Rumiaciones

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Ciega obediencia ciega
La historia de Isaac

«Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécelo allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga.»

Biblia de Jerusalén, Génesis, 22:1

«Take, pray, your son, your only one, whom you love, Isaac, and go forth to the land of Moriah and offer him up as a burnt offering on one of the mountains which I shall say to you.»

The Hebrew Bible, Genesis, 22:1

El episodio narrado en el capítulo 22 del Génesis...

• con el subtítulo “El sacrificio de Abrahán” en la Biblia de Jerusalén

• sin subtítulo en The King James Bible online

• sin subtítulo en The Hebrew Bible de Robert Alter

• “Akedah” (La atadura/el amarre) en The Torah, a Modern Commentary de la Union for Reform Judaism (URJ)

...es muy probablemente uno de los episodios más controvertidos, perturbadores y enigmáticos de todo el libro.

¿Quién es este Dios —¿dios?— que demanda tal sacrificio?

¿Quién este padre —Abrahán— que obedece sin chistar?

Pongo atención a los títulos y subtítulos, porque es bien sabido, incluso desde antes de las enseñanzas de Gerard Genette y otros expertos en narratología, que títulos y subtítulos son una instrucción; una clave de cómo debe leerse el texto. También es importante la ruptura del silencio, es decir, el comienzo del texto, en este caso el comienzo del capítulo dado que a menudo tal ruptura establece el escenario de la acción.
Veamos:

King James: And it came to pass after these things, that God did tempt Abraham, and said unto him, Abraham: and he said, Behold, here I am.
Biblia de Jerusalén: Transcurridos estos acontecimientos, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo: «¡Abrahán, Abrahán!» Él respondió: «Aquí estoy»
The Hebrew Bible (Robert Alter): And it happened after these things that God tested Abraham. And He said to him, «Abraham!» and he said, «Here I am.»
The Torah (URJ): After these things, God tested Abraham, saying to him, «Abraham!» And he said, «Here I am.»

...sólo que en este caso nos quedamos en ascuas... ¿cuál es el aquí al que se refiere Abrahán?

Erich Auerbach en Mímesis. La representación de la realidad en la literatura occidental...

Mímesis, un libro de crítica literaria, publicado originalmente en alemán en 1946, es uno de los pocos que, como bien escribe Edward W. Said en el prólogo de la edición celebrando su quincuagésimo aniversario, —y todavía ahora casi treinta años después— continúa leyéndose con placer y provecho, en medio de la sucesión de tendencias y modas fluctuantes —filológicas, formalistas, marxistas, estructuralistas, post estructuralistas, deconstructuvistas, feministas, identitarias...

...aborda precisamente este capítulo 22 del Génesis y el capítulo 19 de La Odisea para mostrar lo que él consideraba dos opuestos tipos de representación literaria de la realidad —del mundo.

Parafraseo y extrapolo por mi cuenta.

Uno, el de Homero, obsesivamente (como, añadamos, lo hará siglos más tarde la novela realista decimonónica como la de Galdós) incluye la mayor cantidad de detalles posibles acerca de ese mundo y acerca de lo que sus habitantes —sus personajes— dicen, piensan y sienten.

El otro, el del narrador del Génesis, se limita a señalar lo mínimo indispensable.

El primero satura la realidad, el mundo representado en el texto; con nuestra lectura sabemos todo lo necesario acerca de tal mundo. Digamos que el texto resultante de tal trabajo de escritura sólo necesita ser comprendido.

Con el segundo tipo, como lectores/lectoras debemos nosotr@s mism@s completar azarosamente tal mundo. Es un tipo de representación que, en palabras de Auerbach, constantemente demanda ser interpretado.

¿Dónde está este Abrahán? se pregunta Auerbach.

¿Qué estaba haciendo antes de escuchar la orden de ese dios?

¿De dónde salió ese dios?

¿Cuál es su motivación para querer probarlo?

¿Probar qué cosa?

«Aquí estoy», contesta Abrahán cuando [el] dios lo llama.

