Soliloquio
Primero te vi de espaldas sobre el espejo...
No fue tu melena cobriza.
No fue tu cuerpo.
No fueron tus muslos provocativos.
Fueron tus manos.
Mueves las manos de la misma manera como las movía Aníbal y esa cinta morada que ceñía tu pelo esta noche es la misma que llevabas el día de tu cumpleaños...
...y entonces fue como si 39 años se hubieran esfumado de golpe y yo estaba de nuevo ahí en ese mismo espaciotiempo de antes y tú ya no llevabas ese formal traje negro, sino de nuevo esa falda verde limón con vuelos que parecía flotar en el aire cuando impúdica meneabas tus caderas al compás de no se qué rock y se te veían los pezones a través de esa blusa anaranjada festoneada con docenas de pequeños botones azules que en ese entonces o esta noche fantasié con desabotonarlos uno por uno, lentamente, desafiando el tiempo...
...el tiempo, sí, porque esta noche se trataba justamente de eso; de obliterar el tiempo.
Ahí estabas tú y ahí, con tus manos, estaba Aníbal.
Hiciste ese gesto con ellas, el mismo gesto tan característico de Aníbal, y me llamaste a que fuera a tu lado y te hablase.
¿Qué otra cosa podría haberte dicho, Monche, si de lo que se trataba era de estar Aníbal, tú y yo ahí de nuevo?
Última modificación: 22 de octubre de 2025.