Grosellas

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Palomas son tus ojos

Santiago, marzo — junio de 1971
Monche descubre Santiago, algunas complejidades de la política en su Escuela y un par de otros asuntos sobre sí misma.

EF

Santiago, domingo 21 de marzo de 1971

Otoño. A veces por la altura aquí hace más frío que en Temuco. Otra escena surrealista anoche a la hora de comida en casa de Teresa. Hay ratos que Mauro y Teresa me parecen personajes de novela; hablan en castellano como yo, pero es como si hablaran en otro idioma. En mis clases me confundo toda. Aileen me ayuda, pero hay varios detalles con mi microscopio en Biología que no entiendo. Los números no me salen.

Santiago, miércoles 24 de marzo de 1971

Cena en casa de Aileen. Sopa de arvejas. Hay días en que no tengo tiempo para nada. Por fin esta mañana llegaron mis libros de Anatomía; cuatro tomos que pesan una tonelada.

Santiago, sábado 27 de marzo de 1971

Aileen me llevó a una “boutique” (es un boliche de ropa usada, pero buena) donde compré una blusa hindú que me queda a la pinta. Pensé que mi clase favorita sería la de Biología Celular, pero tantos detalles de números y mediciones me aburren y me hacen doler a cabeza cuando miro las preparaciones en el microscopio. Anoche soñé con Amparo de nuevo; su cara se transformaba en cámara lenta en la calavera de la clase de Anatomía, había un estampido y no sé si fue ella (en mi sueño) o si fui yo la que gritaba. Lo peor de cuando sueño con ella y ella está muerta en mi sueño es que cuando despierto, creo que todo ha sido un mal sueño, una pesadilla, y por un segundo largo creo que está viva. Estoy fumando casi el doble de lo que fumaba en Temuco; aquí casi todos fuman; tanto que instalaron ceniceros en el respaldo de las butacas del aula para que no tiráramos las colillas y la ceniza al suelo. No sé qué hacen los que se sientan en la primera fila.

Santiago, martes 30 de marzo de 1971

Hoy se cumplieron siete años de la muerte —¿o es que debo escribir asesinato?— de Amparo. Hubo un rato esta noche en el que viendo su foto y su estrella de plata quise llorar, pero no pude. Fue más bien una cosa como de angustia y sofoco. Ahora que escribo siento una cosa en el pecho como de tristeza pero también como de alivio; como si respirando y sollozando seca, sin lágrimas, de pronto me sintiera más liviana. Mañana tengo otro quiz; mejor estudio un poco.

Santiago, domingo 4 de abril de 1971

Mauro me sigue mirando descaradamente las piernas cuando me lleva a su casa en el auto; me dan ganas de sentarme en el asiento de atrás pero temo que sería como mucho. Las niñas son encantadoras. Soledad es la que más se ríe con mis cuentos y canciones. Pía es increíblemente inteligente, pero a veces siento que tiene una mirada inmensamente triste.

Santiago, lunes 5 de abril de 1971

Había oído tantas veces hablar de las pizzas que hoy casi no podía creerlo cuando Aileen me llevó a una pizzería en la calle Huérfanos. Casi pedí una hawaiana (con piña y jamón), pero al final me decidí por una española (choricillos y pimientos rojos). La de Aileen tenía aceitunas, tomates y pimientos verdes. ¡Súper!, pero creo que la próxima vez voy a pedir la de langostinos. Estaba tan contenta (por fin llegué a 15 puntos en el quiz de Anatomía) que me tomé dos garzas además de un jugo fresco de naranja. Tuve que ir dos veces al baño.

Santiago, jueves 8 de abril de 1971

No entiendo. No entiendo. No entiendo.

Santiago, sábado 10 de abril de 1971

Ayer fue un buen día; mi nota en el quiz de Anatomía volvió a subir, pero todavía tengo problemas en mis otras clases. Me cuesta ordenar mi tiempo. A veces no sé qué hacer; mi electivo de Antropología con Strozzi es interesante y me gusta... casi más que todas las otras clases clases juntas. Hoy dormí hasta tarde y después Alicia y yo fuimos juntas a la feria de calle Coquimbo. Compramos varias verduras y ¡un pollo! con el que Alicia preparó el almuerzo. Me gustan las comidas que prepara Aileen, pero echo de menos la carne. En la tarde volví a dormir porque ando siempre con sueño, pero en la noche fui con Aileen a ver El conformista de Bertolucci con Jean–Louis Trintignant. Alucinante. Algunos detalles me hicieron pensar en Teresa.

Santiago, lunes 12 de abril de 1971

Mientras escuchaba a Aileen hablar sobre la película de Bertolucci esta mañana en el casino de la Escuela me di cuenta que hay cosas que no entiendo para nada. Tantas que me dio miedo abrir la boca. De todas maneras creo que entendí lo esencial. El fascismo es sutil y está siempre al acecho.

Santiago, martes 13 de abril de 1971

Esta mañana los estudiantes de primer año teníamos una asamblea a la que vinieron tres internos de sexto año. Juntos a unos líderes de primero están proponiendo un cambio en el Currículum; disminuir la concentración de los cursos básicos en los primeros años y pasar más rápido a los cursos de “medicina de verdad”. Uno dijo que se trataba de hacer medicina para “todo el pueblo y no sólo para los que pueden pagar clínicas privadas”, pero los otros lo rebatieron y aseguraron que no se trataba de eso, sino que nosotros estuviéramos más en contacto con los problemas reales de la gente. La asamblea se alargó, pero yo tuve que irme a mi clase de Sociología en la que estamos estudiando un artículo de Marx. Dos estudiantes de mi grupo protestaron diciendo que eso era adoctrinamiento lo que es absurdo porque simplemente lo estamos estudiando, pero podemos dar nuestras opiniones contrarias si queremos. Aileen me invitó a que fuera con ella este jueves a la reunión de su club de literatura que se reúne en un restaurante alemán en la calle Merced.