Hinne—ni transcribe correctamente desde el hebreo Auerbach; una frase, una respuesta, que en la tradición judaica se ha entendido no solamente como la señalización de un lugar físico o geográfico (y quizás para nada así), sino fundamentalmente como un lugar mental, es decir, como un gesto de obediencia y de prontitud para cumplir los deseos o la orden de quien lo llama:

«Aquí estoy... pronto a cumplir tus deseos.»

Pienso aquí en el poema de Leonard Cohen “You want it darker” que, recordemos, en una de sus estrofas dice así:

Magnified and sanctified

Be Thy Holy Name

Vilified and crucified

In the human frame

A million candles burning

For the help that never came

You want it darker

We kill the flame


Himeni Himeni

I'm ready, my Lord

Se me ocurre pensar que la más apropiada traducción de la respuesta de Abrahán cuando escucha su nombre sería esa respuesta tan espontánea que escuchábamos —¿escuchamos?— principalmente en las zonas rurales del mundo latinoamericano y español o por parte de campesinos y de campesinas trasladadas a la urbe, pero aún conservando sus actitudes de vasallaje frente al señor o la señora...

... o, mitigada la relación de servidumbre, una manera cortés de responder a un llamado:

—¡Abrahán!

—¡Mande!

No sabemos —el narrador bíblico no nos lo dice— qué pensó o qué sintió Abrahán cuando oyó tal mandato o qué le contestó a ese dios...

¿Sintió miedo?

¿Quizás algo de rabia?

¿Le preguntó sobre sus motivos?

¿Trató de disuadirlo?

¿De negociar?

¿Qué te parecen cincuenta corderos?

¿Cien?

¿...una buena vaca?

Sin ningún añadido, el narrador sólo nos dice que a la mañana siguiente Abrahán salió:

«Abrahán se levantó de madrugada, aparejó su asno y tomó consigo a dos mozos y a su hijo Isaac. Partió la leña del holocausto y se puso en marcha hacia el lugar que le había dicho Dios.» (Biblia de Jerusalén)

«And Abraham rose early in the morning and saddled his donkey and took his two lads with him, and his son, and he split wood for the offering, and rose and went to the place that God had said to him.» (The Hebrew Bible)

Abrahán camina en silencio esos tres días; camina como un sonámbulo...

¿O es como un autómata?

Camina angustiado... o ¿camina convencido de que su deber con el dios sobrepasa su deber moral o ético que tiene con su hijo?

¿El deber que tiene con Sara, su mujer?

¿Piensa en ella esas noches?

¿Piensa en algo esas noches?

En la tradición sefardí, durante el servicio de Rosh Hashanah, se incluye un himno que enfatiza la prontitud y voluntad que tienen Abrahán... e Isaac en cumplir la voluntad de Dios. El texto imagina también lo que Abrahán le dijo a Sara antes de partir:

Said he to Sarah: «Your darling Isaac is growing up. But to serve the Heavens has he not yet learned. I will go and teach him that he has a demanding God.»

Said she: «Go, master, but go no far!»

Said he: «Rest your heart in God and trust in Him.»
(The Torah, URJ)

But go no far... «No vayas lejos...»

No vayas lejos. ¿Cómo?

Físicamente... ¿Lejos de casa?

Moralmente... ¿Lejos de tu deber de padre?

¿Lejos de tu deber de esposo?

Leído así, de buenas a primeras el episodio nos horroriza y asombra. Sin embargo, el episodio es creíble; es verosímil en el sistema de inclusiones y exclusiones del relato, porque el sacrificio humano era, en efecto, una práctica extendida entre los pueblos con los que vivía Abrahán, y la prohibición contra tal sacrificio, antes de la ley de Moisés, antes de la redacción, codificación y asimilación del libro del Levítico no estaba aún fuertemente establecida en el código ético judaico... un código y un pueblo que, como tal, aún estaba por venir, aún era una promesa no firmemente enunciada.

Llegados a este punto de nuestra lectura (la que os he invitado a hacer conmigo), es necesario notar las dos maneras diferentes cómo el texto bíblico se refiere a Dios: una en el momento de la tentación —King James— o el de la prueba —Alter, URJ, Biblia de Jerusalén— y el otro, el momento en que un ángel —un mensajero— detiene la mano asesina de Abrahán.

