En la situación más simple, la lectura e interpretación de un texto siempre ocurre en relación a otros textos: es siempre una intertextualidad. Leer es establecer un conjunto parcial —nunca acabado— de contrastes y similitudes con las series heterogéneas en las que el texto se inscribe.

Sus significados recién aparecen en esta dinámica inestable y necesariamente inconclusa por la cual toda interpretación es siempre una interpretación provisoria.

Atironeado entre el deseo de un orden sistémico y la fluidez de una red de relaciones en constante movimiento y transformación, el entendimiento será siempre un acercamiento necesariamente heterogéneo, o más bien, polisistémico.



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