Santiago, jueves 15 de abril de 1971

Me encantó el club de lectura de Aileen. Somos seis personas en total. Además de Aileen están Ariel Lara, un estudiante de literatura de la Universidad Católica, Rodrigo Reyes, un médico psiquiatra del Hospital JJ Aguirre como de la edad de Teresa pero varios años más joven, Mirna Valenzuela, la comentarista cultural de la revista Paula y un señor español más viejo, refugiado de la Guerra Civil, de nombre Rodrigo Llagostera. ¡Dos Rodrigos! Leímos unas estrofas de “El Cantar de los Cantares” que me parecieron fascinantes por la forma que hablan del amor y de la relación entre los amantes. Comí una Bratwurst que es como una vienesa pero más gruesa y de sabor más fuerte y me tomé dos garzas. A la salida Ariel y yo caminamos juntos; me preguntó si yo también era judía y yo como a menudo me pasa me hice un lío con la explicación. La estrella de seis puntas, la gitana, mi hermana Amparo que la tenía en su mesa de noche, el escopetazo, el ruido, el olor a pólvora; mi padre, no, no mi padre; el marido de mi madre... En fin, caminamos juntos hasta Bandera donde yo tomo el bus que me lleva a casa. Ariel sí es judío, sefardí. Sus padres eran de Alanya, Turquía. Al despedirnos nos dimos un abrazo. «Gracias por contarme la historia de tu estrella» me dijo.

Santiago, viernes 16 de abril de 1971

Hoy hubo otra Asamblea de Estudiantes por el asunto del Curriculum; mucha discusión y al final no entendí mucho. Algunos de mis compañeros hablaron de hacer una huelga de protesta.

Santiago, domingo 18 de abril de 1971

Hay algo muy raro en la casa de Teresa. Se tratan con mucha “cortesía” casi como si fueran dos conocidos, pero no marido y mujer. No se hablan a gritos (como ocurría en mi casa con mi mamá y su marido), pero nunca los he visto tocarse o darse un beso. Además cuando salen (que es la razón por la que yo cuido a las niñas), no salen juntos. Él va a sus reuniones con los gremialistas o de los Amigos Católicos, pero ella sale en su propio auto con su hermana Conchi.

Santiago, lunes 19 de abril de 1971

Nunca me imaginé que los estudiantes pudiéramos tener tanta fuerza. Hoy los tres estudiantes de Sexto año interrumpieron la clase de Anatomía y hubo un feroz altercado con el doctor Bermúdez quien estaba dando la clase y es el jefe del Departamento. Fue divertido porque Bermúdez es macizo y muy alto mientras que Giovanni Rossi, nuestro líder, es bajito y delgado; tanto que se subió a una silla para discutir con Bermúdez. Al final todos los estudiantes nos salimos del aula y ahora hay una huelga. No me ha llegado la plata de mi mamá y tuve que pedirle prestado a Aileen.

Santiago, miércoles 21 de abril de 1971

Sigue la huelga, pero aunque me siento un poco culpable, hoy no quise ir a las asambleas en la Escuela y me dediqué a caminar por las calles de Santiago. Es increíble la inmensa cantidad de cines y de teatros que hay en el centro. Caminé montones por Bandera, Ahumada, Estado; por Agustinas, Huérfanos, Catedral, Merced hasta llegar hasta el Cerro. Subí hasta el Mirador desde donde se puede ver casi toda la Alameda. Volví al centro donde me metí a un cine donde vi “El jardín de los Finzi–Contini” con la misma Dominique Sanda de “El conformista”, pero ésta es de Vittorio De Sica. El tema es similar, casi el mismo, pero esta película me pareció menos fría que la de Bertolucci; más dulce (hay más amor), más tierna y más humana. También muy trágica y muy triste. Pienso que en las dos películas hay muchas advertencias para nosotros en Chile. Al salir, tenía hambre y descubrí un restaurante en la misma calle Huérfanos que se llama “Bar Nacional”. Comí dos empanadas pequeñas de pino y dos de queso.

Santiago, jueves 22 de abril de 1971

Rodrigo Llagostera me encontró toda la razón cuando les hablé de la película de de Sica esta noche en el Bierstube. Me gusta Llagostera porque siento que me aprecia y además sabe escuchar, no sólo a mí sino que también escucha con atención a Aileen e incluso a Mirna aunque casi nunca están de acuerdo. Creo que Llagostera es más bien anarquista y es menos dogmático que Mirna.

Santiago, viernes 23 de abril de 1971

Hoy terminó la huelga y el lunes volveremos a clases. Al final todo quedó en nada; seguiremos igual, aunque dicen que habrá cambios después de la elecciones de Rector de la Universidad. El candidato de la izquierda para reemplazar a Boeninger es Felipe Herrera. Aparte de que fue presidente del BID no sé nada de él. El voto de los estudiantes vale un 25% y el de los trabajadores un 10%; el resto es de los académicos. Aileen piensa que los tres estamentos deberían tener el mismo peso en las elecciones del Consejo Normativo Superior que es el organismo que rige las políticas universitarias. Estos días de huelga a mí me sirvieron para descansar, dormir un poco (estoy siempre cansada y con sueño) y tratar (sólo tratar) de ponerme al día con mis clases. La verdad es que muchas veces apenas he abierto un libro de texto siento que me aburre. Por fin hoy me llegó la plata de mi mamá. Le quise devolver a Aileen lo que ella me había prestado, pero no quería aceptármelos; yo insistí tanto que al final ella tomó la plata, pero me invitó a almorzar a un restaurane vasco y caro que se llama Pimpilinpausha. Ella, vegetariana como siempre, se sirvió un plato de pimientos asados y alcachofas a la plancha; yo comí calamares en su tinta con arroz. Estaban la muerte.

