El autor implícito es el agente responsable de la intención que anima a un texto narrativo —un filme, una novela, una balada, una entrega noticiosa, una historia en la sesión de terapia— en su totalidad y su presencia silenciosa se expresa en la disposición de los materiales que componen el texto incluidos aquellos que estructuran al (los) narrador(es).
El autor implícito es el agente responsable de la intención que anima a un texto narrativo—un filme, una novela, una balada, una entrega noticiosa— en su totalidad y su presencia silenciosa —a diferencia del narrador, el autor no habla; remarca Chatman— se expresa en la disposición de los materiales que componen el texto incluidos aquellos que estructuran al (los) narrador(es). El autor implícito no es, claro, el autor de carne y hueso, sino su proyección. El autor implícito es único y está en el texto. El autor de carne y hueso puede ser plural y está / estuvo en el mismo mundo del lector.

En un texto narrativo, la narración —y el narrador— puede estar más o menos presente o casi desaparecer del todo en novelas como El beso de la mujer araña de Puig o Konfidenz de Dorfman; o, por el contrario, estar abrumadoramente presentes como en Casa de campo de Donoso.

En todas ellas, sin embargo —están las notas a pie de página en el texto de Puig, los paréntesis en cursiva en la novela de Dorfman, los dos distintos narradores en El catrín de la fachenda de Lizardi, el Tablero de Instrucciones de Rayuela— se puede rastrear al autor implícito.

En el campo de la semiótica francesa, la noción y el estatus del autor implícito no está resuelta. Genette y Bal niegan su existencia y/o pertinencia y/o utilidad, mientras Chatman (1990) y varios más, las defienden vigorosamente.

Sospecho que las razones de Genette y de Bal son variadas y, algunas, más valederas que otras. Sin embargo, la noción de autor implícito me parece una herramienta análitica imprescindible y la considero constantemente en mi trabajo.

Para mí el autor implícito es el agente responsable de la diagramación y, por lo tanto, responsable de una buena parte de la estucturación del texto.

Sin autor implícito —diferente del autor de carne y hueso del que es su proyección, pero no su réplica— simplemente no hay texto.



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