Farragut Square
Una vez, un día de semana, a fines de septiembre del 81, me quedé toda la noche en Farragut Square.
Cada vez que visito una ciudad trato de encontrar la ocasión para quedarme
al menos una vez toda una noche afuera (o levantarme muy temprano en la mañana),
durante un día de semana y asomarme a sus coreografías ocultas, a sus ritmos, sus sacudidas y espasmos,
ruidos, sombras y luces.
Siempre me conmueve ese silencio extraño, frío y húmedo, que cubre a la ciudad temprano en la madrugada y esa vuelta lenta pero inexorable de sonidos y ruidos, de triciclos y camiones, de cortinas metálicas que se abren y de luces que se encienden, y de buses y de taxis que se asoman despacio entre la niebla de las esquinas, con la que todo comienza a estar casi listo para volver al trabajo de nuevo.
Pero esa vez me quedé toda la noche en Farragut Square simplemente porque tenía ganas y, porque después de ocho años, podía hacerlo.
☜ Volver a
Carta a Begoña.