En el primer momento, Génesis, 22:2, (citado en los epígrafes del comienzo), el texto bíblico hebreo usa el término Elojim; término que todas las versiones que hemos estado consultando traducen —correctamente— como Dios. Debemos notar, sin embargo, que Elojim es el término hebraico general para Dios..., es decir, cualquier dios, o una pluralidad de dioses.

En el segundo momento, Génesis, 22:11, Alter y URJ respectivamente escriben...

Alter: «And the Lord's messenger called out to him and said...»
URJ: «but out of heaven an angel of the Eternal called to him saying... »

The Lord, el Señor y/o the Eternal, el Eterno (Adonai) son las dos paráfrasis más socorridas por las que en el judaísmo evitamos pronunciar o escribir el nombre sagrado de Dios —el Tetragrámaton— aun cuando aparezca así escrito en el texto hebreo.

Sin la carga de tal prohibición, los redactores de la Biblia de Jerusalén simplemente escriben así:

Biblia de Jerusalén: «Entonces le llamó el Ángel de Yahvé desde el cielo... »

Sabemos cómo continúa el episodio. El mensajero de Adonai —bendito sea su nombre— le hace ver a Abrahán un carnero enredado entre unas zarzas y entonces Abrahán ofrece al carnero en sacrificio en lugar de ofrecer a su amado hijo Isaac.

La historia tiene un final... feliz.

Podría haber sido diferente... como leemos en los versos finales del poema “Otherwise” de Haim Gouri:

Otherwise

...

He was sought as different and rare

among the few

and therefore he was cursed

like a black thread in the scarlet weave.

Standing aloof

he's put to the test of the hoped for Moriahs.

And the sun comes down,

but, alas, no rams.

Cualquiera que haya sido el dios que al comienzo del episodio tuvo el capricho de probar o de tentar a Abrahán, queda claro hacia el final que quién salva el día —y a Isaac— es Adonai.

Pero eso lo sabemos nosotr@s que leemos el libro; de eso Abrahán apenas se entera. Aún allí —aparte de saber que vio al carnero enredado entre las zarzas— no sabemos qué es lo que piensa o siente...

¿Alivio de haberse salvado de cometer un horrible asesinato?

¿Alivio de no tener que tener una conversación difícil con Sara a su regreso a casa?

Unas pocas líneas más tarde, el último versículo del capítulo —Génesis, 22:19— nos dice:

Biblia de Jerusalén: «Volvió Abrahán al lado de sus mozos y emprendieron la marcha juntos hacia Berseba. Abrahán se quedó en Berseba... »
Alter: «And Abraham returned to his lads, and they rose and went together to Beer–sheba, and Abraham dwelled in Beer–sheba.»

Vale...

¿Qué hizo entonces Issac?
¿Dónde se quedó?
¿Adónde fue?
¿Por qué no volvió a casa con su padre?

Bueno, yo tampoco hubiera tenido muchos deseos de volver a casa con mi padre; pero, en fin... sigamos.

La porción —parsha— de la lectura semanal de la Torah que contiene el episodio del llamado El sacrificio de Abrahán va desde el capítulo 18 al 22 y lleva como título Vayeira tomado de las primeras palabras del capítulo 18: «...y Él apareció.»

La siguiente porción es Chayei Sarah que significa “La vida de Sara”. Sin embargo, esta parsha comienza relatándonos la muerte de Sara.

URJ: «Sarah lived to be 127 years old—such was the span of Sarah's life. Sarah died in Kiriatharba (that is, Hebron) in the land of Canaan, and Abraham proceeded to mourn for Sarah and to bewail her.» Genesis, 23:1-2.

¿Cómo murió Sara?

¿Cuál fue la causa de su muerte?

El narrador del Génesis no nos lo dice..., pero en la abundante literatura rabínica que acompaña y comenta a la Torah aprendemos que Sara murió de dolor y de pena. Dolor y pena a causa de la muerte de su querido único hijo Isaac.

Imaginemos la escena.

Antes de partir hacia Moriah, Abrahán le ha dicho a Sara que necesita enseñarle a Isaac que tienen un dios exigente...

