El Rey León

Mientras se alimenta de numerosas otras historias, El rey león no disimula para nada su carácter circular ni su romanticismo sentimental. La repetición de su título —al comienzo y al final de la película— intenta reafirmar el mismo poco convincente mensaje: todos somos parte del gran círculo de la vida; claro, ¡digámosle eso a los antílopes (Rafferty 1994)! Las situaciones de equilibrio de la historia coinciden con la continuación de la dinastía y la presentación del pequeño Simba ocurre precisamente al amanecer: nueva reiteración de los mismo significados con la reunión de todos los animales del reino en un acontecimiento en el que incluso las nubes que cubrían el cielo se apartan justo lo necesario para que los rayos del sol unjan al primogénito que acaba de ser reconocido, también, por Rafiki, el chaman.

Pero, para que haya una historia, la armonía tiene que estar amenazada y romperse el equilibrio. La tensión entra bien pronto en el entramado con la reprimenda que Mufasa dirige a Scar por no haber asistido a la ceremonia. La oposición entre los dos hermanos se define inmediatamente en favor de Mufasa con los ojos verdes —¿diabólicos?— de Scar, su descortesía, su menor desarrollada musculatura y su histrionismo con un afeminado acento británico, para no mencionar más que de paso, por otro lado, la tonalidad más oscura de su piel y el color de su melena.

El tiempo pasa —hay un cambio de estaciones y Simba se convierte en un cachorro— y, mientras gozan aún del equilibrio y normalidad de la pradera, ocurre la primera secuencia cardinal que desarrolla a la historia: Simba no debe aventurarse fuera de los límites de la pradera. Sin embargo, como el sentido de toda prohibición es ser transgredida, la secuencia siguiente es la tentación (engaño*) en la que Scar haciendo uso del mecanismo de la preterición incita a su sobrino a visitar el país del cementerio de los elefantes, desencadenando la transgresión: una aventura en el país de las hienas, que termina con el rescate. La transgresión de Simba es una secuencia con una pluralidad de funciones en el entramado: demanda el rescate, es el sustrato de la acción heroica de socorrer a Nala —el aspecto integrativo de la secuencia nos enseña que Simba es ya un pequeño y valiente héroe— y actúa como una secuencia operacional de la trampa que más adelante Scar tiende a Mufasa; hace que su engaño sea creíble.

Por otro lado, el rescate anticipa, también, la muerte de Mufasa.

A menudo en una historia encontramos —explícita o implícitamente— la repetición de una secuencia con una pequeña diferencia suficiente para distinguirla semánticamente de la anterior. De esta manera, si en esta ocasión Mufasa es capaz de rescatar sin contratiempos a Simba, entonces habrá otra en que uno o más de los elementos del sintagma será reemplazado por otros elementos del paradigma: o bien Mufasa no será capaz de rescatar a Simba o tendrá que pagar un precio por ello. La anticipación es aún más marcada porque es precisamente el asunto de la secuencia siguiente, lecciones, en la que Mufasa transmite a Simba la cosmología de la pradera; la misma que más tarde impulsara definitivamente su regreso confirmándola. Por si fuera poco, al cierre de la secuencia aparece Scar observando la escena desde lo lejos mientras prepara la fechoría.

En El Rey León, más cercano a un verosímil contemporáneo que al del cuento maravilloso clásico, la fechoría tiene una estructura bastante compleja Abarca, primero, la alianza entre Scar y las hienas, y, luego, las de la trampa, engaño, crimen y usurpación con los que Scar elimina a Mufasa y, haciéndole creer a Simba que es él el culpable de la muerte de su padre, lo incita a huir del reino con lo cual le queda despejado el camino para ocupar el trono. Con la huida de Simba —una versión fuerte de la partida— se completa la primera parte de la historia, la ruptura del equilibrio con la entronación del malvado, y el comienzo del reino del terror en la pradera, toda vez que por un tiempo bastante largo y sin haber asumido su condición de héroe natural, Simba estará cumpliendo la secuencia del hakuna matata.

Pero no por demasiado tiempo, la tierra devastada —la siguiente secuencia de la historia demanda el regreso del héroe.No sin varias mediaciones, sin embargo. Mientras la función de tierra devastada es insistir sobre la necesidad —ética, social y moral— del regreso, nostalgias anuncia la futura respuesta positiva de Simba aunque, de momento, se comporte como el héroe reacio a pasar a la acción. Por eso es necesaria la partida de Nala, aunque sea una bastante reducida: al encontrar en Simba los medios que solucionarán la carencia que sufre su pradera, se priva de todo protagonismo. Es la historia de Simba, no de la suya. El encuentro es casual, y el amor no basta para convencer a Simba de asumir su posición en el mundo de la pradera.

