Ficciones

el buscador

El hombre bajó hasta el valle, maravillado por todo lo que veía a su alrededor. Allí todo era húmedo y fresco; la hierba, una alfombra suave, fragante y deliciosa. Ubérrima. Caminó deleitando sus sentidos abiertos a sensaciones recién descubiertas; inagotables como la espuma del océano, como el musgo entre las rocas, como el aroma intenso de las flores azul turquesa que intentó alcanzar con sus manos inexpertas, rompiendo sus cálices entre las espinas, besando dos gotas de sangre entre sus dedos tiernos, antes de volver a la playa donde se durmió feliz, confiado en las fuerzas de la marea que arrastrarían su cuerpo hasta llevárselo lejos, mar adentro, donde crecían las anémonas, los corales y los cangrejos.