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La atención hacia los procedimientos no trabaja necesariamente en menoscabo de la historia. En Imagen Latente de Perelman, la historia traza unos cuantos días en la vida de Pedro deteniéndose morosamente en secuencias que van de lo más ordinario —ayudar a su hijo a hacer pipí en el baño— hasta acudir a un encuentro clandestino en un ascensor con uno de los antiguos compañeros de su hermano. La segunda secuencia la emparienta con el thriller de Costa-Gravas, la primera con su antítesis: la película en la que no pasa nada. Aunque Pedro acepta participar como ayudista en una acción clandestina, su historia no se desarrolla tanto por ahí, como en su continua búsqueda azarosa y errática, por librarse de la culpa luego de la muerte y desaparición de su hermano. No es eso lo que aleja del thriller, sin embargo. Sin apenas una conclusión, Imagen Latente se mueve en el espacio intermedio entre el comienzo y el cierre de una macrosecuencia: comienza después del comienzo de la "historia" y termina bastante antes de la conclusión de ella. Así, sólo transcurre durante la dictadura.

La historia comienza bien pronto en Imagen Latente, apenas iniciados los créditos sobre fotos y documentales. "Hay que cuidar los recuerdos..." dice Pedro mientras una voz fuera de la pantalla —después aprendemos que es la de su compañera que recién viene llegando de una protesta— le dice que va "a revelar al tiro las fotos" y comienza a hacerlo. La simultaneidad y contigüidad de las dos secuencias —una en el cuarto oscuro, la otra en el de proyección— crea una situación narrativa que apunta a uno de los escasos nudos que articula a la historia: la tensión entre los recuerdos, y un quehacer. "Mientras exista la dictadura es imposible hacer política" dice Pedro a mediados del filme luego de preguntarle sarcásticamente a su compañera: "...en el Mir, en el P.C., en la Convergencia, en el Bloque... ¿dónde querís que haga política?" Pero ella le responde sucintamente: "Si hicieras política, sabrías."

Mientras Pedro observa una vez más un viejo noticiero rumiando petulantes y somníferos pensamientos acerca del presente y del pasado, su compañera revela fotografías de la actualidad. La secuencia trivial de ayudar a su hijo a hacer pipí la mañana siguiente se continua con la del descubrimiento de las fotos de los recuerdos y las del presente flotando juntas en la tina del baño trayendo de vuelta la misma oposición. Imagen Latente está saturada de las imágenes, los papeles, las voces, las fotografías, los diálogos, que documentan el pasado y el presente, como también de las imágenes de los artefactos que construyen tales imágenes: proyectores, ampliadoras y cámaras. La banda sonora de una escena invade a otra, el murmullo de una es la conversación de la otra. Apenas sí existe una escena que no esté rodeada de otros sonidos, de otras imágenes, que crean espacios plurivalentes, con voces y miradas provenientes de variadas orillas: mientras Pedro observa la casa de la calle Securi 267, es a su vez observado desde el interior; mientras desayunan, Pedro y su compañera escuchan las noticias de la radio. La visibilidad de los procedimientos en Imagen Latente funciona como una caja de resonancia en la que el sonido y su eco, reforzándose mutuamente, subrayan los mismos sentidos. No por ello la comunicación y el entendimiento, son necesariamente más fáciles. Sin dinero para pagar las cuentas, les han cortado el teléfono. La historia termina con las mismas palabras del comienzo.

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