Santiago, domingo 25 de abril de 1971

¡Tremenda sorpresa esta mañana! Apareció Aníbal por el altillo. Lo malo es que sólo estuvo un ratito, pero pudimos tomar desayuno juntos. Café con leche y tostadas con mantequilla y miel. Aunque soy casi siete años menor que él, yo he sido siempre la que le prepara el desayuno. Se ve bien, pero está más delgado y le ha crecido la barba. Se duchó, lo que estuvo bien porque olía a sudor y a tierra. No le pregunté ni él me contó detalles de lo que está haciendo en Liquiñe. Me dejó un sobre que quiere que se lo lleve el martes a un compañero justo a las nueve y media de la mañana en el paradero de la esquina de Ahumada con Agustinas. Estoy segura que pasó el día con Elvira aunque me dijo que se iba de regreso al Sur esta misma noche. Aquí llovió toda la tarde. Alicia y yo hicimos sopaipillas y tomamos té juntas. Me contó un poco de su familia; son campesinos de Chépica en la provincia de Colchagua que emigraron a Santiago a fines de los cincuenta en busca de trabajo que en el campo no había. Me gusta mucho la voz de Alicia; tiene un tono pausado y amable; pronuncia todo muy bien, no se come las eses como yo. No es nada de tímida, pero se sonroja cuando se ríe. Yo ya sé que es viuda, pero no me ha dicho cómo perdió a su marido y yo no me he atrevido a preguntarle. No le gusta fumar, pero no le molesta mi humo.

Santiago, martes 27 de abril de 1971

Ayer devolvieron los resultados de la prueba con selección múltiple de Biología: un desastre. Estaba tan decepcionada que hoy me quedé durmiendo todo el día en casa. Cerca de la noche llegó Aileen con dos empanadas de pino del “Bar Nacional”. «Para subirte el ánimo» me dijo. Se quedó toda la noche conmigo y dormimos abrazadas. Aileen es muy delgada, muy blanca, tiene pecas en la cara y ojos muy oscuros y vivarachos; su pelo es rizado como el mío, pero muy negro; sus pechos son puntiagudos y pequeñitos. «Me gustan tus pechos redondos» me dijo casi tocándomelos y haciendo un círculo con su dedo índice. A mí me gustaron sus manos, largas y suaves cuando acarició mi pelo tratando de consolarme por mi mala nota. Me tranquilizó dormirme junto a ella; me gustó sentir su olor como a cedrón o eucalipto. Le di un beso en la espalda y ella se volvió y me dio un beso en la cara. Muy despacio (tres o cuatro páginas cada vez) estamos leyendo juntas —¡en inglés!— una novela de Djuna Barnes. Aileen, que es plurilingüe, me ayuda.

Santiago, miércoles 28 de abril de 1971

Todo está más tranquilo desde que terminó la huelga. Es muy extraño. Es como si nada hubiera pasado. Todo está normal: las mismas clases, ls mismos libros; el mismo tono, la misma actitud distante y distraída con la que cada uno parece metido sólo en lo suyo. Nos movemos como sonámbulos de una sala a la otra, de un auditorium al otro; todos y todas llevamos la misma bata blanca. Bueno, no todos; hay un chico, Darío, de pelo muy largo, hasta más abajo de los hombros, hasta la mitad de la espalda casi, que siempre carga una guitarra y cuando se quita la bata, lo que hace a menudo, se puede ver que lleva una camiseta rosada desteñida y un collar de guijarros entre azules y color turquesa. A veces me dan ganas de imitarlo; otras me da miedo. Esta mañana me lo quedé mirando desde mi mesa mientras almorzábamos en el casino. Él sentado a dos mesas de la mía, pareció darse cuenta, levantó la cabeza y por un segundo me devolvió la mirada clavando fijamente sus ojos en los míos; después siguió comiendo lentamente de su plato. Cuando terminó, se levantó y vino hasta mi mesa, sacó un pito de marihuana de su bolso, más bien un morral de lona tosca verde, y me lo dio. «Para ti» me dijo. No supe qué decirle, pero rápida aunque sin aspavientos, como si hubiésemos tenido un acuerdo desde siempre, puse el pito en el bolsillo de mi bata.

Santiago, jueves 29 de abril de 1971

Me intrigó mucho eso que dijo Llagostera en el Bierstube esta noche. Según él las imágenes del amor en el “Cantar de los Cantares” son muy de campiña, de prados y de bosques y eso lo haría muy plural y libre; es el amor de la esposa al esposo, claro; pero al mismo tiempo es el amor de dos amantes, casados o no casados, y quizás de cualquiera que sea su sexo. Es un amor primigenio dijo, «...lo que Nietzsche —el buen Nietzsche— llamó dionisiaco, antes de las leyes que lo regularon con el matrimonio, la monogamia y otras yerbas afines» terminó riéndose. Después Aileen leyó esa estrofa que dice:

Levántate amor mío,

hermosa mía, y vente.