Sara acepta, seguramente porque no le queda más remedio, pero también le ha pedido a su esposo que no vaya demasiado lejos.

Luego de seis días de ausencia —tres de ida, tres de vuelta— en los que Sara se angustia de ansiedad y de expectación, hacia el atardecer del sexto día, Sara otea el horizonte, y contra el sol, mientras ya se levanta el viento, ve la silueta de su esposo con los dos mozos, caminando los tres hombres de regreso a casa, pero sin Isaac.

Sara, roto su corazón, cae al suelo desmayada y muere.

Hay otra versión del episodio de la muerte de Sara —más oficial que la mía— que, aunque varían algunos de los detalles, esencialmente dice lo mismo. Sara creyó erradamente que había perdido a su hijo y, sin poder soportar tal dolor, muere.

Mmm.

¿Cómo es que la porción llamada “La vida de Sara” comienza con su muerte?

¿Es que morir fue lo más importante que le ocurrió en su vida?

¿Hay ahí alguna paradoja?

¿Alguna enseñanza?

En Temor y temblor Søren Kierkegaard lee el episodio del Sacrificio de Abrahán como la superación —la trascendencia— de un imperativo ético y moral —la obligación terrenal de Abrahán como padre y como esposo— en aras de abrazar un imperativo mayor procedente de la divinidad. Sara, en cambio, habría sido incapaz de suspender —trascender— tal atadura ética y acatar el deseo divino llevado a cabo por Abrahán... y de ahí —extrapolo— su incapacidad de superar el dolor de su pérdida y su muerte.

Quizás porque no creo en la existencia de una divinidad tal argumento me repele. Un dios —una autoridad— que exige el sacrificio de nuestros hijos es un dios que debe ser desobedecido.

Tal es también la verdad conocida por Sara.

Rona Shapiro en su artículo sobre “Chayei Sarah” incluido en el volumen The Women's Torah Commentary afirma que la verdadera heroína de toda esta historia es Sara, no Abrahán.

Sara muere —escribe Shapiro y yo parafraseo y extrapolo— porque sabe (mi énfasis) que el sacrificio de Isaac es un error; una aberración. Sabe que Adonai no ordenaría tal atrocidad y, más importante, sabe que cualquier dios/demonio que así lo hiciere es un dios que debe ser rechazado. Sabe que no hay ningún dios —ninguna verdad— que sea mayor que las relaciones humanas y que no hay un mandamiento más importante que el deber de no infringir dolor o daño a los demás.

Tal es la más importante prueba de moralidad...,

para mí prueba de fe en la humanidad...

y, en último término,

para un o una creyente, la más importante prueba de fe en Dios.

Sara, quien ha seguido a Abrahán desde Ur hasta Canaán, quien le ha visto atisbar las estrellas y le ha escuchado argüir con Dios sobre el destino de Sodoma y Gomorra, muere —equivocadamente— de dolor y de pena por el asesinato de su hijo Isaac... y muere también por su profundo, real y justificado, desencanto y desdén por la insensibilidad y pasividad de su esposo Abrahán.

... y qué pasa con Abrahán en los capítulos siguientes del Génesis?

La verdad es que no pasa mucho: compra una tumba para Sara, se casa de nuevo, tiene más hijos. Al parecer, de ahí en adelante Abrahán lleva una normal vida hogareña; —tal es el legado de Sara según escribe Shapiro. Con su muerte le hace abrazar calmadamente, por fin, una vida terrenal.

En efecto, Abrahán vive sin nuevos contratiempos ni vicisitudes por mucho tiempo más hasta su muerte a los 175 años de edad.

Ahí hay, sin embargo, un detalle importante por su ausencia.

Desde el comienzo de la aparición de Abrahán en el capítulo 11 del Génesis, destacándose entre los muchos hijos de Terah, su rasgo más característico y único entre sus pares fue el ser receptor de la voz de Dios. Después de Akedah la voz desaparece. Dios no habla más con Abrahán.

Se me ocurre a mí que tal silencio de Dios es prueba —como el de Sara— de su profundo desencanto.

