Con el encuentro entre Costner y Sutherland en el Mall de Washington es imposible el cuento del azar de un francotirador solitario y la historia se articula —como otro cuento— coherente y legiblemente. A diferencia de la historia oficial del asesinato de Kennedy —sospechosa, incompleta, contradictoria— JFK urde una trama coherente que nos consuela porque lo explica.
JFK. La escena comienza en un día de llovizna con Kevin Costner (Garrison) bajando la escalinata del monumento a Lincoln. Donald Sutherland (X) aparece de espaldas; se saludan, se identifican, bajan las escalinatas y caminan por el Mall de Washington hacia el Capitolio. Poco después se sientan en un banco a unas pocas cuadras del Departamento de Estado. La escena dura poco más de quince minutos y, por la mayor parte, es Sutherland el que habla, Costner-Garrison toma notas.

Por sobre la conversación se imponen flashbacks en blanco y negro. Algunos parecen noticiarios "reales;" pero en otros fragmentos Sutherland está en uniforme. Cuando se trata de Sutherland y Costner la cámara trabaja preferentemente con primeros planos (close ups). También hay panorámicos (long shots) en los que podemos verlos, pero no siempre oír lo que hablan. Sutherland informa a Costner de los extraños acontecimientos que pasaron en los días cercanos al asesinato de Kennedy: los increíbles lapsus en la protección al presidente, la rapidez con la que se divulgaron los antecedentes de Oswald hasta lugares tan lejanos como Australia pocas horas después del atentado; le habla de su asombro y de su enojo; de su investigación y de su conclusión: habría sido un coup d'etat.

Así, de golpe, en el centro del Mall de Washington, aprendíamos que USA no sólo los instigaba de vez en cuando, sino que también tenía uno.

La escena cierra un acto en JFK: Ahora Garrison tiene antecedentes y motivación para actuar. La serie disparatada de dudas, confusiones, especulaciones, gana un sentido. Con esta escena es imposible el cuento del azar de un francotirador solitario y la historia se articula —como otro cuento— coherente y legiblemente. A diferencia de la historia oficial del asesinato de Kennedy —sospechosa, incompleta, contradictoria— JFK urde una trama coherente que nos consuela porque lo explica, paseándose, así, una y otra vez, de uno a otro género: el documental y el thriller.

Lo mismo hace —con un anuncio explícito en el libro, si bien ya fuera del texto narrativo— Don DeLillo en Libra. Stone es más cauto en su candor: JFK erosiona magistralmente las fronteras entre noticiario y película, y no nos informa para nada que la entrevista entre Costner y X es ficticia. Jamás Garrison se encontró con un Sutherland en Washington.

Pero nada de eso importa; en JFK el encuentro entre Costner y Sutherland es absolutamente necesaria para la coherencia del relato.

Coherencia

Todo lo necesario está allí. Los relatos de Stone son nítidamente clásicos: la pérdida de la inocencia entre fuerzas del mal y del bien en Pelotón, el desengaño y la transformación en Nacido el 4 de julio.

En JFK, Sutherland es un donante generoso que intenta auxiliar a un héroe solitario.

Desde el punto de vista del relato mismo, no importa que Garrison no haya tenido éxito en su proyecto, el relato sí lo tuvo. Una conversación del protagonista en el Mall de Washington era todo lo que la historia necesitaba para convertirse en un cuerpo de conocimiento inteligible y ordenado.



   back to home.