Mira, ha pasado el invierno,

las lluvias cesaron, se han ido.

La tierra se cubre de flores,

llega la estación de las canciones;

ya se oye el arrullo de la tórtola

por toda nuestra tierra.

Despuntan yemas en la higuera,

las viñas en cierne perfumean.

¡Anímate, amor mío,

hermosa mía, y ven!

Me sonrojé —había bebido más cerveza que de costumbre y confieso que me sonrojé, no de vergüenza, sino que de placer y de gusto. Me calentó como leyó el poema. Aileen parecía estar dirigiéndose a mí y yo pensé en Viviana... y también en Labarca.

Santiago, domingo 2 de mayo de 1971

No pude ir a la marcha del Primero de Mayo ayer. Me tocaba cuidar a las niñas de Teresa y no me atreví a pedirle que cambiáramos la fecha por temor a que Mauro, que es un facho, se enojase. No puedo arriesgarme a perder el altillo. Tenía miedo que Alicia se molestara conmigo, pero para nada. «Tú eres tan proletaria como yo» me dijo cuando volví de la casa de Teresa y cenamos juntas. Entiendo que nuestra situación es muy diferente, pero me gustó eso de proletaria. Después de todo, Rossi ha dicho que todos nosotros, desde los auxiliares y choferes de ambulancia hasta los médicos jefes de Departamento, somos simplemente Trabajadores de la Salud. Me gusta eso que los médicos y los que lo seremos pronto entendamos que somos todos iguales y que no nos creamos tan superiores al resto.

Santiago, lunes 3 de mayo de 1971

Un quince en la prueba de Anatomía. Todavía nada de bueno, pero no tan malo como en la de Biología. Pienso y pienso y me duele la cabeza.

Santiago, miércoles 5 de mayo de 1971

Mi mejor nota, todavía sólo un dieciocho, ha sido en Sociología. Empezamos a leer Los condenados de la tierra de Frantz Fanon. Es increíble lo poco que aprendí, lo poco que nos enseñaban en el colegio. Bueno, en Antropología saqué un veintiuno; pero ése es un electivo; no cuenta mucho.

Santiago, jueves 6 de mayo de 1971

Llagostera —ahora sé que en España fue catedrático de Filosofía— me recuerda a Zenobio Molina. Recuerdo que hice dos trabajos para él; uno sobre Machado, el otro sobre las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. En los dos me saqué (o el me puso) un siete. ¡Qué tonto que Mauro Becerra, sin ni siquiera conocerlo, lo acusase de comunista y peor aun de “ciego que guía a los ciegos” simplemente porque me aconsejó que mi primera opción fuera la Chile y no la Católica! Además, aunque es verdad que soy inexperta como él dice, no soy ninguna ciega. Tengo los ojos muy abiertos y aprendo con todo lo que veo a mi alrededor. Gracias a lo que aprendí en las clases con Molina (y en los trabajos sobre Machado y Manrique) pude entender lo que decía Llagostera sobre las estrofas que leímos hoy en el Bierstube. Me gusta cómo Llagostera es capaz de decir algo importante y profundo sin parecer arrogante ni presumido. Lo que más me molesta en las discusiones que tenemos en las asambleas de estudiantes es que hay tantos que hablan citando a Lenin o a Marx como si todos fuéramos expertos y no se dan cuenta que la mayoría de nosotros no puede seguirles el hilo.

Santiago, viernes 7 de mayo de 1971

Ha seguido lloviendo. Santiago huele diferente cuando llueve; pero no es lo mismo que en Temuco. Allá la lluvia hacía que toda la ciudad oliera como a bosque o a lana mojada; aquí es otra cosa; más como a polvo mojado o al humo húmedo de los tubos de escape de las micros y de los buses. Anoche volví a soñar con Amparo... y con Labarca. Desperté y no pude volver a dormirme. No tenía ganas de entrar a la clase de Biología cuando llegué a la Escuela esta mañana; fui hasta la plaza y me senté a fumar en el banco al lado del álamo; pasó la Eliana y me pidió un cigarro; me quedaban tres en mi cajetilla y se la di toda a ella. Encendió uno con ese aire de actriz de cine seductora que muestra a veces aunque siempre huela horrible, tenga las uñas sucias y el pelo grasiento. ¿Qué pensará cuando actúa de esa manera? Ella no es tonta; será loca, pero sabe muy bien lo que hace. Aileen me contó que Eliana duerme en las noches en uno los edificios viejos y ahora desocupados de la Escuela. Es nuestra residente fantasma, una bruja fea, pero no malvada, que dicen que nos trae buena suerte en las pruebas y exámenes.

Santiago, domingo 9 de mayo de 1971

Abrazar la incertidumbre, la ambivalencia. Creo que ahora entiendo mejor de qué es lo que habla Aileen. Anoche Aileen y yo dormimos juntas. No sé si algún día podré realmente dejar atrás a Labarca, a mi madre, a su marido, y ser “dueña de mi vida y de mi cuerpo” como, antes de desnudarnos, me lo exhortó Aileen mientras haciendo círculos lo recorría con su dedo. Sentí un poco de miedo cuando me pidió que me sacara la ropa, pero también, media borracha con el Gato Negro que nos habíamos tomado, media volada con el pito de Darío que nos habíamos fumado, me sentía muy relajada y a gusto con sus manos sobre mi cuerpo y yo lentamente acariciando el suyo. Después, sin necesidad de ponerle un nombre, sentí que era lo más hermoso y feliz que podía pasarnos. «Ven, amiga, hermosa mía, ven.»

