Rumiaciones

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Nacionalismos

Le debemos al Romanticismo (el de Rousseau y especialmente el de Herder) la invención moderna de los países, es decir, la consolidación del concepto de estado–nación..., y con eso la consolidación de un nosotros y de un nuestro, y con eso, junto con todo lo bueno del amor a las tierras y a la lenguas propias, también la incómoda sombra ominosa del otro..., es decir, el que no es de aquí, y entonces también la idea de territorio propio que pronto se transformó en espacio vital... y destinos manifiestos y de ahí al nacionalismo belicoso hay apenas medio paso.

... sin embargo, puede... puede haber un sano no beligerante patriotismo —que no patrioterismo excluyente y xenófobo.

El mío en todo caso es, como el de Pepe Carvalho, fundamentalmente un patriotismo gastronómico, de garbanzos y de pimientos asados... y por eso es que insisto en que el plato de la foto que está aquí abajo se llama samfaina... que no ratatouille; insisto en que es catalán y no francés.

Samfaina
Foto: Trabajo propio... en la cocina de mi casa.

Mi versión de la samfaina —basada en la receta de mi madre— lleva berenjenas, calabacines, pimientos rojos y verdes, un poco de cebolla, alcachofas, espinacas o col rizada. Todos los ingredientes rehogados a fuego lento en aceite de oliva con ajo, sal y pimienta; orégano, tomillo y, quizás, algo de azafrán.

La samfaina es deliciosa (el tiempo y el fuego lento es esencial) y puede comerse ya sea como acompañamiento a una carne (si eres carnívoro) o bien como plato principal..., fría o caliente.


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