Vuelvo a una de las preguntas sin respuesta sugeridas por Auerbach.

¿Qué es lo que en verdad quería probar de Abrahán este Dios?

¿Que era obediente?

¿O que podía discernir entre el bien y el mal?

¿Entre una orden legítima y una orden aberrante y atroz?

Sí, claro, Dios recompensa a Abrahán... Génesis, 22:17.

Biblia de Jerusalén: «...yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia, como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos...»
The Hebrew Bible (Robert Alter): «...I will greatly bless you and will greatly multiply your seed, as the stars in the heavens and as the sand on the shore of the sea, and your seed shall take hold of its enemies' gate...»

Gran recompensa en verdad.

Pero me pregunto cuán mayor pudiese haber sido tal recompensa, si Abrahán hubiese tenido el coraje de argüir con Dios;

si hubiese tenido el coraje de rechazar su mandato;

si hubiese tenido el coraje de desobedecer su orden.

Me pregunto, además, si la recompensa que silenciosamente recibe Abrahán no encierra también, subrepticiamente, una maldición.

Me pregunto, si no hubiese sido una recompensa mayor el que la descendencia de Abrahán, esa semilla que lo mismo incluye a Isaac, hijo de Sara, como a Ishmael, hijo de Hagar, no hubiese tenido enemigos... una recompensa en la que no hubiese infinitamente puertas que derribar ni murallas que defender.

En un plano más secular, más de mi competencia, leo el episodio del sacrificio de Abrahán / de Isaac como una imagen de la insensata obediencia ciega a una autoridad despótica y aberrante. Como bien lo hubiese querido Sara, leo el episodio como un llamado moral y ético a rebelarse contra cualquier autoridad criminal y asesina: no hay obediencia debida...

...aun al precio de que después, como lo insinúa Raúl Zurita en su poema, tengamos algo de qué quejarnos.

¿Difícil y duro hacerlo?

Ya lo creo que sí.

CI

Se hacía tarde ya cuando tomándome un hombro

me ordenó:

«Anda y mátame a tu hijo»

Vamos —le repuse sonriendo— ¿me estás tomando

el pelo acaso?

«Bueno, si no quieres hacerlo es asunto tuyo,

pero recuerda quién soy, así que después no

te quejes»

Conforme —me escuché contestarle— ¿y dónde

quieres que cometa ese asesinato?

Entonces, como si fuera el aullido del viento

quien hablase, Él dijo:

«Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile»

Raúl Zurita
Anteparaíso

...y qué pasó con Isaac?

Bueno..., años después se casó con Rebeca, hija de Bethuel, con quien tuvo dos hijos, Esaú y Jacob.

En tiempos modernos, seguramente tendría muchas horas de terapia por delante, y por seguro le tomó mucho tiempo para entender, si acaso, a su padre, Abrahán.

En 1969 Leonard Cohen compuso una canción en la que narra su historia.




The story of Isaac

The door it opened slowly

My father he came in

I was nine years old

And he stood so tall above me

Blue eyes they were shining

And his voice was very cold

Said, "I've had a vision

And you know I'm strong and holy

I must do what I've been told"

So he started up the mountain

I was running, he was walking

And his ax was made of gold


Well, the trees they got much smaller

The lake a lady's mirror

We stopped to drink some wine

Then he threw the bottle over

Broke a minute later

And he put his hand on mine

Thought I saw an eagle

But it might have been a vulture

I never could decide

Then my father built an altar

He looked once behind his shoulder

He knew I would not hide


You who build the altars now

To sacrifice these children

You must not do it anymore

A scheme is not a vision

And you never have been tempted

By a demon or a god

You who stand above them now

Your hatchets blunt and bloody

You were not there before

When I lay upon a mountain

And my father's hand was trembling

With the beauty of the word


And if you call me brother now

Forgive me if I inquire

"Just according to whose plan?"

When it all comes down to dust

I will kill you if I must

I will help you if I can

When it all comes down to dust

I will help you if I must

I will kill you if I can

And mercy on our uniform

Man of peace or man of war

The peacock spreads his fan


Eso es.

Saint Paul, 18 de abril de 2024


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