Santiago, lunes 10 de mayo de 1971

Aileen y yo pasamos casi todo el día juntas ayer. Nos levantamos tarde, yo con algo de resaca. Después del desayuno —le hice torrijas como las que preparaba mi mamá cuando estaba de buenas— estudiamos hasta mitad de la tarde: Anatomía y Biología Celular (por fin ya entendí mi microscopio). Algo de lo que hablamos, algo de lo que hicimos la noche del sábado me daba vueltas en la cabeza. Pensé en la vez en que Viviana y yo fuimos a Caburga y estuvimos desnudas entumidas de frío debajo de la toalla después de nadar en el lago. Aunque estoy segura de que ese día Viviana lo pensó, no se atrevió a tocarme y yo mucho menos a ella. Este sábado sentí que era tan natural y humano que Aileen me tocara, me hiciera gozar y que yo la tocara haciéndola gozar a ella. La veo de perfil contra la luz de la ventana; su pelo negro en fuerte contraste con su blusa blanca. Aileen Lunt Marinescu. Marinescu: Navegante, gitana (como yo una vez soñé llegar a serlo), andariega, peregrina. Ella me ama y yo la amo a ella. Hay tanto de liberador en poder pensar que no somos amantes, que no somos una pareja, sino simplemente amigas.

Santiago, miércoles 12 de mayo de 1971

De vez en cuando camino, abro los ojos, y me doy cuenta que mi Escuela está llena de gente linda y talentosa. Esta mañana en la plaza cerca del banco al lado del álamo que he hecho mío, Darío y su compañera Irene nos dieron un pequeño concierto. Él con su guitarra y ella con su laúd. Dos melodías que parecían medievales se fueron poco a poco transformando en algo parecido al jazz para terminar en algo muy andino. Darío está en la misma clase conmigo, pero Irene, que es varios años mayor que él, es profesora de música. Viven juntos en un altillo en la Avenida la Paz; muy cerca de aquí. Estoy llena de deudas; me doy cuenta que debo estar agradecida de Labarca por haberme enseñado a escuchar música.

Santiago, jueves 13 de mayo de 1971

Llagostera nos contó que Lorca en una de las cartas que les envió a sus padres desde Nueva York, les decía que en la ciudad había un edificio con más habitantes que en toda Granada. Así es como me siento yo aquí. A veces estamos todos los de primer año juntos en un auditorium y yo siento que hay más estudiantes juntos que los que había en todo mi Liceo de Niñas de Temuco. Una gran muchedumbre moviéndose de un lugar al otro. Suerte la mía que para los seminarios nos dividan en grupos pequeños; gran suerte la mía que mi apellido y el de Aileen estén tan cerca en el abecedario, si no estaría doblemente perdida.

Santiago, viernes 14 de mayo de 1971

Buen quiz en Anatomía; después, durante la disección, Cancino se impresionó con mis preguntas esta tarde. Aileen me guiñó el ojo.

Santiago, domingo 16 de mayo de 1971

Fin de semana con Pía, Regina, Margarita y Soledad. Margarita siempre la más callada y tímida. Regina, casi de la misma edad de Pía, esforzándose por competir con ella. Soledad la más vivaracha. Pía, quizás la más lista, aunque no haga alarde de ello. Para entretenernos, les propuse que dibujáramos orugas y mariposas. De un libro de cuentos de Josefa Canela les conté cómo unas se transformaban en las otras. Después, pensando en Amparo, les propuse que dibujáramos orugas con alas, para que así... —y fue Pía la que completó la frase— ...pudieran volar cuando quisieran! Exacto, les dije, «sin tener que esperar a ser mariposas». Todas aplaudieron.

Santiago, lunes 17 de mayo de 1971

...no es que rehuse a ponerse la bata cuando “no viene al caso”, ni que siempre lleve su guitarra a cuestas, o que le haya crecido el pelo hasta más abajo de la mitad de la espalda, o que su pareja Irene tenga más de diez años que él, o que fume marihuana con todo desparpajo, o que alterne camisetas rosas o anaranjanjadas, pero siempre desteñidas, o que huela a pachulí o a cedrón. Lo que más me intriga / sorprende / fascina de Darío Manantial —estamos en el mismo grupo y a veces, sobre todo en Sociología, se sienta a mi lado (no en Biología donde por el asunto de los microscopios tenemos espacios asignados)— es que, por una parte, nunca lo puedan pillar en falta; siempre tiene una buena respuesta (aunque a veces sea poco convencional y controvertida) cuando en las clases o en los seminarios le preguntan algo. Más importante, por la otra, es que (menos por lo de las respuestas que eso sería otro cantar) con todo eso junto y estoy segura de que ninguna de sus “peculiaridades” (entre tanta gente seria) es una pose, me hace pensar en Amparo y que si ella hubiese llegado a su edad, sin duda sería muy parecida a él.

Yo tenía doce años cuando ese horrible escopetazo despanzurró a Amparo. Tengo una muy viva memoria del ruido, del olor a humo, del olor a pólvora; de los gritos y llantos de mi madre; del estupor y silencio de su marido homicida vomitando en el baño; de Aníbal, cerrándome el paso para que no pudiera verla...

Lo demás es una niebla, una película borrosa y desenfocada. No recuerdo su velatorio ni su funeral. Creo que pasé dos días y dos noches en casa de Tomasa; que Viviana me abrazó llorando cuando volví al colegio; que esa mañana hacía un sol esplendoroso. Era una mañana fresca, llena de luz y hermosa.

¡Poetas embusteros!

