¿Cómo y por qué llegué hasta allí? Por los mismos motivos que he llegado a tantas partes. Es una historia larga y, lo que es peor, confusa. La culpa es mía: nunca he podido pensar como pudiera hacerlo un metro, línea tras línea ... y mi memoria no es mucho mejor: salta de un hecho a otro y toma a veces los que aparecen primero, volviendo sobre sus pasos sólo cuando los otros más perezosos o más densos, empiezan a surgir a su vez desde el fondo de la vida pasada.

Y conté, primero atropelladamente, con más calma después, toda mi aventura.

La apertura de Hijo de ladrón noveliza el problema narratológico enfrentado por cualquier narración: la organización de los diferentes procedimientos textuales que permiten que la historia tenga un sentido.
  • ¿cómo se organizan las acciones?
  • ¿cómo son los personajes?
  • ¿qué hacen?
  • ¿de qué manera le habla la historia al lector?
  • En fin, ¿cuáles son los procedimientos que hacen que un texto sea tal texto?
Estos procedimientos, como son descritos por una narratología, son de variado tipo y función: estructuración de las acciones, caracterización de los personajes, de sus sistemas de valores, de sus éxitos y fracasos; el establecimiento de diferentes tipos de relaciones entre las historias y sus narradores, sus seguridades y sus dudas, omnisciencia y fragmentación; las relaciones intertextuales con diversas otras historias, con varios otros tipos de relaciones. En su conjunto, estos procedimientos participan en el entramado [emplotment, mise en intrigue] (Ricoeur 1983):
...el proceso estructurador de una trama que urde lógica y acompasadamente una historia que le da sentido a los acontecimientos.

Es la misma tensión entre azar y necesidad narratológica que ordena la historia en "Manuscrito hallado en un bolsillo" de Cortázar: el desarrollo de una historia depende bastante de un sistema de elecciones y de posibilidades obliteradas. Los textos narrativos son siempre ordenados: a la más disparatada historia le exigimos cumplir con su propia falta de incoherencia.

El entramado es un trabajo por lograr la coherencia de una historia, escapar del azar y construir un orden coherente.

Tal fue el proyecto de Stone in JFK.

El triunfo de la concordancia

Hijo de ladrón de Rojas se abre con la impotencia de Aniceto en narrar su historia larga y confusa, enmarañada por su mala memoria que saltaba de un hecho a otro y tomaba los que aparecían primero, volviendo hacia trás cuando otros — o bien más márcados o simplemente menos importantes— aparecían desde el fondo de su vida pasada.

176 páginas más tarde, Aniceto nos cuenta que logró, por fin, contar, de primeras a tropezones y más calmado después, toda su aventura. En esas 176 páginas Aniceto nos cuenta de sus viajes, encarcelamientos, desayunos, interrogatorios, enfermedades, almuerzos, conversaciones.

Al final de la novela, parte con el Filósofo, liberado de sus angustias, confusiones y filiaciones culpables. Ambos, la historia de Aniceto y su relato encuentran un orden: los dos son legibles; los podemos entender.

Lo verdaderamente genial de la novela de Rojas es que hace coincidir su propia legibilidad —su particular triunfo de la concordancia sobre la discordancia— con el mismo proceso homólogo y la creciente capacidad comunicativa del protagonista.

En Hijo de ladrón el héroe llega a serlo, cuando —como la novela misma— es capaz de narrarse.



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