Página del cuaderno de Umeå
Concierto del Inti el día de mi cumpleaños.
26 años, 26 entradas.
Después de una tercera cerveza, Ramiro desliza hacia mi lado Tapas Verdes; grandes letras amarillas.
Libro de Manuel
No termino de saber si lloro de tanto reírme o si acabo por reírme después de tanto llorar.
No entiendo quién es el que te dije y aunque sé que no seré nunca como Susana no me imagino a nadie como Manuel no podría ser Ludmila tampoco. Por suerte Ramiro no se parece a Andrés ni tampoco a Marcos. Por lo demás en una casa a la que todos iban llegando uno por uno (a beber vino navegado y a comer sardinas a la plancha, no a conspirar) ya he estado más de una vez.
Umeå no es París o, al revés, París no es Umeå.
Quizás allí no habría habido este concierto del Inti.
Hoy en el día de mi cumpleaños.
Veintiséis años; vendí veintiséis entradas; veintiséis suecos generosos que he conocido en estos mis primeros ocho meses en Umeå.
¿Qué hago, qué podré hacer en Suecia además de vender entradas, además de caminar por las calles en la noche hasta la hora que me dé la gana?
Podré cerrar los ojos en las noches sin oír esos ruidos de camiones, sin oír esas balaceras.
Qué mierda haré en Suecia... además de dormir noche por media con Ramiro?
Ramiro.
Aníbal.
Aníbal hubiera odiado ese libro.
Ramiro, creo que tú lo sabes de sobra.
¿Qué hay?
¿Qué hubo detrás de tu regalo?
¿Qué hubo en ese ponerlo sobre la mesa, justo después de esa tercera cerveza, aprovechando que Bo y Eve se hubieran ido cada uno por su cuenta al baño?
¿Te has acostado ya con Eve?
Yo hace dos semanas me acosté con Bo.
¿Qué hacemos tú y yo en Suecia?
Yo, pseudo viuda; tú con un hermano preso y con una novia secreta (nunca te atreviste a decírselo) enterrada quién sabe dónde.
Anoche, demasiado borrachos, nos dormimos sin habernos terminado de desnudar siquiera y esta mañana recordé otro de mis cumpleaños, allá en Maturana, en el que también nos dormimos sobre la cama; yo esperando a Aníbal que no llegó nunca esa noche; tú quizás soñando conmigo o más probablemente todavía con Muriel; con sus ojos pardos, con esas miles de gotas de lluvia sobre su pelo castaño.
Cuando desperté esa mañana ya te habías ido.
Hoy estarás aquí de nuevo conmigo.
Aquí en esta surrealística Umeå con esta luz tan etérea que vuelve todo grisáceo como película en blanco negro... menos por esa pareja coqueteando, riéndose, allá abajo que ya hace un buen rato que he estado espiando por la ventana.
Sus anoraks, rojo el de ella, amarillo el de él, resaltan entre esos restos de nieve como flores silvestres que resisten el frío y el viento.
Ese frío y ese viento que no sé por cuánto tiempo podré yo resistir sin gritar, sin aullar, de rabia y de impotencia.
Elvira Codulá
Notas en su cuaderno
Última modificación: 5 de julio de 2025.