No es verdad que la Naturaleza se acomode a nuestro dolor! No es verdad que replique con sus cambios de meteoros celestiales nuestro dolor de pobres humanos. La Naturaleza, ciega y obcecada prosigue su camino sin propósito indiferente a cómo una se sienta.

Recuerdo la gran hoguera que mi madre hizo con sus cosas en el patio; recuerdo la cara rasguñada de su marido. La lápida en ese mausoleo frío y enorme a la que me llevaron a verla dos o tres semanas más tarde y que he visitado tantas otras veces sólo porque he deseado, he necesitado, hablarle.

Ahora tengo dos años más de los que tenía ella; de los que tuvo ella.

Amparo, mi Amparo.

Santiago, martes 18 de mayo de 1971

Hay más y más asambleas convocadas para volver a discutir el asunto del Currículum y aunque creo que entiendo cómo queremos que sea la Medicina Social en Chile, cada vez entiendo menos las diferencias sobre este asunto, o en las estrategias para conseguirlo, entre los diferentes partidos y grupos de la izquierda: socialistas, comunistas, los de la Izquierda Cristiana, los mapucistas, los del FER, y otros que parece que son, por lo menos aquí en la Escuela, no más de media docena de personas, como los de la OMR, o los del NBI o los de la IRI. Todos hablan y hablan y hablan, citan estadísticas y a otros líderes del mundo y yo me pierdo. Creo que Aileen oscila entre los socialistas y los del FER. Yo, cuando hay que votar, levanto la mano según lo que haga ella.

Santiago, jueves 20 de mayo de 1971

Menos mal que gracias a Zenobio Molina, por lo menos sabía quiénes eran Juan de la Cruz y Fray Luis de León. De los otros no tenía idea, pero pude disimular mi soberana ignorancia. Me encanta la voz y el ritmo con los que Rodrigo Reyes lee los poemas. Hoy leyó “Noche serena” del Fray Luis. Me encantó; su voz hizo que las palabras realmente tuvieran sentido. Fin de semana largo; mañana es feriado: el día de Arturo Prat y el primer Mensaje Presidencial de Allende. Alicia, Aileen y yo iremos juntas a una marcha de apoyo frente al Congreso, pero en la Alameda habrá una marcha en contra convocada por los momios.

Santiago, viernes 21 de mayo de 1971

Marchas y contra marchas; enfrentamientos a pedradas en varios lugares del centro de Santiago. Los pacos del Grupo Móvil (que todavía existe) con sus lumas, cascos y escudos estuvieron muy cerca de nosotras. Tuve mi primera experiencia real con gases lacrimógenos; lo había visto antes en Temuco, pero es la primera vez que siento que los pacos estaban tirando las bombas justo donde estábamos nosotras. Alicia nos dirigió hasta la Avenida Amunágui donde corría y caminaba (como nosotras) mucha menos gente. No nos pasó nada a ninguna de las tres; pero con el ruido y el humo, hubo un momento en que tuve miedo.

Santiago, sábado 22 de mayo de 1971

Varios días de cielo nublado, pero sin lluvia. Recuerdo que en Temuco casi siempre llovía para el 21 de mayo. Lo peor era que de todas maneras teníamos que desfilar. Quedádamos empapadas y muertas de frío.

Santiago, domingo 23 de mayo de 1971

Lentamente, muy lentamente, he estado leyendo El obsceno pájaro de la noche. En la tertulia del jueves la comentaron muy brevemente la semana pasada (están —estamos— en otra cosa y yo voy recién en los primeros capítulos, por eso no abrí la boca). Para mí, por la mayor parte la novela trata de un mundo santiaguino que no conozco y que es muy diferente a mi experiencia chilena de provincia temucana; pero ahora que he incursionado en el mundo de Mauro Becerra —Mauro Becerra Santa Cruz Yáñez Risopatrón— entiendo más por dónde va la cosa. Bien podría ser la historia de su familia con cuadros al óleo y todo. Aileen quiere que después lea Conversación en la Catedral para que la comentemos juntas. Me parece una muy buena idea, pero al paso que voy con la de Donoso, tendrá que esperarme un largo rato. Tenemos una prueba este martes y anoche me quedé a dormir en su casa. Después de estudiar, nos acariciamos cariñosamente la espalda y el pecho, nos dimos un beso rico, y sin frío, castamente en la misma cama, dormimos juntas. Esta mañana era su turno de prepararme el desayuno. Esta noche conversé largo con Alicia mientras tomábamos té y comíamos tostadas con mantequilla y mermelada de ciruelas. Tiene tres hermanos que como ella viven en Santiago y dos hermanas; una aquí y la otra casada con su familia en Chépica. Me dijo que había tenido una hermana mayor más, pero que había muerto a los quince años de tuberculosis. Yo le conté sobre Amparo. Antes de acostarnos, eran ya pasadas las doce de la noche, me dijo que iría a Chépica en junio y que le gustaría que yo fuera con ella por el fin de semana y así ver la casa en la que creció y conocer a sus abuelos. ¡Ya tengo un viaje!

Santiago, lunes 24 de mayo de 1971

A pesar que descansé este fin de semana largo y sin clases, hoy me sentí sin ganas de hacer nada. Mientras Bunster hablaba y hablaba mostrando diapositivas en blanco y negro sobre mitocondrias, yo seguía pensando en los personajes de Donoso. Anoche dormí mal: los pacos, sirenas, humo, humo picante, uno, dos, tres escopetazos. El grito de Amparo.

