Rumiaciones

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Karmelo C. Iribarren... y una cerveza

—¿Eres feliz?
—De vez en cuando, como todo el mundo.
Marcelo Lillo
“No era mi tipo”
El fumador y otros relatos

Ana

Hay palabras

que cuando las pronuncias

te dejan un sabor sabrosón

en la boca,

un sabor dulciamargo,

que es el sabor más rico,

el que más place.


Palabras que son

como una cerveza fresca

en pleno mes de agosto

en Sevilla,

y creo que me explico.


Una de ellas

tiene sólo tres letras,

es capicúa,

y cuando la pronuncio

y estás tú,


me dices qué.

Karmelo C. Iribarren
Serie B (1998)


En sus poemas, Iribarren nos habla de sí mismo... claro.
Pero más que eso, en lo fundamental son una apertura, un logrado anhelo de alcanzar al otro,
es decir, a nosotr@s.

La felicidad

Te sientas en una terraza.

A pocos metros de ti,

niños y niñas, saltan

a la comba, se pelean...

Enciendes un cigarro, fumas

plácidamente. Al fin

llega la cerveza; en su punto,

espumeante, fresca.


Cierras los ojos

y «esto es la felicidad»,

te dices.


Luego los abres

y ves a ese pobre viejo

hurgando en las papeleras.

Karmelo C. Iribarren
Desde el fondo de la barra (1999)

A Karmelo C. Iribarren (San Sebastián / Donostia, 1959) le han colgado la etiqueta de realismo sucio; ése de de los estadounidenses Charles Bukowski (1920-1994) y Raymond Carver (1938-1988) y luego, además de otros españoles y del boliviano Víctor Hugo Viscarra (1958-2006), el del valdiviano Marcelo Lillo (1957), el autor de El fumador y otros relatos (2008).

Mmm. Nah; demasiado rápido... y eso de sucio no me convence para nada.

Si habría que comenzar a describir a Karmelo Iribarren con alguna categoría o etiqueta, estaríamos más cerca si dijéramos que Karmelo Iribarren es el poeta urbano de la cotidianidad; de esa misma cotidianidad en la que tú y yo vivimos como podemos; con una cierta serena seguridad, a veces; al salto de la mata, otras; levantándonos y respirando con asombro cada mañana.

Poeta urbano, porque el mundo de Iribarren es la ciudad, la calle, el parque, la esquina, la boca del metro, nuestro piso en un edificio de seis u ocho plantas, la salida desde un almacén, la cola en el supermercado, un portal, una terraza. Allí donde ocurren esos triviales (des)encuentros fortuitos, impredecibles, azarosos... que bien puede que no queden en nada, o bien puede que sean el principio de algo, aunque sea algo efímero como una mirada o una sacudida; un chasquido; una luz que se enciende por un segundo en la ventana de un piso del edificio del frente. O bien puede que duren ahí mismo una pequeña eternidad.


La mujer sale de la tienda

y abre el paraguas

como si abriese la puerta de su salón.


Yo me agacho a tiempo y no pasa nada.

Pequeños incidentes (fragmento)


¿Qué haces?

Nada. Sólo

miro llover

sobre la plaza.

Y se sentó a su lado.

Momentos (fragmento)

Una cotidianidad de los desengaños también —vaya, las cosas no han salido como las soñábamos...

Lo fueron todo

y ya los ves

ahora...

Los sueños (fragmento)



... con la obstinada tenacidad de seguir con nuestro nuestro número en este circo en el que nos hemos metido...

...he decidido

no volarme hoy tampoco

la tapa de los sesos.


Nunca se sabe, con la vida,

me he dicho.

A vivir (fragmento)

No es un puro azar ni una nimiedad que Karmelo Iribarren nos diga tú...

Sus palabras son como las del amigo que escuchamos en la taberna; en el bar, en la terraza, junto a una caña de cerveza o una copa de Rioja, o un vaso de agua...
...y yo siento que estoy con él —o que me gustaría estar con él en una terraza cualquiera, en Donostia, o en Madrid, en Saint Paul o en Santiago... en Temuco o en Oviedo.

Y sí, no hay duda.

Después de leer un par de poemas de Karmelo Iribarren (y leerlos lentamente, poco a poco es la mejor forma), me siento como en esos días felices en que vuelvo de pasar la tarde con un amigo o una amiga en una terraza (y no hay mejor lugar para pasar el tiempo con l@s amig@s) y al llegar a casa siento que he... vivido un poco.

Vincent van Gogh, Terraza de café por la noche (1888)

Dos poemas más...

En el parque leyendo

¿Tienes un cigarro?


Levanto la mirada;

unos 45 años,

en la cuneta.

Le digo que sí

y le alargo un Camel.


Gracias —dice—,

a las diez cierran la verja.


Ahora se las doy yo a él.


Lo veo irse,

cabizbajo

hacia los árboles.

Hace un alto

en una papelera.

Decido cenar algo

yo también.

Karmelo C. Iribarren
La Frontera y otros poemas (2005)

Como en la vida

Todo puede suceder

en un poema:


lo cotidiano, sí,

pero también lo deslumbrante,

e incluso

ambas cosas

a la vez


—como en este, ahora

que empiezas a desnudarte...

Karmelo C. Iribarren
Otra ciudad, otra vida (2011)


Las novelas se devoran, se quieren leer rápidamente, escribió en algún lugar Walter Benjamin. Quizás eso sea cierto en una buena mayoría de los casos; aunque no creo que siempre; hay novelas... que releo palabra a palabra, lentamente.

Pero nunca para mí con la poesía.

Me gusta leer poesía poco a poco, lentamente un poema breve tras otro. Tres o cuatro poemas —a veces uno— y dejar el resto del libro para otra tarde o para otro día.

Por eso es que no me gustan las compilaciones muy grandes, mucho menos las Obras completas.

Prefiero los libros pequeños; de esos que caben fácilmente y sin mucho peso en mi morral o en mi bolsillo. De esos que puedes abrir fácilmente y sin escándalo en el café, en el metro, en la sala de espera de tu médico.

Hay sin embargo, una muy buena selección de los poemas de Karmelo Iribarren en el librito Pequeños incidente (2017) del que he sacado estos poemas para compartirlos contigo y alentarte a que sigas explorando tu propia amistad con este poeta extraordinario, cálido y generoso. Si quieres un libro más pequeño para iniciar tu lectura te recomiendo Versos que el viento arrastra (2010) ilustrado bellamente por Cristina Müller.

Le agradezco profundamente a mi cuñada Carolina quien fue, hace años, la primera en hablarme de Karmelo.

Vale.


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