Si de lo que se trata es de aproximarse a los textos, cualquier definición de un género determinado va a ser necesariamente imprecisa y variable, sobre todo luego de que no se trata para nada de una clasificación. Los géneros son más bien hipótesis de trabajo empeñadas en abrir y cerrar llaves de paso entre diversas conexiones. Fluck (1996) escribe que tendría más sentido considerar al género como un "conjunto discursivo de componentes posibles los cuales pueden ser dispuestos en diferentes y siempre nuevas combinaciones dependiendo de las funciones cambiantes que el texto aspira cumplir."

Estas conexiones no sólo ocurren en un eje diacrónico dilucidando, por ejemplo, las transformaciones de una secuencia como el matrimonio en una serie que va desde La última niebla de Bombal hasta La brecha de Valdivieso como lo establece Malverde (198?); o la transformación de una serie de secuencias como en el género del "provinciano en Santiago" (o en cualquier otra Metrópoli) desde Martín Rivas de Blest Gana a Un idilio nuevo de Orrego y El crisol de Santiván como lo propuse en Soto (1991).

Pasa también por el estudio de sus transformaciones, uniendo no sólo las relaciones polémicas que un texto establece sincrónicamente con otro —Arauco domado y La Araucana (Rodríguez 1981)—sino también las relaciones al interior de un sistema heterogéneo y heteroglótico: versiones legitimatizadas de un género, por una parte, versiones periféricas, por la otra: Los siete samurais y Los siete invencibles; Megavisión y Rock and Pop; certidumbre e indeterminación: La muerte y la doncella, primero en la versión de Dorfman; en la de Polanski, después.

Si los textos son en verdad una gran red de interrelaciones, bien a menudo será posible encontrar series relevantes y ricas en posibilidades significantes.

Leer y entender los textos es así un gran juego casi infinito de relaciones intertextuales.


   back to home.