Yo soy
Ha pasado el tiempo culminante
de mi muerte,
y ahora estoy adormecida,
convalesciente,
en disfrute de los soles y brotes
de los primaverales encantos
del próximo equinoccio.
El invierno implacable
me desnudó otra vez el alma
dejándome como el árbol en espera.
Su regalo:
yo,
mis huesos,
mi piel,
mi sangre
que derramo hacia la tierra en los ciclos de luna.
Sé del lenguaje de las no palabras
y de los ojos secretos escondidos bajo las piedras.
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