Santiago, martes 25 de mayo de 1971

Por fin ha llovido. La lluvia limpia el aire seco y lleno de smog. Las calles se llenan de agua rojiza. Es raro que aquí llueva mucho menos que en Temuco, pero que las calles se aneguen en seguida, como si las alcantarillas no estuviesen preparadas para lo que aquí parece tanta lluvia.

Santiago, jueves 27 de mayo de 1971

Esta noche casi no hablamos del “Cantar.” Pasamos casi todo el tiempo hablando de “La confesión” de Costa–Gavras. Aileen y yo la vimos anoche y los dos Rodrigos la habían visto (separadamente) el martes: Mirna y Ariel también la habían visto. No estoy segura sobre Ariel, pero Mirna estaba claramente muy molesta, porque le parecía —dijo— que llegaba en un mal momento. Yo estaba choqueada y la conversación fue intensa aunque yo la mayor parte del tiempo me limité a escuchar... Es en ocasiones como éstas en las que siento que me falta experiencia y más conocimiento de la Historia (ésa con mayúscula). Todavía me siento ignorante e ingenua. Me chocó la vehemencia con la que Mirna afirmaba que Costa–Gavras manipulaba los hechos con el uso de la cámara y de la música de una manera que no hubiese sido posible en un documental más objetivo según ella... y cómo el Rodrigo viejo y Ariel la contradecían. Me intrigó mucho que comenzáramos hablando tanto de la música. Yo les conté que recordaba la de “La guerra ha terminado” y de cómo me había impresionado tanto a mí dejándome, como en esta otra, con un sentimiento de tristeza y pesadumbre. Les confesé que me sentí totalmente identificada con la admiración que Nadine siente por el personaje de Montand y Llagostera apuntó que esa admiración ingenua de Nadine por Diego es uno de los asuntos que le interesaba recalcar a Semprún. Antes de irnos, Rodrigo, el Joven, leyó el “Ojos claros” de Gutierre de Cetina, pero hoy el “Cantar” quedó para la próxima.††

🎧 Giovanni Fusco.

🎵 YouTube: L'Aveu.

Santiago, domingo 30 de mayo de 1971

El viernes temprano en la mañana se apareció de nuevo Aníbal; igual de delgado que hace un mes. Otro sobre, para el mismo “compadre” en el mismo lugar. Sólo nos vimos para el desayuno. Fuimos a la fuente de soda de Pilar y Sebastián en la Alameda —¡tortilla de papas!— y aunque no nos cobraron —«...por supuesto que no; no faltaba más»— Sebastián y Aníbal discutieron duro sobre las causas del desabastecimiento, «...lo más difícil de conseguir son los cigarros y lo peor es que si no tenemos cigarros, la gente se va a comer a otra parte» —le dijo Pilar. Yo entiendo a Pilar, trabaja y necesita su negocio; pero lo que ella no entiende es que el desabastecimiento no es pura culpa de Allende. A pesar de las palabras duras y de los reproches mutuos, al despedirse igual se abrazaron. Después, como le pilla cerca, Aníbal se fue a pie hasta la pensión donde vive Elvira. Me dio pena verlo tan poco; lo echo de menos. Hoy me despedí de las niñas; por mis vacaciones de invierno, no volveré a verlas hasta el 27 de junio.

Santiago, miércoles 2 de junio de 1971

Varias veces Aileen ha querido que en las asambleas además del Currículum y de otros asuntos de política universitaria, como Facultad de Medicina que somos, con una mayoría de mujeres (si se cuenta a Enfermería, Nutrición y Tecnología Médica), se discuta sobre la necesidad de legalizar y hacer seguro el acceso al aborto, pero no le han hecho mucho caso.

Decidimos imprimir nuestro propio volante.

Llagostera nos facilitó ejemplares de la revista “Mujeres Libres” del tiempo de la Segunda República de donde copiamos unos párrafos y citamos a la líder anarco–feminista Mercedes Comaposada. Santiago Fuentes, el encargado de las publicaciones de la Escuela accedió a imprimirnos 500 copias bajo cuerda las que pudimos distribuir antes de la asamblea que teníamos hoy.

En nuestro manifiesto o proclama abogamos por el derecho de las mujeres a poder acceder a un aborto seguro si lo desean y a gozar de una sexualidad libre sin que ésta esté necesariamente ligada al matrimonio o a la maternidad.

Ninguno de los partidos de izquierda nos apoyó oficialmente y en la votación se abstuvieron, (los de derecha estuvieron furiosamente en contra), pero logramos una buena cantidad de aplausos y unos pocos muy escasos votos a favor. Para bien o para mal, nuestra moción quedó registrada en el acta.

Nunca creí cuando entré a esta Escuela que, gracias a Aileen, me convirtiría en una “activista anarquista independiente”.

Santiago, jueves 3 de junio de 1971

Hay días en que nuestra tertulia está con un ánimo pesimista y con ganas de humor negro. Como si siguiéramos la misma hebra de la semana pasada, Llagostera nos contó cómo cuando secuestraron a Juan de la Cruz y lo encerraron en una celda de los Carmelitas Calzados —él era de facción de los descalzos, nos dijo riéndose— le vendaron los ojos para que no supiera dónde estaba y para obligarlo a retractarse de sus ideas de pobreza casi lo mataron de hambre y de sed, negándole suficiente comida y agua. «Eso significa que los carceleros de nuestros tiempos no han inventado nada nuevo», añadió Aileen, antes de que volviéramos al Cantar en la versión de Fray Luis. ¿Ese también estuvo preso? —pregunté creyendo que hacía un chiste. Lo peor de todo es que la respuesta de Llagostera fue que sí.

