The Piano
Elvira en calle Bulnes.
You go back to a place you have already visited, hoping to live again the joy of your memory.
Over and over again you fail, for those experiences never actually existed.
They are just faulty memories; figments of your imagination.
Adda Elyse Alter
Returning to Babylon
Regresos
Temuco, junio de 2008.
De vuelta del funeral de Ernesto, el jueves 26 de junio de 2008, Elvira se detuvo en la esquina de Bulnes con Portales; allí donde antes estaba la Círculo.
EF
Lluvia sobre el pavimento en la esquina de Bulnes con Portales.
Aunque llovía al salir del cementerio,
Elvira decidió caminar hasta Bulnes con Portales. Hacía años, desde la muerte de Engracia, que no estaba en Temuco y se sintió ajena y lejana.
El mausoleo de los españoles, aunque ya casi sin nichos vacíos, continuaba ahí donde siempre, claro.
Pero ya no quedaba ninguno de los teatros del centro: ni el Austral, ni el Central, ni el Municipal, ni el Real, ni la Sala Bulnes.
Donde antes estaba La Platanera con su olor a maní recién tostado ahora había un puesto
de chucherías artesanales hechas a la diabla para turistas idiotas e incautos.
Nadie vendía ni empanadas ni berlines en la esquina de Aldunate con Portales.
Estacionamiento tras estacionamiento de hormigón o de asfalto en vez de casas de madera.
Sin trenes de pasajeros, El Paisano se había muerto de vacío y de nostalgia.
Hacía frío, pero no vio a ninguna chiquilla o chiquillo atizando las brasas de un brasero a la orilla de un bordillo.
La lluvia era escasa, raquítica y esquiva.
No estaba la Calipso; tampoco la Círculo.
De pie en la esquina de Bulnes con Portales.
De pie en ese cronotopo, en ese punto neurálgico, en esa fusión de espacio y tiempo que antes separaba la ciudad del Mercado,
los chamales, las carretas de bueyes, las fuentes de soda y la ropa barata...
...de la ciudad de los bancos, los cafés y las tiendas de moda.
La ciudad mestiza de la ciudad caucásica.
La mojaba la lluvia y se dio cuenta que otra vez lloraba.
La ciudad ya no era suya y ya nunca podría recuperarla.
Sus recuerdos eran una niebla de fantasmas huidizos que ya no existían.
Entró a paso rápido al Tía Carmen, el café de hacía ya más de una década, pero que ella recién descubrió a pocos pasos de esa esquina camino al Correo. Mientras terminaba su expreso sin nada de azúcar, apenas con una gota de leche, decidió visitar sin anunciarse a Maruja Balsera.
Pidió otro expreso y pensó en Ramiro.
A fin de cuentas, Ernesto no exageraba la mala salud de Engracia; o al menos no exageraba tanto como lo creyó Elvira en Curacautín. Engracia, afectada con una arritmia desde hacía años, murió la noche del 26 de mayo de 1993 cuando hacía poco que había cumplido setenta años.
Ernesto la sobrevivió por poco más de 15 años hasta que murió en su sueño a los noventa años de edad el 24 de junio de 2008. Hacía seis que tras vender su casa de Caupolicán, se había mudado a una pensión en calle Porvenir; la misma a la que poco tiempo después se mudó también Carlos Labarca.
EF
Última modificación: 26 de octubre de 2025.