Una vuelta
a Eduardo Halfon
Eduardo Halfon
Foto: Creative Commons.
En 2017 encontré completamente por casualidad en una librería madrileña de la Gran Vía el libro de cuentos de Eduardo Halfon Clases de Chapín. Desde entonces Eduardo Halfon se ha convertido en uno de mis escritores favoritos... junto a los ya viejos Cortázar y Donoso. Un gusto que he compartido con mis estudiantes de la Tertulia de Spanish Class Minnesota en Saint Paul. De Eduardo Halfon hemos leído en nuestras tertulias la novela corta Oh gueto mi amor y los cuentos reunidos en Signor Hoffman, El boxeador polaco y Canción. Por mi cuenta he leído también los cuentos incluidos en Duelo y en Monasterio.
Sin embargo, no hay necesidad de apresurarse.
Para comenzar a entender el proyecto narrativo de Eduardo Halfon no es necesario haber leído todos sus libros. Basta haber leído dos o tres de sus cuentos para, al comenzar a leer el siguiente, sentir una extraña familiaridad, la ambigua sensación de haber ya leído eso antes; la sensación de estar de vuelta en el mismo sitio con personajes ya conocidos.
Lo que ocurre en la narrativa de Eduardo Halfon es la presencia de un fuerte traslapamiento: sus historias se superponen una a las otras como una gran serie de círculos intersectados con dos o más áreas en común. No estamos cada vez frente a una historia nueva, sino a una nueva ampliación de una gran y única historia. La historia de su familia, la historia de su identidad guatemalteca y judía (por más que esta última sea una identidad secular), la historia de la búsqueda de su identidad y de su lugar en el mundo.
Un mundo plural y diverso, un mundo con múltiples nacionalidades y etnicidades; un mundo en que se mezclan con abundancia diversas formas culinarias; un mundo de aspiraciones, de deseos, de represión, de violencia y de crueldad.
Un mundo carnavalesco también.
Con mucho de la ironía de Mark Twain no es casualidad que uno de los cuentos incluidos en El boxeador polaco se titule Twaineando el Eduardo Halfon-personaje tiene mucho de vagabundo, de pícaro y de juglar. El Eduardo Halfon-narrador-autor sabe que el mundo el real y el ficticio tiene mucho de ópera cómica y que muchos de sus personajes tienen mucho de ridículo. A pesar de lo trágico, o quizás debido a lo trágico, hay también mucho de humor; de una particular clase de humor en las historias de Halfon; un humor que en ocasiones raya también en lo erótico.
Eduardo Halfon fusiona realidad y ficción.
Hay un narrador homodiegético, un escritor un personajeque habla en primera persona y que se llama Eduardo Halfon. Podemos pensar sospechar que este narrador tiene mucho del Eduardo Halfon real y de carne y hueso..., pero también podemos creer que mucho de lo que nos cuenta sobre sí mismo este narrador es fruto de la imaginación del Halfon real; es una máscara, una proyección imaginaria y fantasiosa.
De cualquier modo, se trata siempre de un personaje que busca; que camina y viaja por el mundo tratando de comprender las identidades de las muchas personas que encuentra, a la vez que explora la suya. Ahí está gran parte del valor y del inmenso atractivo emocional de muchos de los cuentos de este guatemalteco judío ladino que creció en Estados Unidos, que volvió de joven a su país y que vive ahora dando vueltas por el mundo... incluida por supuesto Israel, la Polonia de su abuelo materno y el Líbano de su abuelo paterno.
Oh gueto mi amor es un relato a la vez divertido y sobrecogedor. Como otros personajes... Eduardo Halfon también intenta un viaje al origen.
Saint Paul, 22 de diciembre de 2025
☞ Rumias.