Entra entonces, Rafiki.

Aunque hay un paralelismo —y conjunción— entre le viaje de Nala y el de Rafiki, al mismo tiempo, son bastante diferentes: mientras Nala encuentra por casualidad a Simba, Rafiki ha acudido en su búsqueda; son su su influencia y magisterio los que avanzan la historia hacia el despertar del héroe. Ahí, la historia llega a su punto crucial: las secuencias siguientes son las del regreso, el combate y la restauración del orden que culmina con una nueva presentación del heredero.

En resumen, las secuencias principales son:

Con todo, en esta muy rápida y reducida segmentación de la historia lo más interesante parecen ser las secuencias ausentes, por una parte, y, por el contrario, las presentes con numerosos niveles de modulación. Primero un rizo: En una de las escenas más notables de Crocodile Dundee, el protagonista elimina a uno de sus adversarios sin ningún asco haciendo uso de su pistola, es decir, con un medio que —en ese contexto— le otorga una ventaja desproporcionadamente mayor. Esta parodia del filme de aventuras desenmascara así uno de sus procedimientos característicos, más pronunciado aún tratándose de Disney. Son historias que deben resolver la contradicción de hacer participar al héroe en una acto de violencia sin hacer de él un ser violento. Este héroe debe mostrarse reacio a eliminar a su adversario, y lo hará sólo cuando no tenga otra salida y el malvado haya desaprovechado todas las oportunidades de aceptar la clemencia y el perdón ofrecidos mientras insiste en proseguir utilizando todo un arsenal de trucos sucios. El rey león añade un nivel más de separación entre la violencia necesaria para expulsar el mal de la historia y las acciones de Simba. Así, no sólo éste está más que dispuesto a perdonar a Scar luego de haberlo vencido, sino que finalmente no le cabe responsabilidad en su muerte, porque son las hienas quienes se encargan de tal secuencia convenientemente protegiendo la inocencia de Simba... y la de sus consumidores.

Si la secuencia del combate queda sobredeterminada añadiendo múltiples subsecuencias que distancian a Simba de la práctica de la violencia, el mecanismo de la ausencia sintomatiza otra de las contradicciones que caracterizan a la historia. Durante el transcurso de las lecciones, Mufasa explica a Simba la ley natural que permite que los leones devoren antílopes como fuente de alimento: se trata del círculo de la vida al que los leones contribuirán después de su propia muerte... De acuerdo, la historia es de los leones. Sólo que el filme nunca parece estar completamente convencido con esa explicación y no sólo Simba se alimenta de insectos mientras vive en el país idílico del Hakuna Mutata sino que —más importante—nunca vemos ni a Mufasa ni a Simba devorando un antílope o una zebra. Muy por el contrario, son las hienas y Scar quienes se alimentan de otros mamíferos y siempre en circunstancias que implícita o explícitamente censuran tal comportamiento.

Dicho de otra manera, la característica de carnívoros actuando como tales contribuye a su condición de villanos y agresores. Se trata de un mecanismo narratológico a través de cual el filme intenta forcejear con la contradicción ideológica que lo anima. Pareciera que El rey león intenta resolver una situación política (se trata de una monarquía autocrática después de todo) irresoluble: el poder sustentado en la violencia —nadie puede meterse con Mufasa impunemente— con el añadido de una convivencia feliz y democrática. El filme trata de los derechos que una dinastía —los leones— ha adquirido para gobernar sobre sus súbditos más débiles, pero, al mismo tiempo, carece de la convicción ¿de clase? para asumir tal poder sin avergonzarse de ello.

Al difuminar las consecuencias del poder político de la casta gobernante, el filme reedita el mito de la plantación feliz donde todos, hacendados, inquilinos y esclavos, viven en armonía y dispuestos a asumir los sacrificios necesarios —no importa que éstos sean repartidos desproporcionadamente— y, llegado el caso, luchar contra los marginados del reino... El filme intenta convencernos que Scar y las hienas son un escándalo inusitado: lo anormal en la pradera. De vuelta las cosas a la normalidad, sólo queda preguntarse si —desaparecidos sus enemigos— Simba continuará alimentándose de gusanos...