos crees.
No, no mucho.
Pero te callas, no nos sermoneas ni nos das consejos.
No doy consejos, Monche, porque nadie escarmienta en cabeza ajena.
EF
☞ Octubre 1974:
Barajas.
Última modificación: 9 de noviembre de 2025.