Lectura paralela:
Rumia: A la salida de la cárcel.

Santiago, viernes 4 de junio de 1971

Se acerca la semana de exámenes finales; ambiente tenso en la Escuela.

Santiago, sábado 5 de junio de 1971

Lluvia torrencial, viento de temporal, árboles caídos. Ya viene el invierno a Santiago. Segunda vez que Alicia y yo hacemos sopaipillas; esta vez pasadas con chuchoca. Le llevé media docena a Aileen. Estudiamos toda la tarde y después de la cena, le conté un cuento que cuando niña me contó Amparo. Ahora Aileen duerme y yo, sin poder dormirme, pienso y pienso.

Santiago, martes 8 de junio de 1971

Un horror terrible. Alicia estaba llorando cuando llegué esta tarde a casa: «Que te quede claro que no lloro por el hijo de puta, pero esto no resucita a los muertos; ni a mi Jorge ni a los de Pampa Irigoin. No sirve para nada» —me dijo.

Santiago, miércoles 9 de junio de 1971

En medio de toda la conmoción y rumores de estado de sitio o de toque de queda, en algo mucho más pedestre, creo que hoy me fue bien en la prueba final de Biología. Anatomía sigue por otro semestre; las notas finales de éste las entregan el viernes. Pasé apenas, pero pasé, Matemáticas y creo que un poco mejor en Estadística. Estoy terminando el trabajo final para Sociología... salario, precio y ganancia. El electivo de Antropología menos mal que es fácil. Se me está terminando mi primer semestre.

Santiago, jueves 10 de junio de 1971

Como antes La Calipso en Temuco, el Bierstube ha llegado a ser mi lugar favorito en Santiago. Aun hoy que pasamos la mitad del tiempo hablando de Pérez Zujovic, de matanzas, de injusticias; de Víctor Jara, de odios, de denuncias y de protestas.

Llagostera afirmó que, no importa quiénes resulten ser los hechores, este asesinato va a transformarse en un punto de inflexión: un antes y un después de Pérez Zujovic... parecido, aunque no igual, «No hemos llegado a ese punto» —dijo— «a lo de Calvo Sotelo» en España.

Se me ocurrió pensar en las reuniones que he visto en la casa de Mauro Becerra... Seguro que tramarán algo. Curioso que cuando pienso en esa casa, siempre me vienen tres “espacios” a la cabeza: el de Becerra, el de Teresa y el de las niñas. Viven juntos, pero en mundos separados.

Para salirnos de tantos pensamientos oscuros y ominosos, Aileen propuso que al final volviéramos al Cantar. Ya no teníamos mucho tiempo, pero al menos leímos calmadamente, Aileen para todos nosotros en voz alta, una estrofa:

¡Qué bella eres, amor mío,

que bella eres!

Palomas son tus ojos

a través de tu velo;

tu melena, rebaño de cabras

que desciende del monte de Galaad.

Tus dientes, rebaño esquilado

de ovejas que salen del baño:

todas con crías mellizas

entre ellas no hay una estéril.

Tus labios, cinta escarlata,

y tu hablar todo un encanto.

Tus mejillas, dos cortes de granada,

se adivinan tras el velo.

. . .

Tus pechos son dos crías

mellizas de gacela

paciendo entre azucenas.

Santiago, viernes 11 de junio de 1971

Mis notas subieron y al final aprobé todos mis cursos este semestre. Mi promedio —sobre todo comparado con el de Aileen— es horroroso (14.8), pero mucho mejor de lo que parecía al principio. Salgo de vacaciones. Teresa me regaló 200 escudos: «una propina por los buenos servicios» —me dijo. Más que suficiente para los boletos en el tren y en el bus. Tengo un plan a la pinta. Alicia y yo saldremos mañana temprano para Chépica donde pasaremos el fin de semana en la casa de sus abuelos. De ahí, el lunes yo tomaré el tren en San Fernando todo el camino hasta Valdivia donde me encontraré con Viviana antes de que vayamos juntas hasta Puerto Varas donde sus primos tienen una hacienda. Casi una semana descansando junto al volcán y el lago. A la vuelta estaré sólo dos días y una noche en Temuco. Quiero pasar un rato con mi mamá, cenar algo rico juntas, me animaré a preparar yo la comida; saludar por obligación (tengo que agradecerle que sea generosa conmigo) a Tomasa. Iré al cementerio para llevarle a Amparo un ramo de yuyos silvestres. Quiero pasar a saludar a Zenobio Molina y contarle lo mucho que lo recuerdo. Los otros, me vean ellos a mí o no me vean; los vea yo a ellos o nos los vea, no me importan para nada.


Aunque las fechas son ficticias y arbitrarias, la polémica y la breve huelga por el asunto del Currículum se corresponde grosso modo a acontecimientos ocurridos realmente durante el primer semestre de 1971 en la Sede Norte de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

Las tres películas mencionadas por Monche (“El conformista”, “El jardín de los Finci–Contini” y “La confesión”) son de 1970 por lo que es verosímil que ella las haya visto (con seguridad pudo ver “La confesión”) aunque en la vida real en Chile se hayan estrenado más tarde de lo que ella afirma en su diario.

La Historia (ésa con mayúscula) invade la ficción. El asesinato de Edmundo Pérez Zujovic ocurrió efectivamente el 8 de junio de 1971. Hay cosas que no puedo cambiar.

RESF

Rizo: Lobito bueno.

Última modificación: 29 de noviembre de 2025.



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