Yo soy

Ha pasado el tiempo culminante de mi muerte, y ahora estoy adormecida, convalesciente, en disfrute de los soles y brotes de los primaverales encantos del próximo equinoccio. El invierno implacable me desnudó otra vez el alma dejándome como el árbol en espera. Su regalo: yo, mis huesos, mi piel, mi sangre que derramo hacia la tierra en los ciclos de luna. Sé del lenguaje de las no palabras y de los ojos secretos escondidos bajo las piedras. siguiente