La relación entre centros y periferias parecería no sólo estratificada, sino también rígidamente estructurada. Sin embargo, aun cuando existen épocas con una gran tendencia hacia la centralización y uniformidad —con dictaduras e inquisiciones de distinto tipo y alcance— no debe perderse de vista otro de los aspectos fundamentales en el funcionamiento de un polisistema. No tiene sentido hablar de lo canonizado sin referirse a lo no-canonizado (Sheffy 1990): un polisistema no sólo está caracterizado por su dinamismo, sino —y mucho más específicamente— también por su extraordinaria porosidad (Lotman 1977, 1990). Los bordes entre centros y periferias —o, mejor aún, entre núcleos diferencialmente canonizados— son extremadamente imprecisos con una serie de normas discursivas —o de artefactos culturales— constantemente circulando de un lado al otro. El espacio de la frontera es fundamentalmente heteróglito y, al menos, bilingüe.

El dinamismo del polisistema —el movimiento entre centros y periferias— es la condición constante del polisistema en el que los individuos constantemente viran de una esfera a la otra adecuando sus lenguajes y consumiendo simultáneamente productos culturales de distinta procedencia social. El espacio de lo narrativo transcurre mediante una serie conexiones entre lo televisivo, lo periodístico, lo académico, entre la "alta" cultura y la cultura popular, entre lo oficial y lo sospechoso, retroalimentándose mutuamente: versiones oficiales de un proverbio, versiones "vulgares," por la otra; versiones heroicas de un mito paralelas a las jocosas y burlescas, por la otra. Todas en búsqueda de diferentes tipos de reconocimiento: la función del Teatro Municipal encuentra su contrapartida en el teatro callejero.

En cualquier momento en una comunidad circulan simultáneamente textos de diferentes épocas y estilos que modulan tanto la producción, como mucho más la recepción, de los textos del presente añadiendo mayores niveles de complejidad a la estratificación del polisistema: no otra cosa experimentaban los diferentes lectores congregados en la venta de Maritornes. La proyección diacrónica del sistema no se despliega como una serie ordenada de compartimientos estancos —como una serie de capítulos en un manual— sino como un conglomerado heterogéneo de traslapamientos.

Mientras deseo mantener la importancia de los procesos de sustitución y de conflictos entre centros y periferias —central en una teoría de polisistemas— me parece necesario seguir a Sheffy cuando afirma que la percepción de los procesos culturales avanzada por Lotman —conciente de la presencia de estos múltiples repertorios y de los modos y grados en que se anquilosan— permite una mayor atención a la fluidez entre los estratos que conforman el polisistema responsable de la multiplicidad de sus interacciones.

Al igual que las fuerzas que modulan la producción de textos, las vertientes epistemológicas y vocacionales (Mignolo 1994) que dirigen los procesos de su canonización quedan heterogéneamente determinadas por modas, prestigios, proyectos, conflictos, resistencias, gustos, presupuestos. El dinamismo entre centros y periferias activa determinados tipos de recursos discursivos al mismo tiempo en que otros comienzan a mostrar señales de agotamiento epigonal impulsando de esa manera los cambios en el sistema: el paso de un estado a otro.

Sin embargo, estas transformaciones no son homogéneas tampoco. Aunque la canonización a menudo es una mirada hacia la tradición, no por ello es un sinónimo de petrificación o estancamiento: las formas canonizadas continúan su actividad. En la opinion de Sheffy, la teoría de polisistemas —y mucho más, agreguemos, una teoría generacional— ha enfatizado demasiado el aspecto de sustitución de un centro por el otro.

Sin embargo, junto a los virajes por los que unas formas caen en desuso mientras otras ganan una creciente circulación sustituyéndose mutuamente, se encuentran los procesos de acumulación mediante los cuales a través de períodos relativamente largos coexisten diversas formas que, aunque en competencia, se influyen mutuamente mientras ambas permanecen en el horizonte de expectativas de sus consumidores.



   back to home.