En un texto narrativo pasan cosas; a veces no muchas, pero, al menos algo pasa.

Aunque, como en algunas entregas de Quino o de Larson, en "Manuscrito hallado en un bolsillo" o en "El Evangelio según Marcos," lo interesante, lo terrible, lo anhelado... sea lo que está a punto de pasar, pero que todavía no ha pasado. Una historia tiene siempre un antes y un después; es una estructura temporal donde siempre cabe al menos la posibilidad de una transformación. En la telenovela o en el folletín esta transformación no es demasiado complicada:

Martín es soltero y pobre en t1
Algo le ocurre a Martín / Algo hace Martín en t2
Martín es casado y rico en t3

La simplicidad del esquema se la debemos a Danto (1968); pero varias otras definiciones de historia (Prince 1982, Coste 1989) enfatizan también la necesidad de una transformación: de un proceso que, de una manera u otra, interrumpe, restaura, transforma, altera, o mantiene, una situación de (des)equilibrio inicial. Una historia, escribió Todorov hace casi cuarenta años (1967a), es el paso de una situación de equilibrio a otra a través de una etapa de desequilibrio y tensión.

Quizás, pero también es posible que todo el interés de un cuento esté en que su historia culmine cuando apenas se haya comenzado a insinuar, como ocurre en este magnífico relato de Leandro Urbina:

Mientras el sargento interrogaba a su madre y a su hermana, el capitán se llevó al niño de una mano, a la otra pieza.
—¿Dónde está tu padre?— preguntó.
—Está en el cielo— susurró él.
—¿Cómo? ¿Ha muerto?— preguntó asombrado el capitán.
—No— dijo el niño. —Todas las noches baja del cielo a comer con nosotros.
El capitán alzó la vista y descubrió la puertecilla que daba al entretecho.





   back to home.